• Diario Digital | Jueves, 16 de Agosto de 2018
  • Actualizado 17:28

El blandiblú

Estimada Consejera de Educación Doña María Solana:

En sus recientes declaraciones sobre la situación de la Educación y de los interinos docentes navarros ha declarado que hay una “resistencia al cambio” por parte de los docentes que trabajamos actualmente en el sistema educativo navarro. Mi sorpresa fue máxima al leer sus declaraciones, así que me gustaría expresarle, con todo respeto, en qué condiciones trabajamos actualmente los docentes. 

Sin caer en el egocentrismo le explicaré mi caso particular, que es sólamente uno entre cientos de casos de compañeros, que están incluso en situaciones más llamativas y complicadas que la mía.

Hace 8 años entré como profesora interina en el sistema público de Educación de Navarra. Me preparé durante dos años la oposición y logré aprobarla. Por aquel entonces era feliz e inocente cual mariposa de las aulas, ignorante de la que me venía encima. Empecé dando clases en castellano, Matemáticas; siempre había pensado que discurrir sobre un problema y solucionarlo era uno de esos extraños placeres de la vida, y quería transmitir ese placer intelectual a mis alumnos. Al tiempo, por supuesto a base de estudiar, conseguí aprobar el título del C1 de inglés de la Escuela Oficial de Idiomas, y a partir del año siguiente impartí clases de Matemáticas en inglés. Después, estudié como una jabata, en la Escuela de Idiomas y barnetegi tras barnetegi -por supuesto también en verano- hasta conseguir el C1 de euskera, para poder dar clases de Matemáticas en euskera. En castellano, luego en inglés, luego en euskera. Me pregunto si se vislumbra algún tipo de “adaptación al cambio” en mi comportamiento y preparación. 

No sólo eso, en 8 años he pasado por 12 institutos diferentes, con distinto tipo de alumnado, diversas maneras de trabajar, horario diurno con adolescentes, horario nocturno con adultos, cambio de Ley Educativa, Nuevas Tecnologías aplicadas al aula, ruedas de coches hacia la Ribera, hacia el Norte, hacia el más allá. Exámenes de septiembre que se eliminan causando un desbarajuste en la programación anual, que colapsan los meses de mayo y junio haciendo piruetas imposibles para atender a todos los alumnos. Exigencias al profesorado cada vez más alejadas de su cometido inicial de impartir contenidos académicos. 8 años de cambios continuos y de flexibilidad laboral casi ilimitada. 

Estimada Señora Consejera, creo que los docentes navarros nos hemos convertido en aquel juego de niños que todos tuvimos y que, ya que lo aguantaba todo, hacíamos encajar en cualquier tipo de forma que se nos ocurriera: “el blandiblú”.

Yolanda Garcés Muguerza