Opinión

El panteón carlista de Estella y Los Caídos de Pamplona

A final de enero, el Ayuntamiento de Estella (con votos del PP, UPN, Geroa y Bildu) aprobó la propuesta del PP de incorporar al Patrimonio de Navarra el panteón que alberga los restos de algunos jefes militares carlistas de la tercera guerra. Y de pedir al Gobierno foral que restaure y adecente el monumento. UPN argumentó que el panteón “proporciona una conexión tangible con el pasado y muestra la evolución cultural, política y social”. Bildu apoyó la propuesta “por entender que se trata de un elemento del patrimonio cultural que sirve para comprender la historia de Navarra”. Y Geroa Bai, por considerar “importante consagrar un grado de protección a un elemento importante que representa el trabajo a favor de un símbolo de lucha por los fueros de Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa” (enseñó sin venir a cuento su patita nacionalista). 

Lo que dijeron unos y otros del panteón de Estella se puede repetir referido al monumento de los Caidos de Pamplon. Si nuestros antepasados no hubieran levantado ambos monumentos, nos habrían ahorrado el tener que estar aquí dando vueltas a qué hacer con ellos. Los dos reflejan los gustos de sus épocas. El de Pamplona, el triunfalismo, la aparatosidad, la grandilocuencia típicos de la dictadura. El de Estella honra a quienes provocaron tres guerras civiles en el s. XIX y lucharon bajo el lema “Dios, patria, Rey” contra el liberalismo para establecer una monarquía tradicional. El de Pamplona se construyó como templo, panteón (restos de dos jefes militares) y panteón simbólico (nombres de los muertos) para honrar a los carlistas (y a otros) que provocaron en 1936 su cuarta guerra civil y lucharon bajo el mismo lema “Dios, patra y Rey”, en ese caso contra el marxismo y el anarquismo, para establecer igualmente la monarquía tradicional. Las tres del XIX las perdieron. La del XX la ganaron en lo militar pero la perdieron en lo político pues no lucharon por una dictadura. 

Existiendo tales semejanzas de fondo, si en los abertzales hubiera algo de sensatez y coherencia, apoyarían hacer con los Caídos algo simliar a lo que han apoyado para el panteón de Estella. Muy al contrario, han acordado con los socialistas resignificarlo, hacerlo desaparecer como panteón simbólico, derribarlo parcialmente y ocultar su cúpula, disfrazándolo de no se sabe qué. Una especie de operación “trans” para eliminar el odiado cuerpo original de Los Caídos. Si lo consiguen, cambiado el cuerpo quedará el odiado nombre, ¡”LOS CAÏDOS”!, que seguirá haciendo presente la odiada culpa original del monumento. Doble contra sencillo a que intentan también cambiarlo. 

Lo de los abertzales es de psiquíatra. Dan un trato opuesto a dos realidades semejantes. Su postura en Estella refleja cierto respeto o simpatía hacia los carlistas del XIX. La de Pamplona, odio a los carlistas del XX. Quizás esto último se deba a que intuyen que son el resultado de la corrupción de ese carlismo del XX y les cabrea. 

Una vez establecida la democracia, la Iglesia y las derechas fueron impulsando medidas que buscaban quizás cerrar heridas y hacer Los Caídos aceptable para todos. Se sacaron los restos mortales de los jefes militares sublevados, se desacralizó el templo, se convirtió en “sala de exposiciones”, se eliminaron placas o elementos ligados a la dictadura. Al ser los caídos en el monumento inicial sólo de un bando, se optó por borrar prácticamente toda referencia a ellos, como si avergonzasen. Se renunció así al sentido original del monumento, recordarlos y rendirles homenaje. Mala solución, y además sin éxito. Habría sido más acertado ejemplificar el perdón mutuo, la reconciliación, reunir a los muertos de los dos bandos. Pero la izquierda lo ha hecho imposible con las leyes de Memoria de Zapatero y Sánchez. No ha buscado ni busca el perdón mutuo ni la reconciliación, sino mantener encendidas las brasas del conflicto, del rencor. No ha buscado el diálogo ni el acuerdo, sino la imposición. Impuso que a sus muertos se les honre y que no se honre o se deshonre a los de la derecha. Aceptar esta doble vara, como se ha hecho, es indigno. De ese modo, ha ido llenando Navarra de monumentos, monolitos, polilitos o centros de Memoria que honran a los suyos mientras reclamaba derribar Los Caídos, y eliminaba otros monumentos o placas que honraban a los muertos del otro bando. 

Si abertzales y socialistas acaban llevando a cabo su acuerdo talibán y guerracivilista, los partidos de derechas estarán obligados a decirnos qué harán al respecto si tienen un día mayoría (existe el precedente de Rajoy). Lo que es malo y se ha impuesto sin diálogo ni consenso, se debe eliminar del mismo modo. 

Por su parte, tampoco el Arzobispado debería mirar para otro lado, pues el acuerdo de marras incumple las condiciones bajo las cuales cedió Los Caídos (no la cripta) al Ayuntamiento en 1998: darle uso cultural, educativo, para exposiciines artísticas, y mantenerlo en buenas condiciones (no mutilarlo ni metamorfosearlo).

Para acabar, un caso menor pero que ejemplifica la situación que acabamos de denunciar: en Roncal hubo una placa recordando los nombres de los muertos del pueblo en la guerra del 36-39, todos del bando nacional. La quitaron. Han levantado un monolito y un tablero explicativo en dos lugares diferentes en recuerdo-homenaje a unos vencidos que, tras la guerra, trabajaron en una carretera. Y no hay ningún recuerdo ni homenaje para un hijo del pueblo, Enrique Sanz (creo que ése era su apellido, o quizás Orduna), de casa de Cochua, combatiente del bando nacional que fue hecho prisionero en el estrecho de Quinto y trasladado a Huesca. Una hermana suya nos contaba que intentaron en vano liberarlo, arruinándose en el intento. Y que “rojos” de Isaba iban a la cárcel a hacerle sufrir: “¡te vamos a matar!”. Ocurrió. Su cadáver estará en alguna cuneta ignorada de Huesca. Nadie le recuerda. Para la “memoria democrática” de doble vara, el asesinato vino a ser un acto de justicia democrática y el “ajusticiado” merece el olvido. Si hubiera sido de izquierdas, sería una víctima de la violencia fascista y tendría monolito y asociación memorialista. Se cumple por nuestra culpa lo de la rima de Bécquer: “Dios mío, qué solos se quedan los muertos”. Si fueron de derechas.