Mí no entender

De mayor quiero ser, entre otras cosas, experto en geostrategia, porque hay asuntos importantes que ahora no entiendo, que no veo que se hayan explicado, que se sepa la verdad sobre ellos y que se actúe en consecuencia.

Un asunto de éstos, viejo pero determinante para el destino de España, es el del atentado en los trenes de Atocha. Cambió el rumbo de España, y clarísimamente a peor. Sobre las cuestiones clave en él (quién lo diseñó y dirigió y para qué), exministros que fueron importantes y parecen veraces, como Trillo o Mayor Oreja, aseguran que fueron llevados a cabo por comandos enviados por Marruecos y bajo control francés. Y ante la pregunta de qué objetivo perseguirían Francia y Marruecos con las bombas, responden que el objetivo fue que España no siguiera adelante en su aproximación a EEUU y perdiera peso político a nivel internacional, debilitarla. Fuera o no fuera ése el objetivo, se consiguió. Y lo mismo -veremos- a nivel interno, debilitar la nación (“concepto discutido y discutible”). En definitiva, perjudicar a España fuera y dentro. Objetivos logrados.

Es fácil ver que a Marruecos le convenía, ¿pero a Francia? Los no geoestrategos no lo vemos. Y a nivel interno, se entiende que Zapatero no quisiera que el atentado se aclarase, que desguazase los trenes impidiendo llegar a la verdad completa, o que no diera respuesta alguna a los atentados. No en vano alcanzó el poder gracias a aquellas bombas. Y no sólo eso. Como si estuviera agradecido a los autores del atentado y quisiera complacerles, desde su hipócrita talante hizo la política antiespañola que ellos pretendían: en el escenario internacional, nos separó de EEUU no levantándose ante su bandera en señal de desprecio, sacando de inmediato las tropas de Irak o creando una ridícula “Alianza de Civilizaciones” con Turquía que nos significaron como no fiables y se tradujeron en una pérdida de peso a nivel internacional. Y a nivel interno ya se ha dicho que otro tanto: impidió la acción conjunta con vistas al bien común (derogación del Plan Hidrológico), introdujo la desunión, el resentimiento, el guerracivilismo, el afán de venganza (Pacto del Tinell, Ley de Memoria), el apoyo a los que quieren romper España (“Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”), el blanqueo de los terroristas y de su partido político. Si la unión hace la fuerza, la desunión que propició nos hizo débiles (y su heredero Sánchez está llevando esa política antiespañola al extremo). En definitiva, los mismos objetivos que los enemigos de España. Los dos actúan como tales, lo son.

Se entiende dado su catadura moral y política, pero ¿cómo comprender la inacción posterior de Rajoy gobernando con mayoría absoluta? ¿Cómo es posible que España haya sido agredida gravísimamente por servicios secretos de Marruecos y Francia y no haya respondido, se haya sometido dócilmente, no haya tratado desde ese momento a esos dos países como enemigos? Entre unos y otros, la pobre España ha pasado a ser un boxeador sonado al que se le pega y no responde, un país que no se hace respetar, que no se respeta a sí mismo. Penoso y doloroso.

Otro asunto que los no estrategos no entendemos tiene que ver con el programa Pegasus. Expertos aseguran que en 2020-2021 los teléfonos de Sánchez y de algún ministro (Marlaska) fueron “infectados“ con ese software y los israelitas obtuvieron información comprometedora para Sánchez. Marruecos por su parte también habría utilizado ese programa y habría “robado” documentos del teléfono de Sánchez y los usaría para chantajearle. Se entiende entonces su cesión del Sahara a Marruecos, tan indecente y chapucera. Y lo mismo otros sometimientos al “Comendador de los creyentes”: tolerar las plantaciones de hachís perfectamente localizadas y consentidas, no combatir con eficacia el narcotráfico, soportar oleadas de inmigrantes etc. Continuamos en lo ya visto, en la debilidad frente a Marruecos. 

Lo de Israel, sin embargo, no se entiende. Siendo Sánchez hostil a Israel y comprensivo con Hamás (alabado incluso por esa organización terrrorista despiadada), no se entiende que Israel disponga de información que perjudica a Sánchez y no la desvele. Supuestos expertos aseguran de cuando en cuando que “ahora va a empezar a soltar carrete”, pero es el cuento de nunca empezar. ¿Por qué?

Otro asunto similar: ¿cómo se explica que la Unión Europea no elimine a las mafias que se forran trayendo inmigrantes desde países de África a Europa y en unos viajes peores incluso que los que transportaban esclavos, que no acabe con la inmigración ilegal? Mí no entender. ¿La UE es otro boxeador medio grogui que va dando tumbos por el ring internacional? ¿Por qué?

Tampoco se entiende que EEUU ponga en marcha acciones políticas que parecen prometedoras y no las termine, o que tome una dirección y después parezca cambiar a la contraria. En la guerra de Ucrania por ejemplo, Trump pareció dejar al principio a un lado la política antirrusa del desastroso Biden, pareció querer frenar a Zelenski y lograr una resolución rápida y definitiva de la guerra. Pero pasado un tiempo el no geoestratego no ve que la cosa avance, e incluso Trump parece haber olvidado su supuesta buena sintonía con Putin, No se entiende.

Algo parecido ocurre con respecto a la guerra de Gaza y a Irán. Pareció Trump querer acabar con la guerra y desarmar a Hamas, prometía soluciones definitivas y algo consiguió, pero pasa el tiempo y tampoco parece que haya avances. ¿Por qué?

Otro tanto con Irán. Pareció querer acabar con el despótico, asesino y promotor de grupos terroristas régimen de los ayatolas. Y pareció empeñado, con razón, en impedir que lograsen la bomba atómica. ¿Resultado? Parece que poca cosa.

O en Venezuela: tras el comienzo espectacular de la detención de Maduro, pasa el tiempo y los no expertos vemos que hay poco cambio y que estamos lejos del objetivo de una Venezuela democrática. Y otro tanto en Cuba. ¿Por qué las buenas políticas no avanzan?

Pensando en España, de mayor me gustaría también ser periodista de investigación como Ketty Garat (leído su libro “Todos los hombres de Sánchez”). Primero por su valor para aguantar los ataques de las cloacas sanchistas. Segundo por su perseverancia en la búsqueda de la verdad. Y tercero por su inteligencia, por su saber encontrar un hilo y tirar de él hasta desenredar el ovillo (las putas de Ábalos, sus exagerados gastos y sus sospechosos ingresos), y encontrar y desenredar después otros ovillos cada vez más grandes y más graves (las mordidas por las mascarillas, por los contratos de obras, por el petróleo y el oro venezolano, los bancos creados en países bananeros para ocultar el rastro de los millones de euros conseguidos).

Sin la inteligencia de Ketty, uno no entiende que Koldo, Cerdán y Ábalos (y por encima su jefe dándoles luz verde) no fueran unos Pepe Gotera y Otilio del delito, que hayan tenido tanto éxito -parece- en el robo y en el ocultamiento del botín.