Tudela

La huella imborrable de Emilio Garrido en la Orden del Volatín

Celes Sebastián asumió recientemente la presidencia de la Orden del Volatín días antes del inesperado fallecimiento de su predecesor, Emilio Garrido

Emilio Garrido y Celes Sebastián durante el relevo presidencial de la Orden del Volatín, el pasado 3 de julio
photo_camera Emilio Garrido y Celes Sebastián durante el relevo presidencial de la Orden del Volatín, el pasado 3 de julio

Un relevo emotivo en la presidencia de la Orden del Volatín

El pasado 3 de julio, la sede de la Orden del Volatín acogió un emotivo relevo en su presidencia. Emilio Garrido Sáez, quien había ejercido como máximo representante de la entidad desde junio del año 2022, cedía el testigo a Celes Sebastián tras anunciar semanas antes su decisión de dar un paso al lado por motivos personales y laborales. Apenas unos días después, el 7 de julio, Tudela se estremecía al conocer la noticia de su repentino fallecimiento en un accidente de tráfico en la localidad aragonesa de Mallén. Tenía 57 años.

Una vida de lucha, entrega y ejemplo

El trágico suceso sacudió a toda la ciudad, que había visto en Emilio a un ejemplo constante de superación y entrega. Trasplantado de riñón en cuatro ocasiones, nunca permitió que la enfermedad mermara su entusiasmo ni su implicación. Fue precisamente esa energía la que volcó en su labor al frente de la Orden, trabajando incansablemente por mantener vivas las tradiciones tudelanas y por reforzar la imagen y proyección de la entidad. Así lo recordó el propio Garrido durante la presentación del nuevo presidente: “He intentado cambiar una imagen de aquellos gordos con capas a gente que hacemos cosas por y para Tudela”, expresó con sencillez y orgullo.

Durante su despedida, Emilio agradeció públicamente el apoyo constante de los medios locales, destacando que la Orden no genera titulares políticos ni polémicas, sino que “hace cosas por y para Tudela”. Reconoció también el trabajo colectivo de toda la junta y reafirmó su intención de seguir colaborando activamente con la entidad, ahora desde un segundo plano.

Emilio Garrido Sáez
Emilio Garrido Sáez

Celes Sebastián: un relevo con raíces y visión coral

El nuevo presidente no es ajeno a la historia de la Orden. Celes Sebastián se integró en ella en 1989, animado por su suegro, que había sido secretario de la misma. “Entré porque él hizo toda la fuerza posible”, relató con afecto. Desde entonces, ha estado especialmente vinculado a la organización de gigantadas, una de las actividades más representativas de la entidad. “Aprendí al lado de Javier Marín cuando las gigantadas se empezaban a preparar en febrero, enviando saludas a los ayuntamientos”, rememoró. Hoy, admite que la tecnología ha facilitado los procesos, pero sigue siendo esencial “manejar bien los tiempos”.

Celes fue el único candidato en el reciente proceso electoral, que culminó con su proclamación tras ser avalado en junta general. Asume el cargo con espíritu colectivo: “No hablemos ni de continuidad ni de ruptura; hablemos de que la Orden tiene que seguir caminando”, declaró. Aseguró que trabajarán para conservar todas las fortalezas conseguidas y reducir las debilidades detectadas. “No pretendemos alcanzar la perfección, porque no existe ni la queremos buscar”, añadió con honestidad.

Un nuevo mandato con límites y objetivos

En cuanto a la duración del mandato, explicó que los estatutos se modificaron recientemente para establecer presidencias de cuatro años, sin renovación automática. Finalizado ese plazo, el presidente deberá volver a postularse, igual que cualquier otro miembro que desee encabezar la entidad.

Más diálogo, más independencia

Uno de los pilares del nuevo mandato será el fortalecimiento de las relaciones institucionales con entidades dentro y fuera de la Ribera, pero sin renunciar a la independencia que caracteriza a la Orden. “Somos una organización apolítica. Nadie sabe —ni debe saber— de qué pie cojea cada uno”, subrayó. Ese respeto institucional, según Celes, debe ser mutuo: “A quien te respeta hay que respetarle, y si tú te respetas, te respetarán”.

La nueva junta tiene previsto mantener todos los actos tradicionales, desde la entrega de pañuelos en residencias hasta la procesión de Santiago o los encierrillos para los más pequeños. Además, ya trabajan en una edición muy especial de la gigantada, con motivo de su 50 aniversario. El acto se dividirá en dos jornadas, como homenaje a la primera edición celebrada en 1975 y a su evolución actual.

Un adiós inesperado y doloroso

El accidente que costó la vida a Emilio Garrido conmocionó a Tudela por su brutal inesperado. Fue el lunes 7 de julio, cuando regresaba de jugar en un club de scalextric en Mallén, una de sus grandes aficiones. Su turismo colisionó frontalmente con un tráiler en la A-68. Los dos ocupantes del camión, uno de ellos un menor, resultaron ilesos.

La pérdida de Emilio deja un vacío profundo en la vida pública tudelana. Era director de la planta de residuos de Aspace en Aoiz, esposo de Gertru Arias —a quien conoció en una clínica de Barcelona durante un tratamiento— y padre de dos hijos, Carlos e Inma. Su vida, marcada por los desafíos médicos desde el nacimiento, fue también una constante lección de vitalidad, ejemplo de quien, pese a todo, decidió siempre apostar por la vida, por el compromiso y por su tierra.

Tudela, la Ribera y la Orden del Volatín seguirán recordándolo como lo que fue: un hombre bueno, comprometido, generoso y apasionado de sus raíces.


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