Adiós primavera, prendió la hoguera

Carlos Guillén Sola nos escribe este relato breve

Carlos Guillén Sola
photo_camera Carlos Guillén Sola

Despierto, y el sol me ciega en plena resaca de whisky y vacío existencial. Y en mi cama, sobre colillas con aroma a costo cauchutado, noto tu ausencia, consciente del naufragio de ayer. Mientras camino entre amapolas, el río de lágrimas que estallan sobre la tierra seca, espero nazcan brotes de esperanza. Dosificando el dolor interior entre la desidia y la locura, que precede ésta inmensa rotura. Pues antes de volverme malo, inventaré mustias poesías de versos desgarrados, que me devuelvan las ganas y me ayuden a salir del barro. Ya recuerdo tu saliva revolviendo mi hastiado corazón. Sueño agarrarnos por la cintura, sacudiendo nuestros flujos antes de rozar la piel. Para no perder la paciencia, invoco la insurrección de mi alma imperfecta reciclada, volviendo a correr sobre los campos llenos de flores, deslizándome en tus bragas, reavivando un amor que calme éste dolor inerte, como una droga que me falta por probar. Volar, subiéndome hasta el cielo, lleno de estrellas bailando a la luna llena. Igual a un marciano despistado huyendo del sofocante calor, que el demonio escupe del infierno, impulsado por el viento, mientras los perros ladran a la puesta de sol más larga. Saltando, como dos ranas junto a la charca, quedaremos frente al Ebro, sonriendo al horizonte, viendo pasar las horas; adiós primavera, prendió la hoguera.