Parábolas
Las auténticas las dijo el Maestro para ejemplificar su mensaje de salvación y la situación en la que se encontraban Él y sus oyentes. Relatos sencillos, empezaban diciendo “el Reino de los cielos es semejante a ...”. Si lo consideraba necesario, las interpretaba, y solía acabar con un inquietante “el que tenga oídos para oír, que oiga”.
Las que siguen no implican pretensión alguna de magisterio ni transmiten mensajes de salvación ni hablan del hoy olvidado Reino de los Cielos, pero sí pueden reflejar de algún modo la penosa situación de nuestro reino:
El reino de España es semejante a un viejo con Alzheimer, con una Memoria deteriorada y falseada, que ignoraba de dónde venía y a dónde iba, incapaz de dirigir racionalmente su vida e inmerso en un proceso de deterioro progresivo. Falto de defensas, y con dos cánceres en dos partes importantes de su cuerpo (¿...?) no tratados adecuadamente o incluso dejados a su libre desarrollo y metástasis. Y con un proceso infeccioso muy grave (¿...?) que afectaba a todo el organismo, también sin tratamiento eficaz.
Se asemeja también a una Liga de Fútbol en la que dos equipos (¿…?) tenían comprados algunos árbitros y a la Federación sometida: les había concedido el derecho a tocar el balón con la mano, a pegar patadas al contrario, a que se les pitasen dos penaltis a favor por partido y a decidir cuándo acababa el juego. Y los pardillos de los otros equipos aceptaban competir con ellos.
Se parece además a un clan que heredó tierras, situación económica aceptable y ambiente familiar cordial. Pero no mejoró ni mantuvo lo heredado, vivió por encima de sus posibilidades, malgastó y se endeudó. Surgieron particularismos, insolidaridades, desuniones, desigualdades, rupturas. Apenas tenían hijos y fueron siendo colonizados por miembros de otros clanes. Tuvo jefes incapaces de afrontar su situación y remediarla.
Se asemeja a un rebaño de ovejas que erraba sin pastor dirigido por el macho cabrío mayor y su “corte” de cabras y machos cabríos secundarios. Sin ningún objetivo más importante que el de mantenerse el cabrón y su corte en cabeza. Les seguía dócil la grey, movida en unos casos por el estúpido instinto gregario, y en otros por el estómago agradecido de los favorecidos con pastos privilegiados. Acabó perdido en el bosque y disgregado.
Se parece también al de un Rey que tuvo el triste destino de ser un Rey pasmado y contemplar impotente, aunque aparentando dignidad y majestad, el deterioro de su reino, su decadencia, su disgregación.
Es semejante a un pueblo en el que dos familias (¿…?) presumían de nobleza y exigían trato acorde a su naturaleza superior. Consiguieron múltiples prebendas: agua y luz gratis, no pagar impuestos, recibir anualmente el diezmo de la cosecha de sus convecinos, nombrar y cesar al alcalde etc. Nada les parecía suficiente. Y el pueblo “soberano” tragaba.
Se semeja a la nave de los locos capitaneada por un ególatra ignorante que decidía el rumbo a su capricho, con una tripulación cómplice que le jaleaba y un pasaje que, en unos casos, se desentendía entregado al carpe diem, mientras en otros contemplaba angustiado e impotente el rumbo suicida hacia el horrible Mar de los Huracanes.
Se parece igualmente al reino visigodo del 711 invadido desde el Sur y perdido por la traición de unos, la incompetencia y la cobardía de otros. Más degenerado, no muestra signos de lamentar la pérdida ni capacidad de emprender reconquista alguna.
También a pueblos del Far West bajo el yugo de un déspota sin escrúpulos, impune él y su banda con el sherif a su servicio. Imponía su ley, exigía obediencia y tributos, y sus hombres robaban de vez en cuando el Banco. Los vecinos, más timoratos cuanto más ricos, resultaban incapaces de librarse de ellos.
Es semejante también a una partida de póker en un Saloon, en la que un tahúr tramposo jugaba con cartas marcadas y desplumaba a sus adversarios.
Y es semejante a las pesadillas de “La Máquina del Tiempo”, “Un Mundo Feliz”, “1984” o “Rebelión en la granja”: pasividad conformista, hedonismo materialista, gobierno de la mentira y la manipulación, poder en manos de una casta corrupta y falsamente igualitaria ...
El que tenga oídos …
¿Hasta que un día dé la vuelta la tortilla y todo cambie para bien?