Desde la Asociación de Encajeras de Tarazona piden como regalo a los Reyes Magos que 2006 les vaya tan bien como este año que termina. Y es que 2005 ha reportado grandes satisfacciones a las encajeras turiasonenses. La asociación organiza anualmente un encuentro de encaje de bolillos en Tarazona y en su décima edición, celebrada el pasado mes de septiembre, logró reunir a casi 500 encajeras.
Cualidades para el encaje
El broche de oro a su décimo aniversario lo ha puesto el Premio “Ciudad de Tarazona” al Mérito Turístico, otorgado por el Ayuntamiento turiasonense por la trayectoria de la entidad, por sus diez años de trabajo y la promoción que ésta realiza de la localidad.
Por todo ello la presidenta de la asociación, Asun Taus (una turiasonense de cuarenta y un años) realiza un balance muy positivo de 2005; destaca “la alta participación de las asociadas en todas las actividades que se han organizado” y pide al próximo año “que sigamos con el mismo ambiente de animación y ganas de trabajar”.
La primera vez que se oye hablar de encaje de bolillos suena a antiguo, a pasado, pero se trata de un trabajo manual y artesano que se va recuperando poco a poco y que cada vez cuenta con mayor número de aficionadas. Hablamos en todo momento en femenino porque casi la totalidad de las personas que se dedican a esta minunciosa labor son mujeres, aunque como explica la presidenta de la asociación turiasonense, cada vez hay más hombres interesados. Como ejemplo, Asun comenta que “ahora mismo tenemos en el grupo a un chico joven, de unos dieciocho años, de Ólvega”.
En Tarazona, lo que comenzó hace diez años como una pequeña reunión de ocho amantes del encaje de bolillos, se ha convertido en una próspero colectivo que en la actualidad reúne a unas ciento cuarenta personas no sólo de la localidad, sino también del resto de pueblos de la Comarca, y de Tudela y Soria.
Origen de la asociación
Para dedicarse al encaje de bolillos es necesario tener buena vista y grandes dosis de paciencia, ya que “es un trabajo que requiere muchas horas para concluir una labor. En dos horas no has hecho casi nada”, expone Asun.
Otro de los requisitos imprescindibles es hacerse con unos bolillos, unos pequeños palos de madera de boj con los que se realiza la labor. Las encajeras de Tarazona hacen sus pedidos directamente a una fábrica de Cataluña, aunque cada vez resulta más fácil encontrar bolillos en las distintas ferias que se organizan muchos fines de semana en distintos puntos de la geografía nacional.
Las mujeres de la Asociación de Tarazona suelen acudir a este tipo de reuniones de aficionados a los bolillos que se realizan desde marzo y hasta finales de año.
Las encajeras no descansan y entre viaje y viaje siempre tienen alguna labor que completar. Y en estas fechas, de cara a las Navidades, suelen aprovechar para hacer algún regalo y se dedican a terminar algún tapete o pañuelo para familiares o amigos.
Asun Taus es la Presidenta de la Asociación de encajeras de Tarazona y también su fundadora. La primera vez que se interesó por el encaje fue en su infancia, cuando descubrió en casa de su abuela unos bolillos. Entonces le explicaron en qué consistía y aquello despertó su curiosidad.
Pasaron los años y, tras mucho pensarlo, en 1993 decidió aprender. Estuvo un verano en un pueblo de Lleida recibiendo clases y cuando regresó a Tarazona le llamaron del Ayuntamiento para dar clases a ocho mujeres.
Ese fue el germen de la Asociación de Encajeras de Tarazona, que cuenta ya con cerca de ciento cuarenta socias