Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 21 de septiembre de 2019
  • Actualizado 11:22

La procesión no hace el camino

La procesión no hace el camino

¡Qué bellas palabras las recitadas por Machado! Versos como los del “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, sin duda, marcan un tiempo, hacen época y ahora hasta nos sirven para atemperar el típico tópico de la presencia colectiva en las procesiones.

La procesión es a la Fiesta, lo que el pañuelo rojo, al ambiente: es prescindible, pero da color. La incomodidad surge cuando se convierten en el folclore que representa la cita ineludible, la presencia imperdonable. Es entonces cuando el obligado cumplimiento se torna incomodidad, pasiva acción. Así que tengamos más presente al poeta en otros sentidos, porque “caminante, son tus huellas el camino y nada más”, y lo que sirve es estar estando, no dejándose llevar por pautas, signos y convenciones.

Sólo lo que uno hace sirve para marcar la línea a seguir, y ahí entra saber estar, y saber disfrutar, saber hacer, y saber compartir, respetando un sentimiento y un hacer. Porque la Fiesta es todo ello, individual y colectivo, concatenado y, sobre todo, desordenado y superpuesto.

"Es prescindible, pero da color...

 

Sus estelas marcan el carácter"

Por ello, “al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Y ahora la Fiesta, lo que necesita, es seguir viviendo y entonando un paso que la lleve a la modernidad, alejándose de guiños obsoletos y de reproches vacuos. Porque Fiesta es improvisación y libre albedrío, como es orden y tradición; todo en uno, todo a la par, integrador.

La procesión no hace el camino, ni la Fiesta necesita de demonios oscuros. Es Fiesta, y nada más. Y Fiesta es todo. Reglado, programado, sugerido y, sobre todo, improvisado y ocurrente. De tal forma que el silencio, la albahaca y la sobriedad santanera son tan necesarios como los lamparones fruto del porrón y del disfrute.

Así de recurrentes, estos días que vienen de Fiesta, entendámoslos de felicidad colectiva, de descanso, de limpia espiritual, de gasto económico y de ahorro intrínseco y vital por recargador de alegría.

De lo contrario, el negro sobre el blanco, el rojo sobre el altar, ensombrecerán todo cuanto es Fiesta. Y la Fiesta es más importante que todo lo demás, porque además de sobrevivirnos, su estela marcará nuestro carácter social y colectivo, indicando a los niños y orientando a los visitantes sobre cómo y hacia dónde nos gustaría ir, cómo llegar y lograr ser más festivos, es decir, más abiertos.

Mariano N. Lacarra

Director