El Encuentro

El 25 de diciembre del calendario gregoriano, los creyentes conmemoramos el nacimiento de Jesús de Nazareth. Posiblemente, hoy en día, de forma bastante superficial.

La Navidad, desgraciadamente, se ha quedado reducida a una época del año con unas tradiciones familiares de encuentros y de ágapes, sin ninguna resonancia más profunda ni comprometida.

Las fechas festivas de estas navidades pueden ser oportunas para reconocer en nuestro malestar interior que “algo no encaja” en nuestro discurrir personal.

A día de hoy, la mayoría de nosotros nos sentimos angustiados y desanimados, confrontados por las catástrofes de todo tipo que nos rodean y el futuro confuso que se nos presenta.

Casualmente, en este contexto, me he tropezado con el texto del “mensaje espiritual” que Gandhi, apodado el Mahatma (“alma grande”) por Rabindranath Tagore, envió a sus seguidores en octubre de 1931. En él se afirmaba la convicción de que existía un “espíritu constituyente”, que él denominaba Dios. Había llegado a esta conclusión, tras observar que “en medio de la muerte persiste la vida, en medio de la mentira persiste la verdad y en medio de la oscuridad persiste la luz” lo que le inducía a pensar que “Dios es la vida, la verdad y la luz”. Su conclusión era diáfana: “Dios es amor; Dios es el bien supremo”. Y animaba a sus partidarios a cultivar lo que él llamaba la “ley moderna” o, según él, la “ley de la verdad y el amor”, para concluir que “se es más persona en la medida que se ama más profunda y personalmente”. Con este bagaje, no es de extrañar que ACNUR considere a Gandhi un “símbolo eterno de la paz” relacionándolo con su aforismo “no hay camino hacia la paz, la paz es el camino”.

Sorprende cómo un personaje no cristiano llega a conclusiones tan “evangélicas” como las citadas. Ojalá se conviertan en una sacudida que nos ayude a todos a comprometernos en la búsqueda de un mundo mejor.

Cinco podrían ser las tareas más fundamentales a trabajar dentro del mundo actual en que vivimos:

• Apoyar la paz mundial, la paz social y la imprescindible paz personal

• Cultivar el amor, mediante el respeto a cada ser humano y la solidaridad con los sufrientes

• Afianzar una ética social pactada entre todos

• Recuperar la virtud de la Verdad

• Alimentar la Bondad

Considero que esto sería una buena manera para muchos de nosotros de celebrar esta Navidad.