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  • Diario Digital | jueves, 15 de abril de 2021
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La doble vara

La doble vara

Hay doble vara de medir por ejemplo cuando lo que hacen otros nos parece inaceptable pero lo mismo o algo parecido nos parece bien si lo hacemos nosotros. La doble vara es el resultado del egocentrismo, de la falta de objetividad, de la inmadurez personal, del autoengaño e incluso de la hipocresía y la desvergüenza. Suele aparecer en los niños y es normal en ellos, pues esos cuatro primeros rasgos son casi inevitables en la infancia. En los adultos la cosa cambia, y en la doble vara hay además hipocresía y desvergüenza si se lleva a cabo con ostentación o incluso haciendo gala de superioridad moral.

En España, los mandamases de la izquierda llevan mucho tiempo practicando con éxito la doble vara. En su caso es el resultado de todas las taras citadas. Las cuatro primeras son evidentes. Se dan también las dos últimas porque presumen de progresistas haciendo ostentación de superioridad moral e intelectual, y el contraste entre esa presunta superioridad y la doble vara revela hipocresía y desvergüenza. También infantilismo patológico. Veamos algún ejemplo, empezando por Navarra.

Era buena para la izquierda navarra la ley que obliga a dimitir a un cargo político imputado cuando podía servir (creían) para cazar a políticos de la derecha. Cuando el cazado es uno de sus socios, la ley es mala. Si algo perjudica a los contrarios es bueno y si perjudica a los suyos, malo. Y en la legislatura anterior, la actuación de Ayerdi era condenable para el PSN, pero en la actual ha merecido ser premiada con una Consejería al necesitar al PNV para sentarse en los sillones. Malo si lo hace el rival, bueno si lo hace el socio. O también, es bueno para el PNV y el PSOE subvencionar a los colegios de educación diferenciada en Euskadi y malo en Navarra (allí no necesitan los votos de los enemigos de la libertad para ocupar el gobierno y aquí sí). La misma falta de principios que el cómico Groucho Marx.

En el plano nacional, tras el atentado de los trenes de Atocha la izquierda se echó a la calle al grito de “no queremos un gobierno que nos mienta”, y mediante esa operación de agitprop Zapatero ganó las elecciones al día siguiente. Ahora Pedro Sánchez miente como un bellaco. Entonces era intolerable la supuesta mentira del gobierno (de derechas) Ahora están encantados de que su gobierno nos mienta. Y encima presumen de ser moralmente superiores (progresistas).

La izquierda levanta monumentos a quienes quisieron establecer la dictadura del proletariado (por ejemplo a Largo Caballero), y a los represaliados por el franquismo (por ejemplo en lo alto del Perdón). Pero derriba los monumentos de la dictadura franquista y las cruces en recuerdo de los asesinados por sus antepasados. Los dictadores de derechas son para ella malos. Los de izquierdas, buenos. Las víctimas de su violencia han de ser olvidadas. Las otras, homenajeadas. Es la misma doble vara de la Ley de Memoria Histórica o la de “Memoria Democrática”. Una exhibición de falta de objetividad.

En la crisis del ébola (murieron dos misioneros repatriados y un perro), hubo descalificaciones rotundas y protestas contra el gobierno de derechas. En la actual, con récord mundial de muertos y de falsedades gobernando la izquierda, no hay nada que objetar para la doble vara. Y ante sus desastres sanitario y económico las calles están en calma y en orden. Las habría incendiado si gobernase la derecha.

Podemos considera que los escraches son jarabe democrático si se hacen a alguien de derechas, pero inaceptables si se hacen a los suyos. O también, que es antifascismo apedrear a líderes de una derecha que no agrede a nadie y defiende la nación, la Constitución y el imperio de la ley. Pero si ocurriera a la inversa sería fascismo. Y para su doble vara, los insultos, agresiones y violencias verbales son libertad de expresión y deben permitirse si las hacen los suyos (penúltimo ejemplo el del seudoartista Hasel) o si van contra algo o alguien que no les gusta. Pero si es a la inversa, deben ser castigadas como delitos de odio. Lo dicho. Infantilismo patológico y desvergüenza. No tendremos remedio como país mientras la doble vara les siga funcionando.