• Diario Digital | Miércoles, 28 de Junio de 2017
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Que no haya novedad

Que no haya novedad

Considerando que “el hombre propone, pero Dios dispone”, según la sentencia “homo proponit, sed Deus disponit”, que podemos leer en la “Imitación de Cristo” (1. 19. 9), de Tomás de Kempis, paremia que recuerda el comienzo de Proverbios, 16 (“El hombre dispone su camino, pero a Dios le corresponde dirigir sus pasos”), que solían airear nuestras/os abuelas/os, y que Luis Cernuda Bidón reunió el grueso de los poemas que había compuesto hasta entonces bajo el título de “La realidad y el deseo” (1936), podemos jugar a juntar las ideas que destilan o exudan el adagio y el rótulo del poemario cernudiano, a fundirlas y de la extraordinaria fusión, que no confusión, resultante extraer algún pensamiento, verbigracia, este, que el hombre, ente anhelante ante todo, alumbra deseos sin cuento (que tal vez luego ose cantar o contar) y que Dios, Natura o la realidad apodíctica, impone sus certezas, sus verdades, a todos los hombres (ora hembras, ora varones), sean cuales sean sus edades.

Mi difunto y dilecto tío Jesús, “el Vasco” (además de “el Pato”), a quien más de una tarde y más de media decena o docena escuché, embelesado, narrar peripecias que vivió siendo joven, durante la Guerra Incivil española, habiendo cumplido los sesenta, que fue cuando más lo traté, solía despedirse presencialmente y/o por teléfono de idéntica manera, deseando que no hubiera novedad, pues la susodicha llevaba aparejada, indefectiblemente para él, pesimismo, accidente y aun muerte. Así que, para atenuar, cepillar o mitigar el evidente pesimismo que acarreo en mis genes, suelo elegir, para compensar, el disfraz de optimista, que, según me confiesan unos y otros, tan bien me sienta.

Ergo, fue el mentado optimismo, del que hablo en el párrafo anterior, el que motivó y/o propició que escribiera la décima espinela que titulé “¿La alcachofa? ¡De Tudela!” y subtitulé “¡Qué agradecida es, Adela!”, cuyos diez versos octosílabos decían y dicen así: “Si invitas este año, Adela, / A tus de Pamplona amigas / Para el Ángel, unas migas / Os hará tu abuela Estela / Y alcachofas de Tudela / Para hartaros en las Norias, / Donde ene cuentos o historias / De Amor y humor han brotado / Que aún no se han agotado, / Pues siguen pariendo euforias”.

Como es público y notorio, el festivo y divertido día del Ángel tudelano acabó, inopinadamente, de forma luctuosa, con el joven zaragozano Carlos Pellejero Remacha (vayan, desde estas líneas mis condolencias sentidas y sinceras para los allegados, deudos y amigos, del occiso), estudiante de Enfermería, atropellado y muerto en el Camino de las Norias, y con su novia, la tudelana Claudia Carrilero y una amiga de esta, Mayte Royo, con politraumatismos, tras ser embestidos por un coche conducido por otro joven que dio positivo, en el test de drogas que le hicieron, de haber consumido cocaína.

Considero que no hubiera tenido un ápice de empatía, una pizca de buen corazón, si el abajo firmante, su seguro servidor de usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), hubiera dejado la décima espinela tal y como la había urdido con antelación, y publicarla así, sin hacer una breve mención siquiera del accidente mortal acaecido o modificarla. Me he decantado clara y cristalinamente, como podrá comprobar, si sigue pasando su vista sobre este texto, por la doble opción. Por tanto, he variado el título de la misma por otro, más ajustado, “Raudo va lo truculento” y parte de sus versos, que ahora dicen de esta guisa: “Si el año que viene, Adela, / Invitas a tus amigas / Para el Ángel, unas migas, / Si vive, os hará tu abuela / Y alcachofas de Tudela / Para hartaros en las Norias, / Donde ene cuentos o historias / Truculentas han brotado / Que aún no se han agotado: / Perviven en mil memorias”. Y es que, como cabe oír al final de la película “La misión” (1986), de Roland Joffé, el espíritu de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos.

 

Ángel Sáez García

Licenciado en Filología Hispánica