• Diario Digital | Domingo, 15 de Julio de 2018
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Sobre estepas y pinares

Sobre estepas y pinares

El pasado 26 de marzo se publicó con el título de “integrismo estepario”, una crítica al modo en que se están realizando algunos aprovechamientos forestales a matarrasa en término de Tudela. En respuesta escribo a título personal y sin ánimo de polémicas, para aclarar el asunto y puntualizar varias de las afirmaciones vertidas.

Recordemos que varias entidades locales de La Ribera acordaron en 2014 la gestión a través del Consorcio Eder de unas 1.426 has de plantaciones de Pino carrasco, trabajos que fueron adjudicados por un precio 5 veces superior al inicialmente licitado en el concurso mediante subasta, lo que ya en su día fue noticia (DdN, 10 ene 2014). En estas plantaciones forestales se están realizando cortas de mejora a fin de incrementar su valor en aspectos ambientales, forestales y paisajísticos.

De estas 1.426 has, solo en unas 36 has se han realizado matarrasas (se han eliminado todos los pinos). Unas 26 de estas 36 has se localizan en las planas de Canraso y St. Ana al N de Tudela. Antes de ser ocupadas por infraestructuras o plantadas en la década de los 90, los rasos de estas planas tenían un elevadísimo valor como hábitats esteparios, con elementos sobresalientes de fauna asociada a dichos paisajes. La eliminación de estas has no es un capricho sino que obedece a importantes motivos de carácter ambiental. Hablar de “decenas de has” y decir que es destruir lo realizado en materia forestal en La Ribera durante medio siglo es tan exagerado como incorrecto.

De las 27.700 has cubiertas por la especie en Navarra solo una pequeña parte son de origen natural. Estas valiosas masas naturales se encuentran en su mayor parte en espacios protegidos. El resto de has son plantaciones, con frecuencia de escaso o nulo valor ambiental. Sin entrar en datos técnicos, considerando los caracteres y la ecología de la especie se deduce que las actuales masas de repoblación desbordan con mucho las localizaciones en las que se podría esperar una significativa presencia de modo natural (considérese como ejemplo que la especie se ha plantado en la Cuenca de Pamplona). Con todo, es cierto que el empleo de la especie tiene sus ventajas y cumple a menudo una serie de funciones deseables.

El resultado nefasto de las primeras plantaciones realizadas se aprecia en las laderas de Barcelosa y Canraso, donde pinos y cipreses sin posibilidades de desarrollo salpican desde hace más de medio siglo un paisaje de terrazas y abarrancamientos sin solución, desnudo y devastado, modelado a base de bulldozer (y eso que en teoría la finalidad era proteger el suelo). Por fortuna, posteriormente el abuso del bulldozer decayó y posteriores plantaciones se realizaron de un modo más racional.

Existe una ya clásica diversidad de opiniones sobre la idoneidad de las coníferas en las plantaciones forestales, pero hablar de la existencia de una corriente pinófoba es una clara exageración y afirmar que algo así ha calado hondo en la administración tiene muy poco fundamento.

Las masas objeto de las actuaciones no son como se afirma hábitats de interés comunitario, catalogación restringida a masas de origen natural y a masas artificiales adultas que se hayan instalado en terrenos propios de la especie y con un sotobosque naturalizado. No es el caso de las plantaciones que nos ocupan. Las matarrasas se han realizado en plantaciones relativamente jóvenes, principalmente sobre terrenos con escasa pendiente y siempre en zonas en las que la vegetación espontanea ya cumple un papel protector. Se han respetado escrupulosamente las poblaciones de rapaces, con búsquedas previas de territorios y nidos. No suponen merma de valores de ocio o paisajístico (tengo muy claro que suponen mejoras en esos aspectos) y son plantaciones que en su día fueron informadas desfavorablemente desde la administración ambiental. Porque lo que el autor no menciona, es que muchas de las masas de Pino carrasco de La Ribera se han instalado a costa de hábitats y especies que sí son de interés comunitario, incluso en algún caso de conservación prioritaria.

Y es en este aspecto en el que radica la explicación de las matarrasas realizadas. Frente a la expresión de integrismo estepario, tenemos la triste realidad de la acelerada desaparición y degradación de un tipo de hábitat, el estepario, que no por desarbolado y por ser fruto en gran parte de usos (y abusos) seculares tiene menos valor que otros. De hecho a nivel europeo es una de nuestras singularidades ambientales más reconocidas. A modo de ejemplo, los valores de un espacio como las Bardenas Reales radican de forma importantísima tanto en la conservación de sus zonas esteparias como en la de sus reservas de pinares naturales de carrasco.

Estas matarrasas no contradicen los principios de la intervención pública en materia forestal, pues perfectamente se ajustan al principio de la primacía de la conservación y mejora de los recursos naturales. También se ajustan al principio de racionalidad y, como debe ser, responden a planes técnicos basados en las ciencias selvícola y ecológica. Son en este sentido, una pequeña rectificación tras actuaciones cuestionables y una pequeña apuesta por poner en valor un paisaje, el estepario, tan nuestro como cualquier otro. Estas pocas has a matarrasa no son un atropello ambiental sino una actuación biodiversificadora.

Si realmente preocupan los grandes atropellos ambientales pongo una pequeña muestra de lo que viene con necesidad de debate; nuevos parques eólicos y ampliaciones con decenas de nuevos aerogeneradores, cuando perfectamente se podían repotenciar los existentes y cambiar la normativa para instalar los nuevos en zonas de agricultura intensiva en el fondo del Valle del Ebro, donde las afecciones serían mucho menores. Nuevos tendidos eléctricos con insuficientes requerimientos ambientales. Autovía a Madrid desde Castejón a Tarazona a través de uno de nuestros últimos paisajes tradicionales cuando puede hacerse por el actual trazado de la N 113,... En estos y otros muchos se echan de menos críticas y exigencias de responsabilidades políticas.

Álvaro Bértolo Martín de Rosales

Técnico superior en gestión de recursos naturales y paisajísticos