Borja Jiménez abre la puerta grande en Tudela tras desorejar a su lote
Borja Jiménez fue el gran triunfador de la corrida de toros celebrada este lunes dentro de las Fiestas de Santa Ana de Tudela, al abrir la puerta grande tras cortar tres orejas a un excelente lote de la ganadería de Ojailén. Sebastián Castella sumó un trofeo en su regreso a la plaza de Griseras y Tomás Rufo, que debutaba en el coso tudelano, paseó una oreja después de una actuación de mucho mérito.
La corrida estuvo presidida por Alejandro Toquero Gil, alcalde de Tudela, con Carlos Lasheras como asesor taurino e Itxaso Elarre Loinaz como veterinaria. La alguacililla Andrea Lacarra volvió a abrir el paseíllo en una tarde en la que los dos matadores debutantes desfilaron desmonterados.
La tarde comenzó además con cierta confusión entre algunos aficionados, ya que el programa oficial anunciaba erróneamente el festejo a las 19 horas cuando, como el resto de la feria, el inicio estaba fijado a las 18:30 horas.
Abrió plaza Cítrico, un negro de escasas opciones que salió muy parado y sin transmisión. En el saludo capotero, Castella sufrió un ligero traspié que quedó únicamente en un revolcón gracias al oportuno quite de su cuadrilla. El astado apenas quiso tomar los engaños y ni siquiera ofreció posibilidades durante el tercio de banderillas, desentendiéndose de la lidia. Castella abrevió cuanto pudo y dejó una estocada efectiva para despachar al primero.
Muy distinta fue la condición de Revelado, segundo de la tarde. El negro de Ojailén mostró mayor trapío y mejores hechuras, permitiendo el lucimiento de Borja Jiménez. El sevillano firmó una faena de mucha verdad, llevando siempre al toro muy metido en la muleta, cargando la suerte, metiendo el pecho y rematando las tandas con gran profundidad. Mató de una certera estocada al primer intento y el público pidió con fuerza las dos orejas. La presidencia concedió únicamente una, decisión que no convenció a buena parte de los tendidos.
El debut de Tomás Rufo llegó frente a Labrador, un negro con el que el toledano dejó constancia de su firmeza. Ya desde el tercio de varas mostró aplomo y posteriormente construyó una faena templada, sujetando muy bien al animal y adornándose en los momentos de mayor inspiración. Sin embargo, la espada emborronó una actuación que apuntaba a premio, ya que necesitó hasta cuatro intentos antes de dejar el estoconazo definitivo.
Con el cuarto, Arrogante, un castaño bocidorado, Castella encontró muchas más posibilidades que en su primero. El toro ofreció más fondo y transmisión, aunque fue perdiendo fuerzas en el tramo final de la lidia y llegó incluso a caer en varias ocasiones. Aun así, el francés aprovechó la humillación del animal, cuyos pitones llegaron a surcar la arena, para construir una faena de mayor ligazón y hondura. Antes de entrar a matar firmó una serie de muletazos mirando al tendido mientras vigilaba al toro de reojo. Aunque necesitó un segundo intento con la espada, el público solicitó la oreja y la presidencia terminó concediéndola. El regreso de Castella a la Chata de Griseras no resultó tan rotundo como el de su última comparecencia, pero volvió a abandonar la plaza con un trofeo en su esportón.
Con Adornador, un vistoso colorado axiblanco, Borja Jiménez volvió a demostrar el extraordinario momento que atraviesa. Desde el recibo capotero dejó una templada verónica junto a tablas que despertó los primeros olés. Conforme avanzó la faena fue creciendo en confianza y rotundidad, ligando muletazos de gran pureza y sometiendo por completo al animal. Culminó su labor con una estocada ejecutada al primer intento mientras los tendidos rompían en un unánime grito de "¡Torero, torero!". Esta vez sí llegaron las dos orejas, que certificaron una merecida salida a hombros.
Cerró plaza Proclamado, un burraco de excelente presentación que terminó muy mermado por el excesivo castigo recibido en el caballo. El animal cayó durante el tercio de banderillas y fue perdiendo facultades a medida que avanzaba la lidia, condicionando la labor de Tomás Rufo. Lejos de resignarse, el toledano apostó por una faena de cercanías, muy firme y de enorme exposición, arrimándose cada vez más hasta el punto de sujetar al toro por un pitón antes de cuadrarlo para la muerte. Incluso pidió música a la banda, que permaneció inmóvil, mientras el tendido de sol respondía entonando espontáneamente "Que viva España", de Manolo Escobar. Una estocada al primer intento rubricó una actuación de mérito premiada con una oreja. La banda terminó interpretando un pasodoble cuando el toro ya había doblado, circunstancia que provocó las protestas del público.
Borja Jiménez confirmó su extraordinario momento de forma con una actuación rotunda que le abrió la puerta grande de la Chata de Griseras, mientras Castella volvió a dejar patente su oficio y Tomás Rufo firmó una ilusionante carta de presentación ante la afición tudelana.
Fotos de: Toño de la Parra y David Preciado
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