Dimensión simbólica: condena, burla, humillación
La principal razón por la que el Gobierno Foral ha aprobado el proyecto del Ayuntamiento de Pamplona de mutilar y metamorfosear el Monumento a los Caídos ha sido que el informe de Patrimonio Histórico que se oponía a ello “no incorpora una evaluación de la dimensión simbólica, histórica o social del inmueble ni del mandato normativo … de reconocimiento y reparación moral de navarros asesinados y víctimas de la represión a raíz del golpe militar de 1936”.
Vayamos pues a la “dimensión simbólica, histórica y social” -al sentido- tanto del Monumento como de lo que van a hacer con él. Es poco discutible que la “dimensión simbólica”, el sentido, de Los Caídos, fue mantener y exaltar la memoria y homenajear a los muertos del bando nacional en la guerra civil. Como vamos a ver, la “dimensión simbólica” del proyecto programado por Asirón y bendecido por el Gobierno foral es justo la contraria: condenar su memoria, menospreciarlos y humillarlos. Para tal fin, necesitan falsificar repetidamente la historia. Por ejemplo (ver arriba), cuando hablan simplemente de “golpe militar”, ignorando (una forma de despreciarlos) la MULTITUD de VOLUNTARIOS NAVARROS CIVILES que salieron en 1936 dispuestos a morir por una causa que consideraban justísima y valiosísima (más valiosa que la propia vida): impedir la implantación de la dictadura comunista y de los consiguientes ateísmo obligatorio y persecución religiosa. Tanto o más que un golpe militar fue una rebelión civil. Muchos murieron por esa causa, y eran familiares nuestros.
Pensemos qué habría sido de ellos y de nosotros si Largo Caballero y sus secuaces hubieran tenido éxito en sus pretensiones y convertido a España en lo que fueron Albania, Hungría etc. Habrían organizado en aquella Navarra tan hostil al comunismo cuando menos un Holodomor estilo al de Ucrania. Los recordados y homenajeados por el Monumento a los Caídos nos ahorraron esas y otras muchas atrocidades de los paraísos comunistas. Como de bien nacidos es ser …, nos sentimos en deuda con ellos y no podemos aceptar el proyecto del Ayuntamiento y del Gobierno con respecto a Los Caídos.
Por otra parte, si tenemos en cuenta que en las paredes interiores de Los Caídos estaban sus nombres, puede decirse que, aunque no estaban ahí sus cuerpos, con sus nombres estaban simbólicamente quienes los llevaron. Según eso, una parte de la “dimensión simbólica” de Los Caídos ha consistido en ser una tumba simbólica de aquellos muertos. Con el actual proyecto, dejará de serlo. Así como desenterraron físicamente a Franco, van a desenterrar simbólicamente a nuestros antepasados. El sentido (“dimensión simbólica”) de ese acto -del proyecto- es similar al de desenterrar a alguien y eliminar su tumba: una humillación y una profanación.
Además, van a montar precisamente ahí un Centro de Interpretación contra el fascismo. Es decir, van a convertir el Monumento a los Caídos en Monumento contra el Fascismo. La “dimensión simbólica” de la jugada es clara. Ya en aquellos años treinta, los comunistas y toda la izquierda salvaje llamaban “fascista” a todo el que se oponía a sus proyectos. Una mentira que utilizaban para justificar sus atrocidades. Noventa años después siguen igual. Siguen llamando “fascistas” a los que se levantaron contra el comunismo y a los simbólicamente enterrados en Los Caídos (también a todo el que no se someta a sus proyectos). La “dimensión simbólica” de la insultante operación es justamente esa, llamarles “fascistas” y humillarlos: “Ved lo que hacemos con vuestra tumba simbólica, fascistas -vienen a decir con su proyecto Asirón y los suyos-, os plantamos encima un tinglado contra vosotros, contra los fascistas”. Es como escupir o cagarse en la tumba de alguien, una burla al muerto, otra profanación.
Hace tres veranos, estos del proyecto llevaron al Parlamento foral una exposición para conmemorar el centenario del partido comunista en Navarra. La “dimensión simbólica de aquella iniciativa vino a ser la de una celebración y exaltación del comunismo. Ahora arrasan y humillan todo lo que recordaba y homenajeaba a los que nos libraron de él. Por supuesto, estos falsos demócratas no harán un Centro de Interpretación contra el comunismo.
Si miramos para otro lado y aceptamos la imposición de un proyecto con tales “dimensiones simbólicas”, seremos unos indignos descendientes y mereceremos que nuestros antepasados se hubieran quedado en casa aquel 18 de julio y haber gozado y seguir gozando del comunismo.
Las responsabilidades en este asunto son proporcionales a la relevancia y al poder de cada cual. La de los partidos políticos de derechas, que han votado “no” al proyecto, es muy grande. Si no se comprometen a cambiarlo cuando lleguen al poder y no cumplen ese compromiso, su “no” de ahora es falso y encaminado a engañarnos, pues será un “sí” futuro, con lo que su indignidad será total.
Una cuestión final referente a la última parte del “argumento” del Gobierno foral, la que habla del “mandato normativo … de reconocimiento y reparación moral de navarros asesinados y víctimas de la represión”. El mandato está cumplido sobradamente por un lado pero incumplido por el otro. Navarra está hoy repleta de monumentos a los asesinados y represaliados por los nacionales, pero vacía en cuanto a los asesinados y represaliados por los del otro bando. Éste es el único incumplimiento, y el proyecto de Asirón y el Gobierno sobre Los Caídos va a consolidarlo definitivamente. Su “dimensión simbólica” viene a ser: sólo los nacionales asesinaron y reprimieron, los rojos no. Otra falsificación de la historia y otra muestra del sectarismo y la trapacería de los impulsores de este proyecto.
Por otra parte, ese mandato normativo no afecta a este asunto de Los Caídos aunque el Gobierno pretenda lo contrario. No afecta porque es falso que la existencia de Los Caídos signifique un incumplimiento de esa norma, pues nunca ha sido un monumento a los asesinos del bando nacional, sino a sus muertos en la guerra.
Toda guerra es terrible, y más una guerra civil, y el sufrimiento en los dos bandos tuvo que ser enorme, pero este proyecto de los admiradores del comunismo es falsificador de la historia, sectario, impositivo y totalitario (todo para sus muertos: monumentos, honores ...; para los nuestros, condena en la memoria colectiva, burla, humillación). Y no de reconciliación sino guerracivilista y de reapertura de heridas, fruto de un resentimiento asombrosamente conservado, cultivado con mimo, abonado y regado con esmero; anormal, patológico (¡después de noventa años!).
¿Alguien podía haber esperado otra cosa de la miseria moral de Bildu y del PSOE con su cúpula instalada en la mentira (también en la mentira histórica), en la corrupción y que presume de levantar muros? Empeora las cosas y debe ser echado abajo y cambiado.