Sin dignidad
Dignidad y respeto van juntos. Quien es consciente de su dignidad exige ser respetado. Quien acepta no ser respetado, está renunciando a su dignidad. Los españoles tuvimos fama de orgullosos hace siglos. Muy al contrario, desde hace tiempo estamos instalados en un masoquismo estúpido, aceptando no ser respetados. No tenemos líderes con sentido de su dignidad y de la nuestra, capaces de exigir respeto hacia a ellos mismos y hacia nosotros.
Un ejemplo relativamente reciente: la presidenta de Méjico Claudia Sheinbaum (ya antes su predecesor López Obrador) exigió que España pida perdón a Méjico por los abusos de la conquista “para sanar heridas históricas”. Si todas las “heridas históricas” que tienen los mejicanos son como las de una señora con un apellido tan azteca como “Sheinbaum”, todas son una farsa. Pero dejemos a un lado el apellido para no jugar con ventaja. Es muy sintomático que Sheinbaum hable sólo de heridas y no de enormes mejoras civilizadoras llevadas a cabo por España en Méjico. Como si no hubieran existido. Ningún agradecimiento por ellas. Debe de ser la “justicia” azteca. Contentos podemos estar de que no exija abrirle el pecho a Felipe VI con un cuchillo de obsidiana, extraerle el corazón y ofrendárselo al dios Huitzilopochtli.
¿Qué pasaría si los españoles dijéramos que sentimos dolores por heridas históricas y el Rey y el sátrapa dieran la tabarra a Macron y le exigieran que nos pidiera perdón por las atrocidades cometidas por las tropas napoleónicas, por el dos de mayo etc.? ¿Y otro tanto a Meloni por las barbaridades de las legiones romanas, por Numancia, por Viriato ...? ¿Y lo mismo a Marruecos por las atrocidades de los almohades, de Almanzor etc.? Pasaría que haríamos el ridículo y que seguramente Macron, Meloni y Mohamed nos mandarían a la porra. Y con bastante razón.
Pues si éstos son el diagnóstico y la respuesta que mereceríamos, lo mismo se merecen la presidenta de Méjico y quienquiera que se dedique a exhibir “heridas históricas” de hace siglos. Pero el Rey tragó la exigencia de Sheinbaum, puso cara y voz de penitente arrepentido y se humilló y confesó atrocidades de nuestros antepasados en América. Por lo que parece, fue lo único que hicimos y son las únicas atrocidades cuyas heridas se mantienen milagrosamente abiertas durante siglos y sin perdón.
Da vergüenza. Somos el único país que soporta este tipo de situaciones (nos viene pasando desde la Leyenda Negra), siendo además, como han demostrado Marcelo Gullo y otros, los que menos lo merecemos. Nos condenan y nos exigen que nos humillemos porque no nos respetan y para humillarnos. Y el Rey, al aceptarlo, se autohumilla y nos humilla con él. Nos parecemos a quien sufre bullying y acepta como merecido su maltrato. Pardillos.
No es extraño que no nos respeten fuera si no nos hacemos respetar dentro. El ejemplo más reciente de renuncia a a propia dignidad lo tenemos en la pitada y los abucheos al himno nacional y al Rey en la final de la Copa. Han sido una constante en los últimos años, al proceder alguno de los finalistas de Cataluña, País Vasco o Navarra. En esta última, pitaron y obedecieron las consignas del etarra Otegui gritando “Somos la banda de Anoeta… ¡ETA!” (por cierto, el sátrapa no asistió, no vaya a ser que la gente se dé cuenta de que gobierna con esa basura). Nunca ha pasado nada. Como si las pitadas, faltas de respeto, insultos etc. no tuvieran importancia, como si fueran lo más natural, como si mereciéramos ser pitados, despreciados, abucheados, insultados. Que los nacionalistas, que se creen raza superior, nos traten como a seres inferiores sin dignidad, no puede sorprender. Que el Rey y otras autoridades lo acepten es una indignidad inaceptable, propia de parias que admiten serlo.
Muy al contrario, desde 2008, en Francia se suspende cualquier partido de fútbol si se producen pitadas o abucheos a La Marsellesa. Los franceses no aceptan que se les menosprecie, se les insulte, se les ofenda, y hacen muy bien. Si tuviéramos líderes dignos, con sentido de su dignidad y de la nuestra, aprobarían una norma similar a la francesa y las pitadas al himno y al Rey conllevarían la suspensión del partido y la eliminación de la próxima Copa del Rey del equipo de los que pitasen. Es fácil de entender: no merecen jugar la Copa del Rey quienes no respetan al Rey y se burlan del él y de España. ¿Qué tal si jugasen unos la kopa del lendakari contra el Amurrio, el Arrigorriaga … y otros la del molt honorable contra el Palafrugell, el Palamós …
En contraste con el indigno silencio ante las pitadas y abucheos de las finales de la Copa, hace poco se organizó un escándalo y un rasgarse las vestiduras cuando una parte del público pitó al himno de Egipto y gritó “musulmán el que no bote” en un partido España-Egipto en el campo de Español. Generalmente, la parte más gritona del público del fútbol tiene comportamientos impresentables. También en este caso. Igual que deberían suspenderse los partidos si se pita al himno de España, debería haberse suspendido ese partido porque los egipcios se merecen el mismo respeto que nosotros. En cuanto a lo de “musulmán el que no bote”, fue una forma estúpida y faltona de expresar un fondo justificado, la preocupación y el rechazo ante el aumento incontrolado e imparable de una inmigración musulmana que no se integra, crea guetos, delinque mucho más que la media, tiene una religión que llama a la guerra santa contra el infiel (nosotros), cuenta con adeptos que escuchan la llamada etc.
Lo de tener “heridas históricas” es un chollo que funciona y del que algunos sacan partido si los acusados de haberlas producido son pardillos que se dejan embaucar y masoquistas como nosotros. De él se aprovechan algunos. Por ejemplo los nacionalistas en general, y en particular los abertzales navarros, que quieren hacernos creer que tienen su “herida” de 1512 y la exhiben como en el pasado algunos exhibían sus muñones. Aquéllos para pedir limosna, éstos para no respetar nada, para exigir independencia, quemar banderas españolas, gritar “Gora ETA”, pitar al himno nacional, atacar actos de Vito Quiles o de VOX etc. etc., lo que llaman “luchar contra el fascismo”. Se merecen la misma respuesta que -hemos visto- nos mereceríamos con nuestras exigencias a Macron, a Meloni o al Comendador de los Creyentes.
Y por ejemplo la izquierda, con su “Memoria histórica” y más en concreto con el Monumento a los Caídos de Pamplona. Actúan como si hace noventa años los suyos no hubieran cometido atrocidades, como si sólo ellos tuvieran derecho a tener “heridas históricas” abiertas y sangrando sin cesar. También éstos se creen superiores como los nacionalistas, aunque de modo diferente: “progresistas, del lado bueno de la historia” (con Xi Jinping, Maduro, Petro, Hamas, los ayatolas …, lo mejor de cada casa). Lo suyo se parece a las pitadas de los nacionalistas en el fútbol pero en peor: imponen la condena histórica perpetua, el desprecio, la difamación, la humillación a perpetuidad, los insultos (¡“fascistas, cuneteros!”) para los muertos de la derecha. Cero respeto, cero espíritu de reconciliación, puro revanchismo guerracivilista. Todo lo contrario para los suyos: inocencia, exaltación, homenajes. Y como en las pitadas del fútbol, la derecha (salvo VOX algo) traga, calla sumisa, con encefalograma plano también en este asunto, sin dignidad. Únicamente seudodiscrepa mirando para otro lado, desviando la atención, haciendo como si en lo de Los Caídos se tratase sólo del discutible valor estético del Monumento. Les mean encima y dicen que llueve.