Pedagogía seudodemocrática
Con ocasión del cincuentenario de la muerte de Franco y de los primeros pasos hacia la democracia, algún asesor listo debió de aconsejar al Presidente que no le convenía que todo fuera combatir al difunto y desacreditar a la UCO y al Tribunal Supremo, y que le favorecería jugar también un papel como más institucional, menos sectario. El resultado fue la publicación en los medios de una especie de largo telegrama dirigido al pueblo:
“Poder opinar. Poder creer en Dios. Poder no creer. Poder ser de derechas, de izquierdas, de centro. Poder ser de nada. Poder abortar. Poder casarte con quien quieras. Poder ser monárquico. Poder ser republicano. Poder morir con dignidad. Poder ser nacionalista, progresista o conservador. Poder estudiar en tu lengua. Poder querer sin miedo. Poder luchar por lo que crees. Poder cuestionar a los poderosos. Poder cuestionar las noticias. Poder cuestionar este anuncio. Poder apoyarlo. La democracia es tu poder”.
Aparentó con él hacer pedagogía democrática, como que nos enseñaba a la plebe ignorante qué es la democracia. El maestro Ciruela, que sin saber leer puso escuela.
¿Qué podía buscar con esa letanía de poderes y con el broche final “La democracia es tu poder”? Que el lector pensase “¡qué poderoso soy!”, se sintiera por ello satisfecho de sí mismo y a la vez del Gobierno que le “da” tantos poderes. Lo que hacen los demagogos, halagar al pueblo y engañarlo al mismo tiempo. Este demagogo pudo buscar además que, al pensar que puede mucho, el lector no pensase en que no puede cosas esenciales como comprarse un piso o mantener una familia.
Para llegar a la verdad de fondo del “telegrama”, en “La democracia es tu poder” conviene leer “la democracia es MI poder”, pues ésa es su idea antidemocrática de la democracia: tener todo el poder, también el judicial. Quedó una vez más patente en el juicio a su Fiscal General, cuando él dictó sentencia antes de que lo hiciera el Supremo, buscando que los jueces se le sometieran. Como no lo hicieron, sus huestes antidemocráticas los acusaron de dar un golpe contra la democracia. Episodio indecente, venezolano. Ha llevado las cosas a un punto tal, que aparentar normalidad democrática es hacerse cómplice de su poder antidemocrático. Una forma grave de esa complicidad es la del PP en Europa cogobernando mano a mano con el PSOE, transmitiendo con ello el mensaje de que su socio se comporta como irreprochable demócrata. Complicidad que descalifica al PP. No puede extrañar que Europa no nos ayude en este asunto.
Es revelador también que en el “telegrama” aparezca la palabra “poder” dieciocho veces y ninguna la palabra “responsabilidad”. Revelador de que eso es la democracia para el neocaudillo: tener todo el poder sin responsabilidad, con impunidad. Cuando éramos una democracia y no una seudodemocracia, se hablaba de las responsabilidades “in eligendo” e “in vigilando”: se pensaba que si un gobernante elegía mal a sus colaboradores o no evitaba corrupciones en ellos, era corresponsable políticamente aunque él no se hubiera corrompido y debía dimitir. Con Sánchez estamos a años luz, en realidad no luz sino oscuridad, de aquello. Tiene toda la pinta de que el jefe de la banda no se equivocó al elegir colaboradores o al vigilar, sino que los eligió y vigiló para que delinquiesen. Pero no asume responsabilidades. Con el autodenominado “progresismo” apoyando la corrupción. Y en Navarra, raíz de la corrupción nacional, lo mismo: Gobierno auspiciado por uno de los líderes de esa corupción (presunto), con inacabables irregularidades y trapacerías malolientes, y todo el progresismo agarrado cual lapa a los sillones, a los sueldazos. Bonitos ejemplos de seudodemocracia.
Vayamos a alguno de los poderes concretos mencionados en el “telegrama”. Si la democracia es “Poder creer en Dios. Poder no creer”, tendría que haber respeto por las creencias religiosas, pero no lo hay hacia el catolicismo: hay procesiones blasfemas, sagrarios profanados, cruces derribadas, amenazas tipo “arderéis como en el treinta y seis”, pintadas insultantes, cabalgatas de Reyes que son una burla etc.
Dice que la democracia es “Poder ser de derechas, de izquierdas, de centro” y “Poder ser nacionalista, progresista o conservador”. Si es lo primero, no hay tal con él en el poder, en cuanto que eso primero exige respeto hacia todas las opciones políticas, pero él y los suyos no lo tienen: llaman “ultraderecha” y “fascismo” “fachosfera”, etc. a todo lo que no apoye a Sánchez, y levantan muros para impedir la alternancia democrática en el poder. Lo segundo confirma el diagnóstico, al haber zonas en las que no se permite ser nacionalista español.
Si nuestra democracia es “Poder abortar”, tenemos una democracia en la que impera un egocentrismo feroz e inmoral; y cínicamente contradicatoria, pues sufraga el asesinato de fetos humanos mientras multa o encarcela a quien envenena a un perro; o se rasga las vestiduras ante el dolor del toro en las corridas.
Si una democracia es “poder casarte con quien quieras” y esa democracia iguala en valor al matrimonio heterosexual y al homosexual o al matrimonio con un perro etc., o a la familia natural y a las neofamilias como hace la nuestra, es una democracia desnortada, ciega para los valores morales y sociales. Pudo muy bien haber añadido: “la democracia es poder elegir el sexo que te dé la gana”, o “la especie que te apetezca”, o “tener hijos o tener perros”, o “sentirte y por tanto ser Napoleón” etc. Es la democracia desquiciada y decadente la que es todo esto, la que hemos acabado siendo.
Si la democracia es “Poder estudiar en tu lengua”, no hay duda, no vivimos en una democracia (ver Cataluña o Euskadi).
Y claro que es democracia “Poder cuestionar a los poderosos. Poder cuestionar las noticias”, pero no es democracia montar, como el neocaudillo ha hecho, un aparato de propaganda descomunal, sectario, propio de una dictadura, despilfarrador de millones para evitar que los sectores indefensos ideológicamente cuestionen su forma de gobernar infame.
El “telegrama” dice también que la democracia es “Poder opinar”. Sí, pero ¿y la verdad? Debería decir que la democracia es poder buscar la verdad y poder decirla. Ya hemos visto que toda su “lección de democracia” adula demagógicamente al lector diciéndole “eres muy poderoso”. También en esto lo adula, lo engaña y lo corrompe intelectualmente empujándole a creer que tiene el poder de que su opinión sea ya sin más la verdad. Es un mensaje subjetivista, también egocéntrico, ególatra. Además, ¿qué importa la verdad en el sanchismo? Importa la mentira, instrumento esencial para gobernar y mantenerse en el poder. Dicho de otro modo: la verdad es en cada momento la mentira que dice el puto amo, pudiendo ser contraria a la del momento siguiente. Democracia corrompida.