Opinión

¡Javierada NO!

Llega al móvil un vídeo que termina con el mensaje-exigencia que figura en el título. Creado y protagonizado por abertzales de la zona de Zangoza (Sangüesa). Protagonistas, dos neskas mitad patéticas mitad ridículas que hablan unas veces en español (¡horror y blasfemia: en el idioma invasor, opresor e imperialista!) y otras en vasco, y pretenden aleccionar sobre algunas de las muchas maldades que creen ver en las Javieradas: 

  • En 1940 -dicen- el régimen de Franco las impulsó para implantar el nacionalcatolicismo”. El régimen de Franco impulsó muchas cosas: la construcción de viviendas sociales, de pantanos, la alfabetización, la industrialización, la seguridad social, las pagas extras etc. etc. Si “Javieradas no”, entonces “pantanos no”, “industrialización no”, “alfabetización no”, “vivienda social no” etc. Y efectivamente en eso ha estado y está el abertzalismo, en el “EZ” permanente: “Itoiz EZ”, “Yesa EZ”, “TAV EZ”, “viviendas EZ”, “sanidad pronta EZ”, “profesores de religión EZ”, “Universidad de Navarra EZ” etc. Ciertamente, el vídeo representa a la hez de nuestra sociedad.
    En este caso, el régimen abertzale impulsa la desaparición de las Javieradas para implantar el nacionalateísmo basko. Como los nazis y los comunistas, odian al catolicismo, religión universalista no baska ni nacionalista, incompatible con el culto a ídolos tipo Euskadi.
  • Este alarde de fascismo llega hasta nuestros días”. Para los cerebros lobotomizados por el abertzalismo de estas neskas y neskos, es fascismo todo lo que no se someta a sus dictados. Y como los fascistas, están prestos a imponerse por la fuerza. Un peligro público.
  • Tienen (las Javieradas) un trasfondo muy oscuro de muerte y represión”. Otra cosica es la korrika, con su “antifascismo” a tope, sus fotos de los ídolos asesinos, su trasfondo y su superficie de muerte y represión tan recientes.
  • Actualmente, miles de peregrinos caminan a Javier de la mano de simbología franquista y valores reaccionarios”. Por lo que muestran en el vídeo, la simbología franquista puede consistir en las catorce cruces del viacrucis que va de Sangüesa a Javier. O simplemente en la carretera, que también aparece y que seguramente se asfaltó en el franquismo.
    Los “valores reaccionarios” serán de nuevo los del cristianismo. En cambio, valores progresistas los ligados al culto a la República Baska Independiente, al euskera, a Euskalerría, a Josu Ternera y demás “santos” de la religión abertzale.
  • Van (a las Javieradas) miembros de la secta Opus (sic), militares, guardiaciviles e incluso colectivos neonazis”. He ahí, junto a esos neonazis producto de sus delirios, las principales fobias de la mente enferma del proetarra.
  • La Javierada -dicen- celebra el imperialismo español”. Y además juzgan insoportable que esa “celebración” se haga ante el castillo de los Jaso, que se opusieron a la conquista española en 1512. Otra vez la tabarra de la conquista.
    Así como la sangre de San Jenaro se licúa milagrosamente cada año en Nápoles, así la seudoherida patriótica abertzale por 1.512 ni se cierra ni se cerrará (“milagro” demoníaco) por más que pasen los siglos. Falso trauma histórico tragicómico y grotesco a la vez.
    Como se ve, están en contra de que se celebren las Javieradas. Bajo la seudobandera de Navarra que el abertzalismo se ha inventado, la neska proclama para finalizar: no estamos dispuestos a acoger y convivir con el FASCISMO en nuestras calles y caminos”. Como todos los totalitarios, consideran que las calles son suyas y que se ha de hacer en ellas, por las buenas o por las malas, lo que ellos manden. Son muy capaces de “luchar contra el fascismo” presentándose encapuchados en cualquier punto de la carretera a Javier y atacando con la conocida furia abertzale a los peregrinos por “fascistas”. Lo dicho, un grave peligro público.
    No estarán dispuestos a convivir con el fascismo, pero viven dentro de una burbuja ideológica que se le parece demasiado; y más aún al nazismo, que fue todavía más nocivo.

Las Javieradas son una luminosa experiencia deportivorreligiosa de la que uno sale feliz, reconfortado y mejor que al empezarla. Algo parecido a esforzarse, subir y llegar a la cumbre de una montaña, con su momento final de felicidad y plenitud. Subir con las piernas cansadas las escaleras de la basílica y rezarle al santo y pedirle ayuda para el camino de la vida es ese momento feliz y pleno. Recordar ahí a los seres queridos que también las subieron y le rezaron y ya no están con nosotros es hermoso. La misa en la explanada es algo excelente; más si el orador sagrado es capaz de darse cuenta de que el pueblo está muy cansado y el sermón es corto y bueno. Y otro tanto el encargado de los cánticos. 

Y si a esto le añadimos que las Javieradas cabrean a los abertzales, entonces la experiencia se hace si cabe más plena y satisfactoria.

Los que les comen el tarro a esas pobres neskas y neskos encierran sus mentes en la oscura prisión patológica del resentimiento y el odio. Les hacen un daño enorme. Una pena.