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  • Diario Digital | sábado, 20 de julio de 2019
  • Actualizado 15:25

ECONOMÍA

Qué son los minicréditos

Los minicréditos son un tipo de productos financieros por los que una de las muchas entidades que operan en Internet en España presta una cantidad que no debe sobrepasar los 600 euros.

Qué son los minicréditos
Qué son los minicréditos
Qué son los minicréditos

Los minicréditos son un tipo de productos financieros por los que una de las muchas entidades que operan en Internet en España presta, a una persona física o jurídica, una cantidad que, según la ley española, no debe sobrepasar los 600 euros. Eso distingue a los minicréditos de los microcréditos, que designan las operaciones de préstamo que no superan los 2000 euros. En España este tipo de préstamos no se regulan igual que los de los bancos tradicionales, cuyas operaciones están vigiladas y reglamentados por el Banco de España y por la CNMV (Comisión Nacional de Mercado de Valores). Los minicréditos al igual que los microcréditos se atienen a una ley específica llamada: ley sobre comercialización a distancia de servicios financieros destinados a consumidores.

Esta ley de 2007 protege de manera rigurosa al consumidor, sobre todo en lo que respecta a la información que la entidad prestamista debe proporcionar al usuario. A su vez da el derecho al prestatario a ejercer el desistimiento del crédito. De acuerdo a esta facultad, cualquier usuario tiene derecho a romper el vínculo contractual con el prestamista durante un periodo de 14 días después de haberse hecho efectiva la firma del contrato y, esto es lo más importante, sin tener que dar ningún explicación, ni pagar ningún tipo de recargo, solo devolver el dinero prestado. La ley también garantiza la defensa judicial efectiva del prestatario, además de impulsar y fomentar alternativas extrajudiciales de reclamación y mediación.

Cuáles son los beneficios de estos créditos

Los minicréditos dan una opción a todas aquellas personas que tienen una necesidad urgente de dinero. Una reparación en la casa, una inoportuna visita obligada al taller o una multa de aparcamiento son algunas de las cosas que pueden obligarnos a hacer un desembolso en un momento en el que, a lo peor, no tenemos efectivo suficiente. Puede que sea finales de mes y aún no hayamos cobrado la nómina, la pensión o la prestación de desempleo. En casos como estos ni se plantea acudir a un banco. Muchas entidades establecen en sus préstamos un límite mínimo de dinero que deja fuera estas pequeñas emergencias. Además, los bancos piden muchos documentos para comprobar la solvencia del cliente y los trámites se pueden alargar por semanas o meses.

Sin embargo, si pedimos un préstamo a una compañía de microcréditos, obtendremos el dinero muy rápidamente: la mayoría de las veces en una o dos horas. Sólo tenemos que presentar una copia de nuestro DNI o tarjeta de residencia, un número de cuenta bancaria, que es donde se deposita el dinero, un número de móvil y un correo electrónico. El único documento que se nos solicitará para garantizar nuestra solvencia será la última nómina o una prueba de cobro de una renta, un alquiler, pensión o cualquier tipo de subvención. Un beneficio adicional de estos préstamos es que pueden ser concedidos aunque el solicitante esté en listas de morosos como ASNEF.

A cambio, estos préstamos son más caros que los que conceden los bancos presenciales.
El mayor riesgo de las operaciones, al incrementarse las posibilidades de impago, hace que estas compañías graven con intereses muy altos sus operaciones para prevenir dicha contingencia. Es habitual encontrarse intereses TAE del 1000 %. Asimismo, los recargos por demora son muy grandes: eso significa que si no pagamos en el tiempo estipulado en el contrato, habitualmente 30 días, el crédito se nos puede ir de las manos y convertirse en una verdadera losa para nuestra economía familiar.

Por ello hay que pensar muy bien si necesitamos el dinero y, especialmente, si lo podremos pagar en el plazo convenido. Sin embargo, usado con sensatez el minicrédito es un instrumento de gran utilidad que nos va a dar liquidez en momentos puntuales. Para ello, debemos aprovechar todas las ventajas de Internet. En él encontraremos comparadores y páginas con opiniones de dientes que nos permitan saber las mejores ofertas y cuanto tendremos que pagar, antes de hacer efectivo el contrato. Parafraseando a un anuncio de una conocida marca de detergentes de los años 80: busque, compare y si encuentre algo mejor, cómprelo.