El Centro del asunto
En España, durante los últimos años (el origen está en el Pacto del Tinell, un pacto equivalente al pacto golpista y secreto republicano de San Sebastián de 1930 (1)) la izquierda, nostálgica de la nefasta II República y derivada del “antifranquismo sociológico” comunista y socialista ha estado desarrollando una política de enfrentamiento social radical que se ha dado en llamar “polarización”, el “frentismo” de siempre, en la que se ha autoproclamado detentadora de una verdad ideológica absoluta (apropiándose como disfraz ideológico del “wokismo”) fuera de la cual se estigmatiza a las personas con epítetos como “franquista” y “facha”, es decir, el ideario del mal según el imaginario de los promotores de esta trinchera/muro frentepopulista, un mal que se encarna en los ciudadanos disidentes o críticos con ese dogma totalitario.
Lo que se ha buscado con esto es la apropiación y radicalización de la parte de la sociedad que se ha sentido representada históricamente por una ideología que ya no es la de hace 15 años, el “centro izquierda socialdemócrata”, y la expulsión de la legitimidad política del resto (“centro” derecha, hoy todos “fascistas” o, aún peor “franquistas”). Esta es la situación.
Esta radicalización sectaria no pretende la mejora objetiva de la sociedad, evidentemente. En realidad, fundamenta un negocio político depredador de la sociedad democrática. Lo que busca en realidad la “polarización” es ocultar la destrucción y el saqueo económico de la mayoría (el “centro”) definida como “clases medias”, tanto las incluidas (lo tuyo es mío) como las excluidas (lo suyo es nuestro) del consenso “progresista”, a favor de los dirigentes políticos organizados en esa coalición “polarizada”, mientras crea para sus participantes y cómplices más y más puestos remunerados para más y más funciones totalmente innecesarias (2), que se intentan justificar con esa misma ideología sectaria publicitada como “progresista” e “incluyente” pero que, en realidad, es muy regresiva y excluyente.
Y lo que define esa política es precisamente la mentira, tanto en su acción (manipulación y ocultación de la realidad objetiva en los medios, engaño en los programas electorales, “verdad alternativa” sesgada justificativa, como la llamada “memoria democrática”) como en sus postulados sectarios de fondo (unas ideologías obsoletas). Pero es esa mentira normalizada y sectaria fundacional la que precisamente permite calificar a esta política como socialmente dañina: un sistema social basado en la mentira es incompatible con una sociedad democrática. Sabido es que la verdad os hará libres. Por tanto, la mentira nos hace esclavos del que nos miente. Obviamente, el resultado del frentismo, si tiene éxito, es la implantación por quien lo promueve de una sociedad totalitaria y excluyente basada en esa gran mentira que es vendida a la población como “democrática” e “inclusiva”, como vemos.
Sin embargo, en esta realidad de las aún sociedades democráticas construidas sobre los principios de la libertad de pensamiento, los derechos humanos y las leyes determinadas democráticamente, sociedades sujetas al cambio natural propiciado por el desarrollo de la complejidad y la diversidad que es la ley universal, la inmensa mayoría social natural es aún, precisamente, de “centro”. Y algunos pensamos que, para este “centro”, las ideologías que generan la polarización sectaria, el frentismo populista, son un lastre que hay que eliminar políticamente cuanto antes de nuestras sociedades, porque corrompen la idea de la diversidad y complejidad normal de cualquier sociedad que produce un cambio social natural por medio de la innovación y el emprendimiento inteligente libre.
La mayoría de la gente está naturalmente en un “centro”, amplio y diverso, que está por encima de, y no “en medio de”, la cutre radicalidad ideológica obsoleta y sectaria, un centro que no está definido por la apatía, el desinterés o la indiferencia, como se pretende desde las trincheras de la polarización, sino por la racionalidad natural de las personas normales: los “centrados” están (estamos) a favor de conservar lo que merece la pena (de las tradiciones, usos, el progreso tecnológico, la naturaleza, etc.) mientras plantean cambiar lo que está mal o es dañino o perjudicial actualmente (en esas mismas tradiciones, usos, progreso tecnológico, naturaleza, etc.) al margen de extremismos dogmáticos producidos por ideologías, es decir, aplicando la razón natural normal. Al menos una gran parte de la gente con la que hablo se reconoce en esta actitud, que es, por cierto, la naturalmente inteligente y razonable.
Por eso la idea de la Sociedad Inteligente (que considera a las ideologías como “datos” generadores de pensamiento, identidades y acciones, etc., pero datos al fin entre otros muchos datos, como los proporcionados por el arte, el efecto de la tecnología o el conocimiento científico, etc.) considera que la acción política democrática es el resultado de un consenso social tras un proceso de participación política democrática desde el derecho inalienable a una información sin sesgos, objetiva, falsable, libre y accesible, sin mentiras ni manipulaciones interesadas, de los problemas derivados del incremento de la diversidad y la complejidad crecientes en la sociedad. No el resultado de aplicar dogmas ideológicos obsoletos a realidades sociales cambiantes derivadas de una realidad que fue transformada previamente en un contexto anterior con una finalidad, sino que esa acción política actual sobre esa realidad producida debe ser sujeta a una evaluación actualizada propiciada por el propio conocimiento derivado de los resultados (la consecución o no de los fines) de la política pasada que la ha generado, desde el ideal social actual de mejora continua. Esto es lo que debería suceder, por ejemplo, con los grandes temas de fondo, como la adecuación de la Constitución tras la experiencia golpista de 2017 aun en marcha, o como el sistema electoral, el de partidos, o la relación estado común/autonomías y su influencia en cosas tan fundamentales como la educación, la sanidad, la defensa o la protección civil de todos los ciudadanos. Por cierto: ¿Alguien conoce los criterios de “mejora continua” de los partidos políticos en cuanto a participación y representación o debate de ideas?
De ese “centro” donde está el germen de la Sociedad Inteligente, que ni es aún mayoritario en votos ni lo es socialmente y tampoco tiene representación explícita en el actual sistema partidista es, sin embargo, de donde puede surgir, y surgirá, democráticamente, la necesaria revolución política tranquila pero firme que establezca las pautas de un paradigma actualizado de verdadero progreso, social, científico, tecnológico, cultural y moral de nuestra sociedad, que se corresponda con la actual revolución social tecnológica, porque, para la Sociedad Inteligente, programar la obsolescencia del actual sistema político es ineludible. Aunque esto, si no se hace conscientemente, tal vez acabe surgiendo por necesidad urgente tras algún grave cataclismo como el que parece cernirse sobre nuestras sociedades actualmente (3), como sucedió tras la II Guerra mundial (establecimiento en Europa del primer estado de bienestar). Porque la alternativa es el Estado Totalitario “inteligente” e imperial que se está desarrollando en China, Rusia, proponen algunos de los potentados de Silicon Valley, posiblemente, es el sueño de Donald Trump (4), pero bajo ningún concepto debe ser el de Europa.
Siempre (y esto es un “dato”) los movimientos sociales y las ideologías políticas han sido motivados por los cambios tecnológicos y no al revés. Y es seguro que necesitaremos para ello una organización política actualizada de la sociedad democrática. Una organización democrática “updated”. Porque el actual sistema de organización política a base de partidos políticos ideologizados o representantes de intereses económicos sectarios y obsoletos suponen un verdadero lastre y nos está llevando a un gran desastre propiciado por dogmáticos interesados y aceptado por los tontos.
1) https://es.wikipedia.org/wiki/Pacto_de_San_Sebasti%C3%A1n
(3) https://www.eldebate.com/espana/defensa/20250505/cuando-despertaremos-esta-pesadilla_293526.html
(4) https://www.elconfidencial.com/mundo/2024-11-01/silicon-valley-fobia-dictadores_3994985/