Tudela

La iglesia de la Magdalena: puerta histórica y joya patrimonial

Descubre la iglesia de Santa María Magdalena, una joya del románico en Tudela. Su imponente campanario y su historia milenaria dan la bienvenida al casco histórico de la ciudad

La iglesia de la Magdalena
photo_camera La iglesia de la Magdalena era una de las nuevas puertas de Tudela

La reorganización del trazado urbano y de los flujos de circulación que impuso la construcción de la línea de ferrocarril situó a la iglesia de Santa María Magdalena en una de las nuevas puertas de la ciudad. De hecho, su prismático campanario vigila a quienes atraviesan el pequeño túnel que cumple la función de pórtico al casco histórico de la ciudad. El modesto templo que recibe al viajero fue en otro tiempo el santuario de la comunidad mozárabe de la ciudad musulmana en un margen del entramado urbano, de acuerdo con la condición subalterna de su feligresía.

Por aquel tiempo, el templo estaba formado por una única nave con la cabecera recta y con la puerta de entrada abierta en el muro norte. Las nuevas funciones liturgias y devocionales, unidas a los periodos de bonanza económica, impulsaron el conglomerado de capillas que se fueron añadiendo a sus muros desdibujando su perfil inicial. Todavía persiste su recuerdo entre la memoria del vecindario que se entreteje con las fotografías del siglo XX. El estado ruinoso de algunas dependencias y la necesidad de adecuar el entorno urbano motivó la intervención más importante que ha sufrido el conjunto durante el último siglo; las actuaciones recuperaron, en cierta medida, el aspecto y la distribución medieval del edificio. De todas aquellas estancias adosadas a la fábrica románica, únicamente se decidió conservar dos de las cuatro capillas laterales, la de Santa Ana y la de Virgen de la Esclavitud, una a cada lado, lo que le confiere un aspecto cercano a la planta de cruz latina que evocan los templos medievales.

Al despejar al templo de los añadidos posteriores recuperó notoriedad la primitiva puerta de acceso en el muro norte, formada por una sencilla estructura de medio punto, enmarcado por dos arquivoltas. De las jambas donde se apean sendos arcos, únicamente restan tres de los cuatro capiteles, en mal estado de conservación y con un programa fragmentado y fragmentario de difícil conjetura; incluso puede ser fruto de una reubicación de piezas posterior. El viejo umbral estaba presidido por un Crismón trinitario de un exquisito tratamiento plástico, hoy emplazado sobre la última arquivolta; la presencia del monograma cristológico acredita el valor simbólico y la función de la puerta en el imaginario medieval. Un ámbito propicio para los principales ritos de paso del cristianismo, tales como la penitencia, el bautismo o la defunción.

Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1119, Alfonso I decide entregar el gobierno diocesano al recién creado obispo de Tarazona, en lugar de al influyente prelado pamplonés; una decisión de hondo calado para la administración eclesiástica en la ribera del Ebro hasta bien entrado el siglo XVIII. En desagravio a tal decisión, el Batallador decidió donar la iglesia de María Magdalena a don Guillermo, sucesor de san Fermín, como una muestra de agradecimiento a su apoyo en el asedio y conquista de Zaragoza, Tudela y Tarazona. De esta manera el templo dedicado a la apostola apostolorum se convirtió en su pequeño bastión en la ciudad.

La iglesia de la Magdalena detalle
La iglesia de la Magdalena en una parada imprescindible para quienes visitan la ciudad

En 1122, fue consagrado obispo de Pamplona don Sancho Larrosa, bajo cuyo pontificado se consagró la Catedral de Santa María la Real de Pamplona y se fundó el Hospital de Roncesvalles; fue un hombre con gran sensibilidad artística como atestiguan las numerosas empresas patrocinadas. Las relaciones con Tarazona se tensarán hasta tal punto que, entre 1137 y 1140, se intitula «Obispo de Pamplona y Tudela». El conflicto se agravó con la separación de los reinos, pues la corona navarra respaldó las pretensiones pamplonesas y tudelanas a lo largo de los siglos, frente a la aragonesa defensora del control turiasonese. En este contexto de rivalidad política la promoción artística desempeña un papel fundamental a la hora de configurar la imagen institucional de las facciones en liza.

En efecto, la reforma de la iglesia de la Magdalena durante las primeras décadas de dominio cristiano ofrecía al obispo de Pamplona la oportunidad de presentarse como un destacado benefactor y el legítimo sucesor de la comunidad cristiana primitiva. Las transformaciones más notables del templo consistieron en la sustitución de la cubierta de madera por una bóveda de piedra y en la reubicación del acceso principal a los pies del templo con un potente pórtico avanzado.

El nuevo acceso albergaba un extraordinario repertorio de imágenes labrado por uno de los talleres desplazados a la ciudad a traídos por el inicio de las obras en Santa María la Mayor. El programa al dictado de la reforma romana centra la imagen en la figura de Cristo como paradigma de virtud, presidiendo el tímpano una visión mayestática rodeada por el tetramorfos, mientras todo queda flanqueando por la imagen de la Virgen María –en el ángulo derecho- y santa María Magdalena en el lado opuesto. Se trata de una visión de la Segunda Venida, el momento en el que tendrá lugar la resurrección de las almas – figurada en las ménsulas que soportan el tímpano – al acecho de ello irrumpe el Maligno, vigilante desde la segunda arquivolta rodeada por una cohorte de arpías. En clara oposición a las fuerzas del mal, se encuentra la salvación comprometida y encarnada en la Primera Venida, situada en la primera arquivolta con la escena de la Anunciación. A cada lado de esta secuencia, se dispone lo que hasta el momento se ha identificado con una representación metonímica del colegio apostólico y de los profetas. En la parte inferior, el conjunto de capiteles muestra un extraordinario ciclo de las Tentaciones de Cristo, paradigma de virtud frente a los pecados de gula, soberbia y avaricia. Esa idea de perseverancia y rectitud moral del clero se refuerza en el último capitel de ese mismo lado, dónde se sitúa la representación de un clérigo atacado por animales fantásticos, en referencia al pecado de simonía. En el lado opuesto, más deteriorado y alterado, todavía se advierte la figura de Daniel en el foso de los leones.

​Finalmente, coronando el conjunto se encuentra el grupo de canecillos donde comparecen los principales oficios asentados en las calles aledañas: quesero, calderero, costurera, agricultor, maestro, escultor, músico, bailarina, panadero y el pelaire. Su presencia revela el vínculo afectivo que se tramaba entre el vecindario, sus gremios y las parroquias, en muchos casos principales benefactores de los templos. Entre ellos sorprende la presencia de un demonio, para la que se han ofrecido las más variadas interpretaciones...

En fin, estas breves notas dan cuenta de la relevancia que el templo de la Magdalena tiene para la ciudad; como ocurrió en la intervención de los años ochenta, los trabajos de los próximos meses a buen seguro repararán en detalles y clarificarán incógnitas que permitan reconducir los renglones de la historia. Naturalmente, también frenará el deterioro que desde hace varios años alarmaba y desesperaba a toda persona que se acercaba a su umbral.