• Diario Digital | Lunes, 21 de Mayo de 2018
  • Actualizado 21:53

Mujer y sociedad

No cabe duda, que la mujer ha sido y es discriminada por su condición de tal. Durante muchos periodos de la historia, este comportamiento ha sido la regla.

El mecanismo para someterla en tiempos primitivos cabe pensar que fue la fuerza, aunque después, la educación, tanto en la familia como en las escuelas, ha sido el modo más poderoso, sutil y eficaz para conseguirlo. Hasta hace pocos años así era, e incluso muchas madres lo inculcaban a sus hijas; como ejemplo de lo dicho, algunas las obligaban a levantarse de la mesa a servir un vaso de agua al hermano varón, o a servirle la comida o la cena. Las mismas hijas adoptaban ese papel como una obligación. 

Los hombres se comportaban con el poder que en ese momento se les otorgaba, considerando a la mujer una propiedad que tenía la obligación de servirle. Aunque, era frecuente que la mujer fuera el elemento fuerte de la casa, tomando las decisiones importantes sobre los hijos, y administrando la economía.

Actualmente en nuestro medio está cambiando, pero queda mucho trecho, y especialmente en algunos lugares del mundo viven peor que animales, utilizándolas como esclavas, e incluso quitándoles la vida impunemente. Es de suma gravedad, y los organismos internacionales que nos representan, no pueden mirar hacia otro lado.

En cuanto a capacidad intelectual, responsabilidad, consecuencia, compromiso, minuciosidad, equilibrio, afectividad, etc., son tan capaces, y, en muchos casos y aspectos, más que los varones. He tenido la suerte de trabajar habitualmente con mujeres, y su capacidad, preparación, dedicación, responsabilidad, etc. no se ha diferenciado en nada de la de mis compañeros. 

La educación es el camino. Debe ser igual para ambos sexos, respetando las peculiaridades de cada cual. Es una injusticia que los sueldos sean distintos; para igual trabajo igual sueldo.

La maternidad es una circunstancia diferenciadora que los gobiernos deben valorar y favorecer, porque es la esencia de la supervivencia de la sociedad, y lejos de penalizarla discriminando a las madres, deben primar la natalidad con coberturas sociales, y la reinserción de la mujer a su puesto de trabajo con todas las garantías, y haciendo compatibles el trabajo con la maternidad y con la familia.

Esta sociedad no habrá llegado a la madurez hasta que no haya superado algo tan básico como la igualdad de sexos. También la igualdad de razas, la no discriminación por el lugar de nacimiento, por la orientación sexual.