Opinión

Una fe: “Yo sí te creo, hermana”

Desde que se diagnosticó que el marxismo fue una seudorreligión, es difícil no caer en la tentación de pensar lo mismo de las ideologías derivadas de él si tienen pretensiones revolucionarias y hacen alardes de fe, de extremismo, de fanatismo etc. Es el caso del feminismo de ultraizquierda que llegó al poder con Podemos y que hace mucho ruido los ochos de marzo. Cierto que su momento álgido estuvo en la legislatura anterior, pero se mantienen sus chiringuitos, sus iniciativas, sus chollos, sus buenos sueldos, sus equivocadas leyes (la del Sí es Sí, la ley Trans, la de Skolae, las inspiradas en el sectario principio “Yo sí te creo, hermana” y su consiguiente “yo no te creo, hermano” que, en el caso de conflictos en las parejas, culpabilizan a los hombres por serlo etc.). Así pues, caigamos. 

Las religiones exigen fe y ponen en relación con lo absoluto. Algo parecido sucede aquí: el “yo sí te creo, hermana”, indica ya fe en las y los fieles de esta “religión”. Fe irracional y fanática, por excesiva, en la palabra de las mujeres. “Fe del carbonero” se diría en el ámbito religioso. Además, los diversos dogmas del feminismo, de la ideología de género, de la LGTBI … parecen ser para los fieles lo absoluto, lo que da sentido a su vida, algo seudorreligioso. En este caso, con unas determinadas características: 

  • “Religión” atea y esencialmente anticristiana: el catolicismo es el enemigo aborrecido al que destruir (el islam les da miedo y con él no se atreven). Además, maniquea: el bien y el mal son en ella dos realidades separadas y opuestas, y están encarnados el uno en las mujeres y el otro en los hombres.
  • Tiene también su pecado original: nacer varón es nacer culpable (en pecado), salvo que se trate de los jefes (Errejón, Monedero), en cuyo caso si una “hermana” dice cositas que les dejan en mal lugar, no se le cree (la fe del “yo sí te creo, hermana” resulta así bastante hipócrita). Además, los líderes que supuestamente tienen fe no suelen mostrar el sentido de culpa que deberían por ser varones, y su ateísmo los lleva más bien al “si Dios no existe, todo está permitido”, a no tener el menor sentido de culpa si mienten, manipulan, abusan del poder, se apropian del dinero público, incumplen las leyes etc. Véanse el jefe máximo Sánchez y otros.
  • Tiene igualmente, como el marxismo y antes el cristianismo, la aspiración a crear un hombre nuevo y una sociedad nueva, un cielo en su caso en la Tierra, en el que reinará la armonía entre los sexos y la felicidad. Requisitos necesarios para ello son la conversión de los adultos y el adoctrinamiento de los niños con Skolae. Si los requisitos no se dan, el pecado original en los varones de a pie (los no jefes) persiste y no hay perdón para ellos.
  • No tiene fe en la resurrección de los muertos, en otra vida, pero sí en una especie de “resurrección y otra vida” en este mundo: creen en el milagro de que alguien nacido hombre puede “darse muerte” como varón y “resucitar” como mujer (y a la inversa). Y lo imponen como dogma de fe obligatorio.
  • Sí tiene fe en misterios incomprensibles para la razón. Algunos ejemplos: el citado de la “resurrección” trans; o el que supuestamente la biología no nos determine, pero los varones seamos por naturaleza malos o inclinados al mal y las mujeres a lo contrario. O el que, naciendo en teoría indeterminados y dependiendo todo de la educación (el “género” inculcado), la solución al hecho de que alguien se encuentre a disgusto en su cuerpo tenga que ser quirúrgica y química y no “de género” (educativa). O la prohibición a quien, habiendo nacido supuestamente indeterminado, llegue a tener (debido al “género”, a la educación) tendencias homosexuales, de recibir tratamiento “de género” (educacional) para librarse de ellas etc.
  • Hace a la mujer y al hombre señores de la vida y la muerte con derecho a matar fetos a capricho y a la eutanasia.
  • “Religión” obligatoria. Quien no la acepta es réprobo o hereje, culpable de delitos de odio y merecedor de condena por la Inquisición del pensamiento correcto. El Estado vuelve a ser de facto confesional, pero ya no nacionalcatólico, sino nacionalfeminista o de género, o wokista o elegetebeísta.
  • Los “apóstoles” que la predican y la imponen no son precisamente muy dignos de fe, no merecen que les digamos “yo sí os creo, hermanos” si nos acordamos del chalet de Galapagar, de la Ley del Sí es Sí, de las andanzas amorosas de los unos, del callar de las otras cuando las denuncias apuntaban a quienes sabemos, del caso Juana Rivas, de las mentiras del jefe máximo etc.
  • El destino final de sus creyentes es la nada, y la pasión, el entusiasmo y las energías gastadas para imponer sus dogmas acabarán siendo nada, una pasión inútil.
  • Religión” irrisoria frente a la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret que están eliminando de la antes católica España con ayuda de un materialismo hedonista que lleva a vivir centrándose al cien por cien en el mundo, como hacen los animales. Y que son incompatibles con decirLe “yo sí te creo”, pues la fe no es un don arbitrario que se dé a unos sí y a otros no. Es creer algo a alguien, un acto que uno hace o no hace. Pasa por conocerLe, por saber que dijo tener “poder de perdonar los pecados”, ser “señor del sábado" etc., que sufrió martirio por dar testimonio de sus palabras, actos y pretensiones; y que algo parecido hicieron sus discípulos cuando, sin poder esperar ganar otra cosa que problemas, rechazo, persecuciones y martirio, se lanzaron a proclamar “lo que hemos visto, lo que hemos tocado”, que “pasó haciendo el bien” y algo tan incomprensible e inesperable como que había sido resucitado etc. Pasa por aceptar que testigos de ese tipo merecen que se les diga “yo sí os creo, hermanos”. Y por vivir hoy a contracorriente.