Vasquismo ingenuo

Si Sabino Arana imaginó el ser de los vascos y lo expresó en lenguaje descriptivo (“el vasco es …”), su coetáneo (y mayor) Navarro Villoslada hizo algo parecido a través de los personajes de “Amaya o los vascos en el siglo VIII”. También el ser de los españoles (“godos” en Villoslada) los dos; y el de los judíos además la novela. En ambos casos, en los respectivos objetos imaginados hay proyección de los sujetos, que tuvieron algunas característica parecidas pero otras diferentes.

Los dos fueron amantes de lo vasco, de sus tradiciones, Sabino católico de aquella manera, el otro “supercatólico”. Quizás por esto en Villoslada no hay ni la soberbia ni el orgullo ni el estúpido complejo de superioridad racista que hay en Sabino, y que tan nefastos han resultado en sus seguidores.

Sabiendo de qué iba “Amaya o los vascos...”, uno temía que fuera un bodrio infumable (no lo es tanto, aunque tampoco merezca el Nóbel), pero resultó legible. Culminada la hazaña, tiene su interés comentar el vasquismo ingenuo de Villoslada.

¿Cómo son sus vascos? Para empezar, dueños absolutos de la tierra en la que están enterrados sus muertos. Indiscutible: descienden de Aitor, biznieto de Noé vía Jafet, que se instaló en “la Escualerría” tras el diluvio. Como la Tierra entonces estaba desocupada, no se la quitaron a nadie y es suya por derecho natural absoluto hasta el fin de los días (este asunto traerá problemas).

Además son buenos, nobles, veraces, leales, ingenuos, valientes, puros, fuertes, castos, con sentido del deber, incapaces de odiar, no ejercen la violencia si no es para defenderse de quien les ataca ... Puede usted seguir añadiendo los caracteres positivos que se le ocurran. Todos les irán bien. 

¿Todos son tan admirables? No. La religión es determinante y hay dos grupos, uno muy numeroso (casi total) de vascos cristianos, y una minoría (sólo una familia, pero la más distinguida, la más estrechamente vinculada a Aitor) que profesa la religión natural de los primeros vascos. Todos son tradicionalistas, amantes y conservadores de las costumbres y creencias ancestrales, pero más los segundos en cuanto que conservan la religión primitiva. Cabría esperar que los mejores fueran estos últimos, pero no. Para el cristiano Villoslada, los mejores son los cristianos. La figura más importante y poderosa de los paganos es orgullosa, dura, despiadada, y otro de ellos, ambicioso, malvado e incluso asesino sin el menor remordimiento.

He llamado “ingenuo” a Villoslada, a su vasquismo, a sus personajes, pero debo confesar que tenía cierta razón: he conocido a navarros, guipuzcoanos y vizcaínos que se parecían a sus personajes: cristianos, tradicionalistas, excelentísimas personas, espíritus benditos ¿Qué les hacía tan admirables? Seguramente más el ser cristianos. Y que su mundo no estaba tan podrido como el nuestro.

Villoslada sabría seguro que la corrupción de lo mejor da lugar a lo peor, e implícitamente previó lo que ha ocurrido: que al ser sustituido el en su tiempo unánime y profundo cristianismo de los navarros y vascos por un paganismo que idolatra a Euzkadi, esas virtudes han desaparecido (hubo un tiempo en que “palabra de vasco”significaba fiabilidad total, pero ya no). Y en la dureza despiadada de sus paganos y en su malvado ambicioso y capaz de asesinar sin remordimiento incluso a un familiar, estaba el germen de ETA, de Bildu e incluso del desleal PNV,

Pero volvamos a sus vascos buenos. Parecen incapaces de hacer el mal, anteriores al pecado original. Salvo uno, Teodosio, egocéntrico, ambicioso, y que acabó cometiendo el pecado horrible de parricidio, bien que ofuscado, engañado y empujado, ¡cómo no!, por judíos. Pero inmediatamente se arrepintió, se confesó e hizo durísima penitencia viviendo muchos años como anacoreta en una cueva en Aralar. Acabó hecho un santo. O sea que muy bien, finalmente todos los vascos cristianos son buenísimos. Más todavía: de la familia superaristócrata pagana, todos acaban convirtiéndose (el asesino murió antes), salvo la anciana dirigente fanática e irrecuperable. Final feliz e ingenuo. Si Villoslada levantara la cabeza, se quedaría horrorizado viendo hasta qué punto la realidad en “la Escualerría” actual está en un extremo tan opuesto a lo que él cuenta en su novela.

¿Y los españoles (“godos”) y su relación con los vascos? Unos y otros son pueblos, “razas” diferentes. ¿Racista Villoslada? No necesariamente: en el año 711 era difícil la mezcla de pueblos. Además sus godos no son todos buenos, pero tampoco todos malos. Ni son un pueblo inferior al vasco como para el soberbio, fatuo, racista y xenófobo Sabino.

Compleja relación entre unos y otros. Por un lado, nacionalismo en germen: ya los romanos -dice- les quitaron a los vascos parte de su tierra (Pamplona), y los godos llevan trescientos años (¿?) haciendo lo mismo. Los vascos tienen aspiración a la unidad y a su independencia. Hay conflicto por tanto, pero también posibilidad e incluso afán de alianza y de unión entre ambos pueblos. En este sentido, es significativo:

  • Que uno de los mejores entre los godos (Ranimiro) se case con una de las más aristócratas descendientes de Aitor tras abandonar ésta el paganismo y hacerse cristiana.

  • Que de su unión nazca la más importante de las dos Amayas (la otra nace y se cría en la familia aristocrática pagana, pero finalmente también se cristianiza).

  • Que esta Amaya mestiza acabe casada con el mejor de los vascos (¡se apellida “García”!).

  • Que este mejor de los vascos, Señor de Abárzuza y de las Améscoas, se una a los godos y vaya a luchar contra los invasores moros en la batalla de Guadalete (también va el Señor de Vizcaya, que muere luchando por una España cristiana).

  • Que García aspire a la armonía con los godos e incluso a la unidad (ser todos cristianos parece más importante y unir más que pertenecer a pueblos diferentes).

  • Que García acabe casándose con la semigoda, semivasca y desde niña cristiana Amaya, y que ambos acaben siendo la pareja triunfadora y modélica.

No olvidemos a los judíos. Villoslada, sus vascos y sus godos son totalmente antijudíos. No hay un judío mínimamente decente en la novela. Todos traidores, ambiciosos, malvados, buscando la ruina de España, confabulándose con los moros … Puede usted seguir, vienen a ser la antítesis de los vascos cristianos.

Con tan brutal antijudaísmo, no pueden extrañarnos hoy tantas banderas palestinas antijudías en tantos balcones, ni los miles de letreros exigiendo abertzalemente “boikot Israel”, ni las “hazañas” abertzales antisemitas en la pasada Vuelta a España (ni las simpatías peneuvistas en su día hacia el glorioso Führer, recíprocas por lo del racismo). Lamentable.