Opinión

Ser persona

El Fin de Año y el Nuevo Año, con sus celebraciones religiosas y/o familiares, es una buena época para reflexionar y reiniciar, con ilusión, una nueva etapa de vida, tanto individual como grupal.

Vivimos tiempos difíciles, angustiados por violencias permanentes, tanto de tipo interpersonal como de múltiples guerras mundiales, con un marco de referencia delimitado por una economía capitalista salvaje, una ausencia de ética generalizada y una creciente pandemia de soledad.

Todo ello confluye en una enorme cantidad de sufrimiento personal, facilitado por una larga historia de deshumanización en todos los ámbitos de nuestra vida.

El sufrimiento humano, también enunciado como dolor moral, conlleva una falta de salud mental y es la señal de que cada uno de nosotros podemos estar deconstruyéndonos y perdiendo nuestro interés por crecer, madurar y promocionarnos hasta alcanzar nuestra plenitud intrínseca.

Es fácil reconocer el sufrimiento humano: acampa en lo más profundo de nuestra intimidad, en nuestro “fondo insobornable”, en nuestra alma, y tiene la condición de manifestarse como una congoja penosa y muy aflictiva que destila que nuestro “ser” se va rasgando y desmembrando, expresando que estamos perdiendo nuestra propia identidad y que nos estamos difuminando, a la par que nuestra propia continuidad del YO se va rompiendo.

El sufrimiento, en definitiva, desvela la verdad espiritual profunda de cada uno de nosotros. En él se expresa y se cuestiona nuestro grado de autenticidad y se nos advierte de la necesidad que tenemos de comunicarnos con otros para poder llegar a ser nosotros mismos.

Ante tanto sufrimiento humano, existen dos grandes labores a desarrollar por cada uno de nosotros:

1. De una parte, conviene que hagamos una valiente tarea de introspección y de autorreflexión. Que analicemos, de nuevo, qué sentido tiene nuestra vida y qué meditemos si estamos convencidos y seguros con nuestro proyecto vital y con nuestro compromiso con él.

2. De otra forma, urge que ayudemos a otros, a los más cercanos, posibles víctimas del sufrimiento también, a través de esa capacidad innata que tenemos todos los humanos de mantener una “relación de ayuda” con ellos, trasmitiéndoles respeto, acogida, compromiso, confianza y servicio, que les ayude a remontar y recuperar su salud.

No olvidemos que la vida solo es humana si tiene argumento y que, por eso, todos nosotros tenemos que crearnos, imaginarnos e inventarnos.