Hay que gritar: ¡Viva Santa Ana!
Eso será al comenzar el chupinazo, la cita festiva. Ya es alegría para pasar el festín o el fiestorro.
El alcohol parece ser inseparable en todas las fiestas, pues la presión del entorno festivo les “obliga” a hacerlo, independientemente de si destruiremos nuestra salud poco a poco y sin darnos cuenta. Eso pasará factura tarde o temprano.
¡Ay de mi me olvidé de la tauromaquia! ¡Qué fenómeno más feo!
¿Nos mencionó la abuela de Tudela?
El legado del circo romano cargado de sangre y crueldad no había terminado, pues sustituyeron los humanos por los animales, los toros. El toreo los deleitaban a muchos hace tanto tiempo. Al día de hoy acusa una fuerte disminución de los aficionados a la tauromaquia. Las entradas no pueden compensar el espectáculo tan horrible y delicia para los aficionados. Recurren a las subvenciones, ya que a muchos políticos les traen exquisitos dividendos para culminar sus intereses espurios con los toreros y su comitiva.
La abuela espera el final de la tauromaquia y un profundo cambio en las fiestas que deberían ser de un nuevo sistema más humano y participativo. Hay que continuar con las nuevas inventivas para eliminar la tauromaquia que cada vez no satisface al publico.
La abuela con el pañuelico rojo y con una vela blanca en la mano, símbolo de paz os espera con ilusión y fraternidad entre todos los tudelanos. Con un corazón manso os quiere Santa Ana, ven a divertirnos de manera más sana y agarrados de la mano con solidaridad en el corazón del hombre.
Plumas al cierzo
La abuela y la tauromaquia
Pablo Jesús Sesma Valles (Tenaquín) nos escribe este relato breve