Plaza Nueva

  • Diario Digital | Martes, 26 de Marzo de 2019
  • Actualizado 17:06

La gente “guay”

En mi niñez, adolescencia y juventud, tuve que sufrir a la “gente guay” de entonces. Eran los ricos. Los ricos, venidos a menos, pero que con las apariencias intentaban mantener su estatus; los políticastros locales encumbrados en la España de Franco; la Policía; Guardia Civil, y al Clero en sus diversas modalidades: curas, profesores, etc. Muchos de ellos, con frecuencia, se comportaban con altanería y prepotencia, sobre todo, con los que procedíamos de familias humildes. 

Estas circunstancias modelaron a muchos de nuestra generación. Unos antes, otros después, y no pocos nunca, nos implicamos en que había que cambiar la sociedad a un sistema democrático justo, racional, humano, donde la ciudadanía pudiera expresar sus opiniones con libertad. Elegir a sus gobernantes, respirar hondo y sentirse no manejados ni oprimidos. Muchos, contribuimos con nuestras convicciones, y también con nuestra praxis y actitud comprometida a que se produjera el cambio. 

Con la muerte de Franco, la transición fue un momento muy importante por el sentido de responsabilidad de los líderes de todos los partidos implicados.

Desde entonces, ha habido unos años de democracia que han permitido a este país desarrollarse y crecer. Aunque también, la corrupción ha asolado y pervertido la vida política, hasta hacerla irrespirable.

Ahora hay una nueva “élite” que debemos soportar. Otra gente “guay” que, como aquellos dictadores, se pavonean. En este caso, se sienten supremacistas morales. Se creen en posesión de unas verdades que deben imponer: sus ideas, su cultura y, en algunos casos, incluso su lengua. Algunos, como método, no dudan en denostar, descalificar, amedrentar, coaccionar. Estos supremacistas, sin ningún rubor, tratan de fascistas a quien discrepa.

Nuestra democracia está en peligro por la corrupción, pero también por determinados grupos que se sienten “elegidos”. Tratan de “salvarnos”. De imponer sus ideas falseando su forma de proceder. Eso también es dictadura. Son, los “guay” de ahora, con otro pelaje.