• Diario Digital | Viernes, 24 de Noviembre de 2017
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El modo de hacer oposición de UPN: cuanto peor, mejor

El modo de hacer oposición de UPN: cuanto peor, mejor

Vengo asistiendo atónito al camino emprendido por UPN, partido político que durante años ocupó una supuesta centralidad en el tablero político y ostentó la responsabilidad de gobierno en Tudela y en el conjunto de Navarra, pero que ahora, poco acostumbrado como está al ejercicio de la oposición, se ha radicalizado hasta límites inimaginables hace escasas fechas. Si busca recuperar el ejercicio del poder liderando posiciones extremistas es que no se ha enterado de que Navarra vive un nuevo tiempo en el que el entendimiento y el diálogo son ejes fundamentales.

En las últimas semanas, los actuales gestores del Ayuntamiento de Tudela hemos sido acusados de no trabajar, de no saber gestionar, de ser poco transparentes, de ser autoritarios y, concretamente a mi persona, de “engatusar a la ciudadanía de Tudela” y de “estar teledirigido por los designios del radicalismo de Pamplona”. Lamentable, máxime cuando todos sabemos que fueron algunos de estos reproches que ahora nos lanzan, los motivos que hicieron que UPN perdiese el Gobierno de Navarra y la alcaldía de Tudela, en un nuevo tiempo político en que la sociedad demanda una menor crispación y una búsqueda efectiva de cauces para la convivencia. Solo la frase “engatusar a la ciudadanía de Tudela” demuestra lo que UPN piensa realmente de ella: que no es una ciudadanía formada, con capacidad crítica y educación suficiente para tomar decisiones meditadas, sino, por lo que se ve, una masa informe fácilmente manipulable. Justo por eso lo siguen intentado ahora. Por lo que se ve, los 3.500 tudelanos que nos votaron deben hacérselo mirar, porque a juicio de UPN sufren de inmadurez.

Dejo para el final la acusación más grave: nada más y nada menos, que “blanquear a ETA”. Hay que pensárselo mucho antes de decir una barbaridad de tal calibre, que desde luego no va a quedar sin respuesta legal, porque eso supone acusarme de colaborar con una banda terrorista que repudio y a la que una y mil veces pediré su disolución, cuyos atentados he condenado enérgicamente y a la que siempre reprocharé el daño irreparable que ha ocasionado a la sociedad vasca, a la navarra y a la del conjunto de España a través de su actividad delictiva. Semejante infamia, que demuestra indecencia moral, debe ser llevada ante los tribunales por ser calumniosa, y no ya con Eneko Larrarte, sino con el Alcalde de Tudela.

Esa misma semana UPN y PP se levantaron de un Pleno porque algunos concejales y concejalas hicimos uso del derecho a proponer una moción in-voce sobre un tema tan importante como el de la limpieza de la ciudad para poder votar nuestra posición, acusándonos de autoritarios, de imponer  nuestra mayoría y de aprovecharnos del trabajo de los demás. Rompen ambos grupos con una práctica habitual y quieren coartar los derechos de otros concejales, optando por agriar el debate y priorizando la bronca, la tensión y la escenificación frente a las propuestas y los matices de las posiciones de cada cual.

Y remata la semana la Presidenta del Comité Local de UPN en Tudela, Anichu Agüera, criticando que el Alcalde de Tudela vaya a un foro a dar sus ideas sobre determinados retos en cuanto a la convivencia, en el que por supuesto no fui coincidente con algunas posiciones allí expuestas y en donde aposté por la autocrítica de cada actor en los diferentes conflictos, por centrar los esfuerzos en reparar el daño causado a las víctimas, solidarizándonos con ellas -con todas, sin exclusión-, y por denunciar y esclarecer todo tipo de conculcación de derechos humanos. Y ahí se incluyen, evidentemente, los muchos crímenes perpetrados por ETA, así como los asesinatos del régimen golpista del 36 en Navarra (más de 3.000 personas asesinadas sin existir frente de guerra), las acciones del GAL o los abusos policiales judicialmente acreditados. Es decir, me centré en poner el foco en el dolor de las víctimas y en la conculcación de derechos humanos por delante de posiciones ideológicas o partidistas. Ése y no otro fue mi discurso, como lo será en cuantos foros me inviten a exponerlo.

Sin embargo la Sra. Agüera traslada a la sociedad que por acudir a dicho foro blanqueo a ETA. Me acusa de dar lecciones, cuando lo único que hago es trasladar mis reflexiones, que es lo sano y lo correcto en un estado democrático. Y sobre todo me echa en cara afirmar o defender una posición que ni mantuve ni he defendido nunca, como pedirles responsabilidades a “la otra parte” y no a los violentos, lo cual me parece de una bajeza moral supina y repudiable, además de un embuste sonrojante. Igualmente me achaca no acudir a otros foros, sin indicar a cuál de ellos se refiere, cosa que desde aquí le exijo. 

Al contrario que su partido, yo sí estoy por la labor de exponer ideas y evaluar las contrarias en cualquier lugar, y al contrario que ella y que su partido, yo sí que repudio con firmeza todo tipo de violencia. Abundantes muestras tenemos de que a la formación política de la señora Agüera hay alguna que no le ha incomodado, ni le incomoda, en absoluto.

Por lo que se ve, ni la señora Agüera ni su partido son conscientes del ínfimo nivel al que están llevando tanto su discurso como sus actos, y por tanto sus siglas, ni lo son de la profunda vergüenza que están haciendo pasar a muchas de las personas que antaño les votaban y se sentían cómodas en un partido que decía ser de centro-derecha, cuando ha sido perder el poder y se ha visto bien a las claras que es una formación política radicalizada y pésima perdedora (una posición profundamente antidemocrática) que se lanza a la carrera de las difamaciones, las calumnias, las descalificaciones personales y las medias verdades, que como se sabe, son peores que las mentiras.

Lamento profundamente que la política siga siendo para algunos una batalla de titulares e insidias en donde parece que todo vale, en la que el concepto, tan manido ya, de la post-verdad, esa verdad que se intenta crear a partir de mentiras, tiene valor. 

Creo sinceramente que deben asumir su papel de oposición, el papel que los tudelanos les han otorgado, y que desde esa posición deben hacer su trabajo y fiscalizar con honestidad a quienes ejercen el poder en estos momentos, pero abandonando el insulto y las trincheras. Le harán un favor a la ciudadanía y se lo harán a sí mismos.

¿Y nosotros? Pues seguiremos trabajando con esfuerzo, posiblemente con fallos y siempre con autocrítica, pero pensando en el conjunto de la ciudadanía. Creemos que nuestras ideas y nuestra voluntad de lograr amplios consensos, y basta para ello ver el trabajo de un equipo de gobierno conformado por diferentes sensibilidades, es lo que valoraron los tudelanos cuando nos apoyaron mayoritariamente. Trabajaremos para seguir reduciendo la deuda, para mejorar nuestras calles y los servicios públicos, para crear comarca y para minimizar tanto la brecha social como territorial que nos dejaron en herencia. Y lo haremos sin difamar, sin mentir, sin apelar a bajos instintos y con educación. Justo lo que reclamamos de quienes se decían de centro y defensores de una Navarra y una Tudela a las que, por lo que se ve, solo ellos creen representar.