Resignificación de “Los Caídos”. Novedades
“Me importa un bledo lo que se vaya a hacer con Los Caídos de Pamplona. Ya tengo bastantes problemas”. Si alguien dijera algo así sería en cierto sentido comprensible. Sin embargo, debería darse cuenta de que desentenderse de ese asunto es como desentenderse si se difama y condena pública y falsamente a alguien de su familia.
En el caso de Los Caídos, conviene distinguir la forma y el fondo. En su origen, el fondo consistió, no en exaltar a criminales de guerra como miente a sabiendas el proetarra Abaurrea, sino en ser recuerdo y homenaje a los muertos del bando nacional en la guerra civil. A los que tenemos familiares entre ellos, nos parece bien que al menos se respete su memoria y mejor se les honre. Tan bien como les parece bien a los que tienen muertos del otro bando que se respete y honre la de los suyos. No podemos aceptar que se nos imponga el olvido, la deshonra y la difamación de los nuestros mientras se mantiene y ensalza la memoria de los suyos.
La forma es secundaria en este caso. Sería indiferente que fuera otra. Habría sido incluso más adecuada otra, un monumento austero y humilde, como austeros y humildes fueron en su gran mayoría los que fueron voluntariamente a Pamplona aquel 18 de julio y después murieron en el frente o en una cuneta. Si sólo fuera una cuestión de forma, importaría poco que se derribasen las arcadas de Los Caídos o todo él, o se le pusiera una especie de gran gorro de cocinero a la cúpula como ahora se pretende. Pero la forma está ligada al fondo. Importa por él.
Ya en tiempos democráticos, los partidos de derecha (UPN, UCD, CDN, PP) optaron por conservar la forma, pero eliminaron lo importante, el fondo, y convirtieron Los Caídos en una Sala de Exposiciones, ocultando o eliminando la memoria y el homenaje a sus propios muertos. Un error (y más cosas) que no sirvió para nada bueno: no hizo nacer el espíritu de reconciliación en la izquierda ni aplacó su ansia de revancha; revancha que ahora lidera Bildu, al mando del Ayuntamiento de Pamplona. Y para que nos enteremos de quién manda, exigen para Los Caídos cambios drásticos de forma y de fondo que rezuman odio y perversidad proetarra.
En cuanto a la forma, la desaparición de las arcadas y de la cripta y la ocultación de la cúpula bajo el “gorro de cocinero”. Autoridades, entidades y asociaciones diversas se han pronunciado contra tales cambios en la forma y se han presentado recursos: que si las arcadas son armónicas, que si la cúpula es valiosa por esto y por lo otro etc.
¿Cambios en la forma porque creen que Pamplona quedará más bonita sin las arcadas y con el “gorro” en la cúpula? De ningún modo. Por motivos de fondo. No se contentan con eliminar el fondo originario, sino que quieren romper hasta la forma originaria por haber estado vinculada a él. Tal es su odio a nuestros muerto y en última instancia a nosotros. Y más importante: pretenden resignificar Los Caídos convirtiéndolo en un Museo no a favor de la paz, contra las guerras, sino “para la recuperación de la memoria democrática” (será de la “democracia” abertzale del tiro en la nuca) y “la denuncia del fascismo” (no del comunismo, esa maravillosa dictadura “democrática” que querían imponer los “buenos” y de la que nos impidieron disfrutar “los fascistas”). No para favorecer la reconciliación y el perdón mutuo entre los herederos de los antaño enfrentados. Al revés: para, mediante el “Memorial antifascista”, señalar (insultar) y condenar como “fascistas” a aquellos muertos, los nuestros, a los que se quiso homenajear precisamente en ese lugar. Los Caídos va a pasar, de servir para honrar la memoria de nuestros muertos, a servir para difamarlos e insultarlos. Consecuencia de las leyes de Memoria. Como se ha dicho, el proyecto rezuma odio y maldad. Sería preferible la demolición.
Recientemente ha habido novedades: el Colegio de Arquitectos ha descalificado las exigencias relativas a la forma de los proetarras, y en prueba de ello ha abandonado el equipo encargado de establecer las bases de un nuevo concurso internacional de proyectos. Pero el alcalde Asirón se ha encaramado a la Presidencia del Jurado, un Jurado con muchos amigos, y siguen adelante con tanto más ímpetu cuanto más sectarios son y más falsifican la historia. UPN ha criticado el malgasto y ha pedido que se paralice el concurso y se dé voz a la gente para decidir el uso de Los Caídos. La petición es buena. Habría sido mejor si la hubieran puesto en práctica cuando decidieron convertirlo en Sala de exposiciones.
Para completar el programa, al tiempo que borran e insultan el recuerdo de los muertos de la derecha con ese akelarre “antifascista”, llenan Navarra de monumentos y memoriales de sus muertos, de los presos de San Cristóbal, de los que picaron piedras en un carretil de Roncal a Vidángoz etc. Consecuencia de las revanchistas leyes de Memoria. Hace falta ser muy sectario para instaurar y aceptar una situación tan desigual.
Una sociedad que permite desde la indiferencia la deshonra y el insulto a sus muertos es indigna. Si la forma del Monumento es secundaria y las hordas van a desvirtuarlo y profanarlo, la sociedad no indigna tiene la posibilidad de no someterse y levantar otro, esta vez austero y humilde, a sus muertos. Y si lo impiden leyes de Memoria sectarias y revanchistas, imprescindible derogarlas.
Por su parte, ni UPN ni el PP, que tienen concejales en el Ayuntamiento de Pamplona, aclaran qué uso quieren ellos para Los Caídos, qué harán cuando recuperen la mayoría en el Ayuntamiento. Deben decírnoslo antes de que se vote. VOX debe también pronunciarse aunque no esté hoy en el Ayuntamiento.