Un síntoma: diversas asociaciones vascas pidieron que no se colaborase y no se participase en la película “La Infiltrada”. A la productora le advirtieron: “la historia de los vascos la cuentan los vascos”.
Otro: sólo 14 de los 504 institutos del País Vasco imparten a los alumnos en 4º de la ESO y 2º de bachillerato el programa Herengun que relata los atentados de ETA, del Gal etc.”.
Otro: Cataluña, Valencia y el País Vasco no incluyen el terrorismo de ETA en el programa de la asignatura de Historia del Bachillerato.
Y otro: según una encuesta del euskobarómetro, el 44% de los vascos era partidario de “pasar página” sobre los asesinatos de ETA, y el 43% lo era de “cultivar la memoria de las víctimas”. Encuesta antigua, de hace ocho años. A saber qué se pensará ahora. Los otros síntomas son actuales.
Hay sin duda más síntomas en el fondo de lo mismo, como los “ongietorris” o el goteo complaciente con ETA de salida de sus presos de las cárceles del País Vasco por la puerta de atrás, pero fijémonos en estos cuatro, que son también malos síntomas.
Empecemos por “La Inflitrada”, que sorprendentemente fue reconocida como la mejor película en los últimos premios Goya. Digo “sorprendentemente” pensando en el panorama del cine español, pues la película deja bien a la policía nacional y mal a ETA. Ha escocido a los abertzales tanto más cuanto más radicales. Refleja un hecho real, el valor enorme de una mujer policía que se infiltró en ETA; y al mismo tiempo, la miseria intelectual y moral de algún etarra, la personalidad patológica de otro y el cutrerío ambiental de ciertos antros superabertzales. Cutrerío ideológicoalcohólico proetarra que sigue vivo, por ejemplo en las peñas cantando en el primer toro de las corridas de Sanfermín la canción “No hay tregua” del grupo "Barricada", una especie de himno a ETA. Los proetarras alcanzan su clímax de entusiasmo al berrear “Pero alguien tiene que tirar del gatillo”, y dar gritos de “ETA, ETA, ETA”.
Las peticiones-presiones de las asociaciones “kulturales baskas” a la productora de la película para que no la hiciera son también malos síntoma de lo mismo, de que el mundo proetarra sigue vivo, activo, influyente y con frecuencia dominador. En otros casos tuvo y tiene éxito. Por ejemplo en el festival de cine de San Sebastián, donde siempre ha impuesto que se celebre como si Euskadi fuera el idílico y pacífico Edén. En este caso, la promotora de la película no se sometió a la pretensión-imposición de que sólo los vascos hayan de ocuparse de, opinar sobre etc., la historia de los vascos. En el fondo, lo que venían a pretender y les gustaría es que la historia de ETA la hagan sólo los proetarras. Si lo consiguieran, sería una especie de versión abertzale de lo que son las leyes de memoria histórica de Zapatero y Sánchez en el ámbito de la historia española reciente.
En cuanto al programa Herengun, lo creó el Gobierno Vasco, o sea el PNV. Cuando se presentó, todos los partidos excepto el PNV pidieron su retirada. Las más críticas fueron ciertas asociaciones de víctimas de ETA que consideraron que tenía “una visión sesgada que alimentaba la teoría del conflicto para blanquear la actividad de ETA”. Visto su poco éxito, el Gobierno Vasco abrió un proceso de diálogo e introdujo cambios. Finalmente publicó una nota considerando arreglada la cosa: “con estas aportaciones, los cinco documentales recogen 25 voces de víctimas, 16 de ellas de ETA, una de la violencia de persecución, dos del GAL, dos de violencia policial ilícita, otras tres de los sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria y un testimonio de denuncia de torturas relacionado con el caso Egunkaria”.
No es raro que la primera versión de Herengun fuera criticada por las víctimas de ETA. Había sido promovido por los que recogían las nueces y eso podía notarse. Y sea o no suficientemente objetiva la versión modificada, es desolador que 490 Institutos de 504, el 97,3 % de los centros de enseñanza, no impartan el programa, quieran cerrar los ojos de sus alumnos al pasado violento reciente. Informaciones también recientes dicen además que los profesores que lo han impartido piden de alguna manera ayuda, indican que hay alumnos que justifican la violencia de ETA y que se han vivido situaciones conflictivas. No nos extraña nada, y es otro mal síntoma de que el apoyo a ETA continúa vivo y activo.
Parecida empeño en mantener la ceguera voluntaria sobre el pasado reciente indica también el tercer síntoma. A nivel individual, se puede entender que un familiar de un etarra, de un nazi o de cualquier delincuente quiera salvarle la cara, disculpar sus crímenes, pero a nivel global, que la sociedad vasca quiera cerrar los ojos a lo sucedido se sostiene tanto como si eso lo hubieran hecho los alemanes con el nazismo.
Siempre se pueden encontrar seudojustificaciones para cualesquiera actos por brutales que sean, pero hay ideas perversas que empujan a cometer atrocidades, y cualquiera, sobre todo en ciertas edades o situaciones, puede ser víctima de ellas. La ideología de ETA fue y es una de ellas. No reconocerlo y no combatirla es una forma de complicidad por ignorancia, error, maldad, cobardía o por lo que sea. Esperar que el mero paso del tiempo la haga desaparecer, es no sólo injusto para con las víctimas y los aproximadamente doscientos mil exiliados sino también un error. Es contribuir a que siga con vida y a su triunfo tras la jubilación de ETA. Vida y triunfo que se manifiestan en que Bildu va subiendo en votos votación tras votación. Son las nuevas nueces que caen del nogal nacionalista, amargas en este caso para el PNV y para cualquiera un poco decente, provocadas por las políticas que cierran los ojos a la historia reciente, a la verdad.
Hay quien dice que la sociedad vasca y parte de la navarra están moralmente enfermas. Hay más de una enfermedad en nuestra sociedad, pero la aquí mencionada se llama “nacionalismo”, y la subida electoral constante de Bildu prueba que va empeorando. La ominosa ley del silencio sobre la violencia etarra, que según los síntomas citados está bastante vigente, es el modo de que se perpetúe o avance.