“Toque de atención de los sindicatos ante el “desmantelamiento” de la industria”. “Situación de incertidumbre“. “Declive del sector manufacturero”. ”Reclamar unánimemente a las instituciones una respuesta contundente para invertir esta preocupante tendencia”. “Reclamar una movilización institucional y social para frenar el declive del sector manufacturero”. “Unirse en defensa de la industria navarra”… Cuando a comienzos de febrero los medios publicaron este tipo de noticias y expresiones, y que los sindicatos más poderosos (CCOO, UGT, ELA y LAB) se habían unido para organizar una manifestación el reciente día 16 con el objetivo de invertir esa tendencia negativa en la industria, los “progresistas” de a pie, si existen, tuvieron que quedarse perplejos y pensar “pero no llevamos nueve años y medio gobernados por partidos progresistas? ¿Acaso no estaba garantizado el progreso? ¿No estarán los sindicatos siendo víctimas de alguna fake news de la ultraderecha”?
Cierto que ya había habido “progresos” en muchos sectores, en Sanidad, en Educación, en Vivienda, en infraestructuras (TAV, Canal de Navarra …), en subidas de impuestos, en despilfarro en funcionarios innecesarios y en chiringuitos superfluos, en gestión pésima de la renta básica, en inmigración descontrolada, en inseguridad creciente, en multiculturalismo engañosamente buenista, en aumento de abortos y divorcios, en invierno demográfico y carencia de futuro, en adoctrinamiento sexual elegebeístico en las escuelas etc. etc. “Progresos” de este tipo estaban bien a la vista y no podía extrañar que en la industria se produjera algo parecido. Pero por nada de lo anterior esos cuatro sindicatos habían organizado manifestaciones. Mal tienen que estar las cosas para que se hayan decidido ahora a tocar a rebato y convocar.
Nuestra amada líder no comparte la visión de los sindicatos, no reconoce que exista el problema. Por tanto, la probabilidad de que lo solucione es la misma que ya ha demostrado en Sanidad y en los otros asuntos citados. Al tratar el caso en el Parlamento, dio pruebas de su ineptitud, y en vez de reconocer el problema y sus propios errores y de promover soluciones, se dedicó a abroncar a la oposición (¿equivocarse una progre? Jamás). Pero cuando un gobierno malgobierna, como es el caso, la oposición ha de plantear una moción de censura si puede, y si no, ha de pedirle que se vaya, para que la opinión pública tome conciencia de la gravedad de la situación.
¿Qué habría pasado si hubiera estado gobernando la derecha? Primero, que probablemente no habríamos llegado a esta situación. Segundo, que si se hubiera empezado a producir algo así, los sindicatos habrían organizado desde hace mucho tiempo movilizaciones y protestas contra el gobierno. En este caso, el acto del día 16 no fue convocado para protestar contra el gobierno y exigirle urgentemente medidas concretas etc. etc., sino para un impreciso “reclamar una movilización institucional y social para frenar el declive”. Se refirieron a las instituciones en general, no concretaron. Acaso entre las instituciones a las que apelaban estaban también las deportivas, las culturales, las religiosas u otras. Quizás pretendían que Budimir o el Sr. Arzobispo se dediquen también a visitar empresas y a pedirles que vengan a Navarra o que no se vayan.
El evento del día 16 recordó a las antiguas rogativas. Cuando Navarra creía en Dios y había sequía, la Iglesia organizaba rogativas y la gente se echaba a la calle a rezar y a pedir agua. Ahora los sindicatos nos pidieron que saliéramos a la calle a pedir empresas. Antes se pedía a Dios. ¿A quién se pidió el día 16? ¿A las empresas que ya están para que no se vayan y a las que no están para que vengan? En cualquier caso, es una ingenuidad o una tomadura de pelo creer o pretender que, por salir muchos a la calle, ya no van a irse las empresas, o sobre todo que vayan a venir otras. Sería quizás más eficaz que el Sr. Arzobispo convocase rogativas a la antigua usanza.
Los sindicatos convocantes criticaron no al gobierno sino a las “decisiones que toman las multinacionales sin ningún pudor” y a “esa corriente global de deslocalizaciones”. Lo que sugiere que piensan que la culpa de nuestros agobios economicolaborales no es de nuestros malos gobernantes “progresistas” sino de las malvadas empresas. Opinión que difícilmente animará a muchas empresas a venir a Navarra.
Los cuatro sindicatos no son objetivos porque ellos mismos son la otra cara de los partidos que nos gobiernan, y simplemente se autodefienden y no atacan al gobierno de los suyos. Además silenciaron la obviedad de que esa decisiones empresariales y esa corriente global de que hablaron se dan igualmente en otras autonomías, incluso fronterizas con la nuestra, y ahí van empresas, no se van. Es la diferencia entre las políticas inteligentes, basadas en el trabajo, y las basadas en la incompetencia, la palabrería y la demagogia “progresista”. La situación en la que nos encontramos no es tampoco el resultado de un mal día del gobierno, sino el fruto de unas políticas continuadas, de un rumbo mantenido. Se cosecha lo que se siembra. Los sindicatos nos pidieron que nos echásemos a la calle para hacer como que hacíamos algo. Deberían pedirnos que nos pensemos bien a quién votamos.