• Diario Digital | Lunes, 10 de Diciembre de 2018
  • Actualizado 20:47

Me fijé en la faceta fisiológica

Me fijé en la faceta fisiológica

Dilecta Pilar:

No busco sucedáneos (buscaría en todo caso chocolates de los buenos, pero la vida me ha enseñado que el que busca a veces encuentra y a veces no halla). Iré (y, si es bien acompañado, mejor, miel sobre hojuelas).

Bueno, son varios momentos (el paso del tiempo es necesario, aunque dicho espacio sea corto) en apenas media hora, ciertamente. La realidad nos suministra mucha información. Ahora bien, hace falta estar alerta, atento, para captar lo precipuo o principal de cuanto ocurre y apuntarlo en nuestra mente o en nuestra libreta.

Cierto. Yo me fijé en la faceta o parte fisiológica del asunto (la vuelta de los ancianos a la niñez) dando por sobreentendida la anímica y espiritual.

Que vaya la presentación de cine y te lo pases estupendamente el sábado. Yo iré, Deo volente, como he hecho otros años, en la grata compañía de mi hermano Jesús María, “el Chichas”, a la entrega de los premios “Goya” (una botella de moscatel, hecho en Corella) de la peña “La Teba” (acrónimo de Tudelanos En Buena Armonía) en el salón de actos de Jesuitas.

Te mando (abajo) la epístola como aparecerá publicada en mi bitácora (supongo que a primeros de junio).

Luego leeré (tengo que terminar antes el artículo que publicaré luego) tus dos nuevos microrrelatos, pero he de reconocer que era mucha la tentación, ¡diantres!, y he vuelto a caer, a pecar.

Acabo de leer, de manera rápida, tus otros dos microrrelatos. En “El banco del parque”, que contiene todos los colores que cabe hallar en una paleta de pintor, cuentas la historia de quien tuvo casa y, por los motivos que fueran, la perdió; luego halló o se hizo una en un banco del parque. Por las razones que fueran (la imaginación es fértil, variopinta), decidió cometer un delito penado con cárcel para vivir bajo techo en la prisión de Zuera, donde ahora tiene (ha logrado formar de nuevo) una familia entre los otros reclusos.

Yo hubiera colocado tilde en “no tener qué llevarme al corazón”.

Siempre dije que las casualidades no existen, que suceden las causalidades. Bueno, pues (parece mentira, pero es cierto) es llamativo que en el texto que me dispongo a rematar cito una frase de “Charlas de café” (1920), de Santiago Ramón y Cajal, sobre las semejanzas que hay (y advierte también quien lo lee) entre una biblioteca y una botica, que tanta relación tiene con tu “mi rica biblioteca (...), bálsamo para el alma malherida”.

Tu microrrelato “Amor de libro” viene a dar cuenta de que un lector puede beber las mismas mieles del amor que vive el personaje enamorado (haya sido escrito el libro en verso, como el clásico poemario de Neruda, o en prosa, como acaso la mejor novela de “Gabo”).

Luego te mando el artículo que he decidido titular “¿Un aura de virtud irreprochable?”.

Otro (de tu amigo Otramotro).