La naturaleza imita al arte (dicen). En este caso, la realidad imita al cine, en concreto a las peliculas de Torrente. Cuatro perdedores que reunían y reúnen condiciones suficientes para ser protagonistas de una película de Torrente, viajaban en 2017 en un Peugeot viejo por el norte de España buscando dar el gran pelotazo. Uno, Ábalos, imputado hoy por diversos posibles delitos; dos, Koldo, lo mismo; tres, Santos Cerdán, aún no imputado; y cuatro, el jefe Sánchez -”el uno”-, aún no imputado. Eran ya una banda y el núcleo de una banda que ha crecido mucho y se ha hecho muy poderosa.
Los personajes de las películas de Torrente se caracterizan tanto por lo físico como por el modo de actuar, por su estilo. En lo físico, Ábalos, Koldo y Cerdán no desentonarían en una película de Torrente. No así el cuarto, que no es gordo ni se le ve sudado, parece que se ducha, es alto, guapo y viste más o menos bien. Pero todo esto no es un impedimento insuperable para ser el mismísimo Torrente. Lo prueba quizás el extorero Jesulín que tampoco es gordo ni feo (tuvo éxito con las mujeres), y es personaje de películas de Torrente haciendo una especie de caricatura de sí mismo. Parecidamente, el jefe Sánchez podría ser Torrente exagerando sus rasgos de guaperas creído, chulo, sin clase, fatuo, narcisista … Y podría sobre todo porque ya en aquel 2017, de los cuatro, era él el que había mostrado conductas propias de Torrente: había obtenido un doctorado parece que mintiendo, sin hacer él la tesis, y lo habían echado de la Secretaría General del PSOE entre otros méritos por hacer trampas metiendo votos fraudulentos un colaborador suyo en una urna oculta tras una cortina. Tenía ya madera: mentiroso, tramposo, amoral, ambicioso, egocéntrico ...
Con todo, hay una diferencia grande entre él y el Torrente de las películas. Este último es un pobre diablo al que todo le sale mal, que querría ser malo y triunfar pero fracasa. El Torrente del coche viejo también fue y es malo, también quería y quiere triunfar y es mentiroso, trapacero, sin principios etcétera, pero a diferencia del de las películas ha triunfado. Sin embargo, cada vez es más evidente que vive en un mundo de Torrente: su mujer y falsa catedrática está imputada por varios posibles delitos, el jeta de su hermano que vive de nuestros impuestos y no paga impuestos, lo mismo; Ábalos, Koldo, de Aldama, otro tanto. Y el que más debería procurar el cumplimiento de la ley (su fiscal general) tratando de engañar al juez, a la UCO, a la ley, cambiando de móvil (ocultando pruebas de delitos suyos posibles) cuando fue imputado. O la Armengol presidenta del Congreso y “cariño” de Koldo. O su esperpéntica vicepresidenta Montero, o los Tito Berni y demás, o Jéssica la amiga de Ábalos, o el piso con señoritas .... Y los que vendrán. Todos como Torrente: mentirosos, tramposos, egocéntricos, amorales etcétera.
También “el uno”, pese a tener cientos de asesores, hace chapuzas dignas de Torrente: con la carta manuscrita y malescrita regalando el Sahara a Marruecos como si fuera propiedad privada suya, o con aquella película de autobombo sobre su día a día en la Moncloa (ninguna de sus televisiones se atrevió a proyectarla), o corriendo como un perrillo tras el presidente Biden, o con los cinco días “meditando” tras la imputación de Begoña, o huyendo cagado ante las víctimas de las inundaciones de Levante …
Pero si fuera Torrente al cien por cien sería un fracasado y no lo es. Además de la veta Torrente, hay en él otras que le han llevado al éxito. Por otra parte, verlo como hemos hecho, como otro Torrente, es arriesgado en cuanto que el de las películas resulta simpático por su maldad fracasada, mientras que éste no merece simpatía sino aborrecimiento y condena.
Al presentarlo como un Torrente, hemos hecho algo no muy distinto de lo que hizo Chaplin con Hitler en la película “El Gran dictador”, una caricatura. El Fuhrer aparecía allí como un tipo grotesco. Seguramente lo era en parte, y lo pareció en sus primeros mítines en las cervecerías de Munich con su físico poco agraciado y su bigotillo, y seguido por unos pocos extremistas. Y antes de su triunfo parecía condenado a la insignificancia y la mediocridad por su bajo nivel cultural, su haber llegado en el ejército sólo a cabo o su ser un pintor mediocre. Y sin embargo tenía otras dotes, intuición, ambición, falta de escrúpulos, capacidad oratoria y de embaucamiento de las masas con su racismo y su antijudaísmo… y con ellas alcanzó el éxito y el poder absoluto. Paralelamente, Torrente Sánchez en aquel coche en 2017, expulsado de la secretaría General, parecía condenado al fracaso. También hay en él algo o bastante de grotesco (se ha visto), y también su bagaje intelectual es bajo (se dice que apenas ha leído). Igualmente tiene arrojo, ambición, falta de escrúpulos, intuición etc. y ha triunfado y acumula peligrosamente poder embaucando a las masas con la extrema derecha, con el guerracivilismo, con el antifranquismo, levantando muros, mintiendo, manipulando, traicionando a la nación, acabando con la división de poderes etc. Aquél y éste son personajes perversos y nocivos. Aquél llevó a Alemania al desastre, y éste lleva a España a otra forma de desastre. El partido socialista francés y el italiano prácticamente han desaparecido. El español, desde Zapatero, ha hecho muchos más méritos que ellos para recibir laica sepultura.
Uno siente perplejidad y se pregunta cómo fue y ha sido posible que dos fracasados faltos de nivel llegaran a triunfar y a ser tan poderosos y dañinos. ¿Por qué nadie lo impidió? En el caso de Torrente Sánchez, el primer culpable (no el único) es el PSOE, que hoy es, salvo alguna excepción, la banda de Torrente. Un puesto de honor lo ocupa el PSN, cuna de Koldo y de Santos, íntimos también de la Torrente foral. Así nos va.