Franco, Franco, Franco… (100 veces)
Con los cien actos antiFranco programados para 2025, Sánchez trata de aparecer ante los españoles como un ser luminoso, enemigo de las dictaduras, demócrata modélico. La operación viene a ser un engaño, la repetición cien veces de su mentira histórica favorita: “la historia de España ha sido y sigue siendo un enfrentamiento entre fascistas (la derecha) y demócratas (Sánchez y sus socios)”. O también: “Franco era dictador, malo, la derecha y la ultraderecha son franquistas, el demócrata y bueno soy yo”. Se trata de poner en práctica el principio del nazi Goebbels para que la repetición convierta su mentira en “verdad”, para que sea creída. El objetivo último, el de todos los dictadores: perpetuarse en el poder engañando al pueblo.
La jugada busca mantener operativo el muro (presumíó de levantarlo) “contra el fascismo”, o sea que sus votantes no puedan saltarlo (el muro) y cambiar su voto. Su muro recuerda al que levantaron los dictadores de la Alemania comunista también para que no escapase nadie. También aquellos se autodenominaban, como Sánchez, “demócratas”, y llamaban “fascistas” a quienes no aceptaban estar en su sector “demócrata” tras el muro. Claro que hay diferencias: el de Sánchez no es físico sino ideológico, y no se dispara a los que se lo saltan, pero los muros interiores para evitar que los ciudadanos se muevan libremente física o ideológicamente los levantan los dictadores. Objetivo último: eternizarse en el poder impidiendo la alternancia, el ideal del dictador.
Por otra parte, el primer acto antiFanco tuvo lugar el 9 de enero, día en el que el dictador Maduro se ocupaba en Venezuela de dar el golpe de Estado y de impedir que el día 10 jurase y fuera presidente el que los venezolanos habían elegido. Los demócratas (venezolanos y españoles) estábamos anhelando la caída de la dictadura, y angustiados por las atrocidades que podía perpetrar el dictador. Si el de los actos contra Franco fuera demócrata, habría mostrado su preocupación por la falta de democracia en el país hermano, habría apoyado a los demócratas y condenado al dictador. No hizo nada de eso. No hubo una sola referencia a Venezuela en su acto antiFranco. Además, ni él ni ningún dirigente de su partido apoyó con su presencia a los demócratas venezolanos que se concentraron en Madrid o en Pamplona (sí defendieron aquí la democracia venezolana dirigentes de UPN, del PP y de VOX, los “fascistas”). Al igual que el dictador Maduro, tampoco él ha reconocido la victoria de Edmundo González. Y a través de Ábalos y de Zapatero, no sólo no es contrario, sino que es amigo de la vicepresidenta del dictador Maduro (Delcy), de la dictadura por tanto. Como bobo no es, para que no se vean en Europa sus afinidades con la dictadura, no ha enviado representante oficial a la toma de posesión del dictador ni lo ha felicitado como sí lo han hecho sus socios de gobierno Izquierda Unida, Podemos y Bildu. Resumiendo: si fuera demócrata, no habría actuado como lo ha hecho.
Muchos han dicho, y con razón, que lo único que le importa a Sánchez es el poder, que no tiene principios ni límites, y que está dispuesto a lo que sea para tenerlo y retenerlo. Con Maduro y con todos los dictadores ocurre lo mismo. Cierto que el “lo que sea” que pone en práctica Maduro no es igual que el que se permite Sánchez, pero hay semejanzas significativas entre ambos personajes. Los dos han perdido las eleciones. Pese a ello, el primero sigue en el poder con métodos brutales. El segundo también sigue, con métodos no brutales, pero también impropios de un demócrata, saltándose las leyes con indultos generales o con la ley de amnistía; mintiendo continuamente; tratando a golpistas y proterroristas como a políticos honorables; eligiendo como socios de gobierno a partidos que se felicitan de que haya una dictadura en Venezuela y que se felicitarían si aquí hubiera otra similar, que han colaborado en el sostenimiento de la dictadura venezolana (líderes de Podemos) o que han utilizado el asesinato como método y vitorean a asesinos; teniendo imputados como posibles delincuentes a familiares, colaboradores, fiscales afines …. La catadura antidemocrática del segundo ofrece también pocas dudas.
Por otra parte, los dictadores consiguen acumular todo el poder, situarse por encima de la ley, ser impunes ellos, sus familiares y sus políticamente próximos; someter a los jueces a su voluntad; mentir al pueblo faltándole al respeto; tener control total de los medios de comunicación públicos que debían ser neutrales; permitir o favorecer la corrupción en su entorno etc.etc. Juzgue cada cual si no es esto lo que está haciendo y tratando de hacer nuestro amado Caudillo antiFranco.
Sintetizando lo anterior, el resultado alarmante es que la democracia se va deteriorando y la Sanchezcracia avanza parece que irremediablemente. El PSOE, responsable último, está haciendo un daño imperdonable a la convivencia. No está nada claro además que haya contrapesos oponiéndose eficazmente a este proceso. Algunos jueces, pero probablemente no es suficiente.
Hay quien dice que con Franco pasa algo que se parece a la maldición de las pirámides: que quien no le deja en paz después de muerto acaba pagándolo, sufriendo su terrible venganza. Podía ser verdad.