Opinión

Contra el santo y contra los toros

Bildu ha anunciado una encuesta a 1.300 personas supuestamente para conocer el grado de aceptación o rechazo de las corridas de toros y del encierro, así como el nivel de devoción a San Fermín. No vamos a entrar en las justas objeciones que se han puesto relativas al número y modo de selección de los encuestados, a los porcentajes que indicarían aceptación, rechazo, devoción o pasotismo religioso, a la necesidad o no de una encuesta para conocer la realidad sanferminera, o a si, como suele, acabará reflejando la realidad no como es sino como le gustaría que fuera a quien la encarga, a Bildu. La encuesta busca -dicen- avanzar hacia unos sanfermines más sostenibles y con mayor proyección internacional, y también reorientar la imagen de las fiestas. Lo de la sostenibilidad y la proyección internacional es idioma politiqués, palabrería. Con similar falta de veracidad podían haber dicho que la encuesta busca unos sanfermines más inclusivos, más igualitarios, más solidarios, más abiertos al mundo, más feministas, más elegetebeístas, más ecológicos, más respetuosos con el cambio climático, más defensores de las especies en peligro de extinción, más libres de agresiones sexistas, de xenofobia, de machismo y de fascismo, más lo que haga falta para parecer progre, políticamente correcta. Lo de reorientar la imagen de los sanfermines ya es más verdad, y sin duda la reorientación va contra el santo y contra los toros. Porque “reorientar” es resignificar, cambiar el sentido de algo, en este caso de los sanfermines, adecuándolos a la ideología del reorientador, de Bildu. Y no es ningún secreto su postura frente a los toros y la religión.

¿Por qué “reorientar” ahora? Hay quizás dos explicaciones complementarias, no excluyentes. La primera, porque Asirón, Geroa y el PSN iniciaron hace algún tiempo otra resignificación, la del Monumento a Los Caídos, y como apenas han encontrado oposición en el PP y UPN (partidos más o menos afines a los allí homenajeados), ni en sus descendientes (mezcla de cobardía y traición), se han animado a tirar p’alante y a seguir resignificando, en este caso a los sanfermines. La segunda tiene que ver con Pedro Sánchez, con que haga lo que haga, mienta lo que mienta, chapotee lo que chapotee en la corrupción y la desvergüenza, parece que no pasa nada. La sumisión de buena parte del pueblo español parece hoy tan grande ante los desmanes de la izquierda que explica que estén envalentonados y dispuestos a seguir cambiando las cosas, adecuándolo todo (totalitarismo) a su ideología. En última instancia además, Bildu aspira a resignificar Navarra haciendo que pase a ser una parcela de la Euskadi Una, Grande y Libre. 

Por otra parte, la operación tiene lógica. La sociedad navarra hace ochenta años era cristiana. Hoy es en su mayoría atea: sólo una minoría va a misa, se casa por la Iglesia o bautiza a los hijos. Naturalmente, el Frente Popular entonces era derrotado por goleada, mientras que hoy gana y gobierna. Y como siguen teniendo el odio de siempre al cristianismo, tratan de hacerlo desaparecer de la sociedad. La encuesta apunta a eso. 

La eliminación de la parte religiosa de una fiesta en una sociedad mayoritariamente atea parece que no ha de ser muy difícil. Bastará casi con retirar todo apoyo municipal a los actos religiosos y con hacer la competencia a esos actos con actos festivos laicos potentes en la calle (la Pamplonesa tocando, los gaiteros lo mismo, las charangas de la peñas otro tanto, la comparsa bailando …). En pocos años, los actos religiosos serán muy minoritarios, el Frente Popular estará feliz y la cotización de Asirón subirá en su partido. Sanfermines ateos, “progreso”. 

Además, los nacionalistas vascos son especialistas en inventar tradiciones “antiquísimas”. Lo hicieron con el Olentzero para resignificar las Navidades quitándoles el carácter cristiano y dándoles un sentido abertzale. Lo han hecho en las fiestas de Bilbao inventándose un personaje femenino, la Marinosequé. Fácilmente podrían inventar aquí alguna figura falsamente mitológica y falsamente antiquísima y entronizarla como sustituta de San Fermín. La predisposición de la feligresía abertzale a aceptar lo que sea en estos asuntos es ilimitada.

Más difícil parece lo de eliminar en los sanfermines el encierro y las corridas. Se ha dicho con razón que sería como quitar las fallas en Valencia o la Feria en Sevilla, un disparate. Pero los toros son algo muy español, y los enfermos de odio a España los eliminarían si pudieran, aunque hacerlo conllevase convertir en irrelevantes a los sanfermines. Además, el posicionarse contra los toros le permite a Bildu aparentar buenismo, amor por los animales. Farsa de un partido despiadado que finge asquitos ante el derramamiento de sangre de toros pero ha aplaudido y sigue homenajeando a quienes han derramado la sangre de cientos (miles contando los heridos) de seres humanos. Jack el Destripador dándoselas de miembro de la sociedad protectora de animales. Y también farsa la de una sociedad abortista que no se inmuta al derramar la sangre de cien mil fetos al año y aparenta no soportar la sangre de los toros (no de los toreros) en las corridas. 

Para finalizar, no olvidemos nunca que todo lo que hace Bildu en el Ayuntamiento de Pamplona o donde sea (que Asirón sea alcalde, esta encuesta, el anteponer los nombres en euskera en las calles, los homenajes de Ernai a etarras presos etc.) es en última instancia responsabilidad de los socialistas, pues es el precio que pagan para que Chivite se siente en el Gran Sillón y casi todos los afiliados en sillones de altos cargos y buenos sueldos, y tengamos gracias a ellos una maravillosa Sanidad progresista, innumerables industrias progresistas pugnando por instalarse en Navarra o impuestos progresistas administrados con esa austeridad y eficacia progresista capaz de crear sin inmutarse cien innecesarios altos cargos para los colegas.