El Bar Aragón, al que Boris se ha referido como el "cogollo" de Tudela, bajó su persiana por última vez el 30 de diciembre de 2024, poniendo fin a casi 150 años de historia en la ciudad. El local abrió originalmente como un ultramarinos en 1876 bajo el nombre de "La Española", pero fue en 1971 cuando Boris Aceña junto a su padre Vicente Aceña, asumieron la gestión del establecimiento. Tras casi 50 años al frente, Aceña ha decidido retirarse a los 69 años.
Si no se encuentra un relevo para el Bar Aragón, la plaza de los Fueros de Tudela podría perder uno de sus puntos más vitales. El dueño destacó la importancia del bar para la ciudad: "El cierre del establecimiento deja una sensación de vacío, pues más que un negocio, era un referente social que daba vida a la plaza y a la comunidad".
Los orígenes del bar
El bar abrió sus puertas en 1876 bajo el nombre de "La Española", sus dueños de aquel momento aposatron por un ultramarinos que servía pan, vino y otros productos básicos en la esquina de la plaza. Según Aceña, "la época de aquellos primeros días era muy diferente: servían chatos de vino acompañados de un trozo de aceituna, un pepinillo y una cebolleta", recuerdos de una era en la que el establecimiento no solo era un bar, sino un centro social.
La reforma de 1971
En 1971, el padre de Boris Aceña, Vicente Aceña, realizó una reforma estructural en el local, que estuvo en obras durante tres años debido a que el edificio iba a ser declarado en ruina, ya que las zapatas de los pilares principales se encontraban muy deterioradas por el efecto de las crecidas del río Queiles que discurre por debajo. "La reforma fue grande, estructural, tuvimos que sujetar las paredes del edificio y renovar todo por dentro", explicó Aceña.
El cambio de nombre en 1931
Fue en 1931 cuando el bar adoptó el nombre de "Bar Aragón", según cuenta Aceña: "El antiguo inquilino le puso el nombre de Bar Aragón y decidimos mantenerlo cuando lo tomamos porque ya era el bar más famoso de la ribera, no queríamos cambiarlo". Aceña también reveló que antes de llamarse Bar Aragón, el local fue conocido como "El Durban", un establecimiento que ya era famoso por sus refrescos de limón hechos con hielo del Moncayo, según una reseña histórica encontrada en los archivos municipales.
Un legado de tradición y gastronomía
El cierre del Bar Aragón se debe a la decisión de Aceña de jubilarse, después de una vida entera dedicada al negocio. "Con 69 años y medio, creo que ya era hora de descansar. Después de 50 años, el cuerpo ya me pedía un alto", comentó Aceña. A pesar de haber intentado encontrar un relevo para el negocio, no ha sido posible, y los propietarios del edificio, la Fundación de Ilefá, tendrán que buscar un nuevo inquilino para el local.
Durante décadas, el Bar Aragón se convirtió en un punto de encuentro no solo para los tudelanos, sino también para quienes visitaban la ciudad. Además de su ambiente acogedor, el bar fue reconocido por su oferta gastronómica innovadora, que incluyó desde pinchos de verdura hasta los batidos naturales que comenzaron a servirse en 1979 y que se mantuvieron hasta su cierre.
Aceña destacó, además, la importancia de los detalles que hacían especial al Bar Aragón: "Recuerdo que creamos un pincho en honor a un guardia municipal muy famoso de Tudela, le llamamos el 'paseillo del Calero'. Era muy conocido porque cuando dirigía el tráfico, al pasar una señora, le hacía un paseillo de torero en lugar de levantar el brazo para darle paso".
El futuro del bar Aragón
A pesar del cierre, Boris Aceña espera que el Bar Aragón, si se reabre, mantenga su esencia. "Yo lo mantendría como Bar Aragón. El lugar tiene una historia, ha sido una institución. Es como el Café Iruña en Pamplona o el Espumoso en Zaragoza, que llevan tantos años abiertos que se convierten en un referente", afirmó Aceña.
El bar no solo era un negocio, sino que representaba una parte importante de la identidad de Tudela. Aceña reflexionó: "El Bar Aragón era el 'cogollo' de Tudela, un salón de estar para la ciudad. La plaza de Tudela necesita un lugar como este".
Una despedida con nostalgia
Con el cierre de este emblemático establecimiento, Tudela pierde un pedazo de su historia. Aceña, aunque satisfecho de poder descansar, reconoció el vacío que deja: "Es un cambio de vida, pero es cierto que es un lugar muy querido. Siento pena por el cierre, pero ya era el momento de dar el paso. Si alguien lo sigue llevando, será lo mejor para la ciudad".