Quid pro quo

Alicia Baigorri Montes nos escribe este relato breve

Alicia Baigorri Montes
photo_camera Alicia Baigorri Montes

Hace unos días estuve en una boda, la segunda de este año que, aunque me encanta la parafernalia, el bolsillo se resiente, y me dejó extrañamente sorprendida y después de darle vueltas, solo tengo palabras de felicitación hacia lo que el novio regaló a la novia.

Todo transcurría con normalidad. El novio, junto a la madrina y sus amigos, esperando en el altar a la novia. La novia que se retrasaba. El cura impaciente dando vueltas por el altar, subiendo y bajando las escalinatas. Los niños y niñas en los bancos empezaban a salir al pasillo, los padres a la caza de los pequeños para dejar el pasillo libre para la llegada de la novia. Un nerviosismo que, por momentos, subía de decibelios y solo podía ser mitigado y pausado por la tan esperada llegada.

Y llegó. Al fondo de la iglesia estaba ella, radiante. Junto a ella, su madrina y el cortejo de la novia. Su ramo de flores salteado de muérdago haciendo un guiño a la Navidad.

Música acompañando a la novia en el encuentro del novio. Eligieron “Perfect” de Ed Sheeran. 

Y llegaron los votos. El novio cogió una cajita de las manos de su hermano, se puso frente a ella, la miró, abrió la caja y le entregó su prueba de amor. Ella se emocionó. Sus manos acariciaron un puñado de hongos. Recordó la historia de amor que él le contó mientras paseaban por el Moncayo: los hongos y los árboles vivían enamorados y unían sus filamentos subterráneos para darse mutuo amor. 

Un “Quid pro quo” bajo los abetos de la primera Navidad.