La soledad no deseada en España afecta al 13,5% de la población. Así lo recoge el Barómetro de la soledad no deseada en España 2024 presentado en junio de 2024. Este estudio promovido por la Fundación ONCE y la Fundación AXA en el marco del Observatorio SoledadES tiene como objetivo identificar tendencias tanto en relación con la incidencia de la soledad como con la percepción social de la problemática, además de conocer la percepción sobre las soluciones contra la soledad.
Adrián Tuñón Jiménez, coautor del informe, compartió reveladores datos y reflexiones sobre este fenómeno que afecta a una parte significativa de la población.
La soledad no deseada: Un problema creciente
Tuñón distingue entre dos tipos de soledad: el aislamiento social y la soledad no deseada. El primero se refiere a la falta de contacto con otras personas, mientras que la segunda es un sentimiento subjetivo en el que una persona siente que no tiene la cantidad o calidad de relaciones que espera. Este sentimiento puede ocurrir incluso en personas que están rodeadas de otras en su entorno laboral, familiar o social.
El informe revela que el 13,5% de la población española experimenta soledad crónica, pero esta cifra aumenta al 20% cuando se considera la soledad no deseada, afectando así a una de cada cinco personas. Además, el 29% de las personas que no se sienten solas actualmente han experimentado soledad en el pasado, lo que indica que casi la mitad de la población ha lidiado con este problema en algún momento de sus vidas.
Diferencias por género y edad
El estudio también encontró diferencias significativas por género y edad. Las mujeres tienden a sentirse más solas que los hombres, con un 21% frente al 18%. Por edades, la soledad tiene una forma de "U": es alta entre los jóvenes, disminuye en la edad adulta y vuelve a aumentar en personas mayores de 75 años debido a factores como discapacidades y la pérdida de seres queridos.
El impacto del entorno y la tecnología
Otro hallazgo interesante del informe es la influencia del entorno en la percepción de la soledad. Los jóvenes en entornos rurales se sienten más solos que aquellos en grandes ciudades, mientras que las personas mayores experimentan lo contrario. Esta diferencia sugiere que las políticas y acciones para combatir la soledad deben adaptarse a las características específicas de cada grupo demográfico.
En cuanto a la tecnología, Tuñón señaló que no es tanto el tiempo dedicado a las redes sociales lo que contribuye a la soledad, sino la falta de interacciones presenciales. Los jóvenes que se comunican principalmente de manera virtual tienden a sentirse más solos que aquellos que combinan interacciones virtuales y presenciales.
Medidas para combatir la soledad
Tuñón enfatizó la importancia de abordar la soledad desde diversas políticas y enfoques. Para la juventud, es crucial mejorar el bienestar emocional y fomentar relaciones presenciales en colegios y universidades. Para los adultos y mayores, se deben fortalecer las redes comunitarias y de vecindad, así como mejorar los servicios sociales para aquellos que están aislados por problemas de movilidad.
Finalmente, Tuñón subrayó la necesidad de integrar la perspectiva de la soledad en todas las políticas públicas, desde urbanismo hasta salud y educación, para crear una sociedad más conectada y solidaria.
Este estudi destaca la importancia de reconocer y abordar la soledad no deseada como un problema complejo que afecta a personas de todas las edades y entornos. Con un enfoque integral y políticas adecuadas, es posible reducir este sentimiento y mejorar la calidad de vida de muchas personas en España.