Plaza Nueva

  • Diario Digital | Martes, 26 de Marzo de 2019
  • Actualizado 17:51

Las acepto si admites mi de nada

Las acepto si admites mi de nada

Dilecta Pilar:

Ignoro si has concluido lo mismo que yo, que no tenemos grandes diferencias de criterio; que acaso nos distinguen los matices.

A la olla la llamaba mi difunta madre “la tastarra (o tastarrera)” (por ser una fusión de testa que marra, interpretaba yo, aunque quizás lo hiciera servidor de manera errada). Recuerdo, verbigracia, que, cuando se levantaba por las mañanas mareada de la cama, solía decir que “se le iba la tastarra”.

La belleza siempre está en el interior (el exterior es el disfraz, impuesto por el azar o el sino, o elegido libremente, que usamos mientras peregrinamos por este valle de lágrimas —más de pena que de dicha—).

El sábado, por la tarde, como te adelanté, me lo volví a pasar estupendamente durante la cuarta entrega de los premios “Goya” de la Teba , presentados por Germán Martínez, con quien he coincidido varias veces en la sede de la citada peña con la grata ocasión de cenas (un showman; sigo pensando que es un animador con un potencial enorme, que no está siendo conveniente aprovechado por el mundo del espectáculo). Acudí con Pío Fraguas, que se divirtió un montón (mi cuñada Elena me entregó antes del acto las invitaciones, pues mi hermano tenía que hacer un desfile, que nos perdimos). Luego nos tomamos en los bares del centro los habituales zuritos. El domingo lo dediqué a hacer las comidas, a leer y a escribir, lo asiduo (bueno, sota, caballo y rey, para no salirme del guion).

Felicítalo de mi parte, aunque sea con retraso, por su mayoridad. Felicítate (y felicita a tu pareja) por haber superado con creces esos diecinueve años largos de relación.

No hace falta que las des. Las acepto si admites mi de nada.

Preferí elegir la versión que te di a la alternativa, que también había barajado como posible y, asimismo, podría haberte ofrecido y deseché, que era la de la unión de testa y de etarra.

Es que en Tudela gastamos una retranca zumbona (que va de la ironía, o burla sana, al sarcasmo, o mofa cruenta). Te pondré un ejemplo recientísimo. Acabo de venir de la peluquería Esteban (así se llama el dueño), donde, tras saludarlas, a la estilista, Paula, y a su madre, Teresa, les he dicho que me había pasado por allí por tres razones, dos ciertas y una apócrifa. Les he aducido, en primer lugar, que había acudido para preguntar por Esteban, de quien me han dado la buena nueva de que el sábado le dieron el alta médica; en segundo lugar, para solicitar si tenían hojas de reclamación, porque había pensado ponerles una por haber salido el pasado viernes del citado local más feo de lo que entré (esta era, claramente, la falsa; y se han reído un buen rato); y en tercer y último lugar, para entregarle a Paula la epístola que te dirijo y remito a ti, en cuyo primer párrafo la menciono.

Otro (de tu amigo Otramotro).