Es sabido que el lenguaje de los autócratas requiere ser traducido para captar su auténtico significado. Así, que cuatro ministros de Pedro Sánchez anunciasen hace unos días que, para “regenerar la democracia”, van (entre otras medidas) a aumentar la libertad de expresión, significa que, para dar salida a sus fobias y complacer a los proetarras, van a despenalizar tres conductas hasta ahora penalizadas: las ofensas a los sentimientos religiosos (art. 525 del código penal), las injurias a la Corona (art. 490.3) y el enaltecimiento del terrorismo y la humillación de las víctimas (art. 578).
Si establecen la primera despenalización, pasarán a ser libertad de expresión conductas como machacar un crucifijo, comulgar y tirar la hostia al suelo y pisotearla, o lo que ya han hecho: procesiones burlándose de Cristo y de su madre, entrar en misa y blasfemar o ponerse tetas al aire, gritar “arderéis como en el treinta y seis” etc. Si el sanchismo sigue en el gobierno, podrá en el próximo mundial de fútbol montar un número que deje pequeño a lo de la Última Cena de las pasadas olimpíadas de París.
Para estos sectarios, los sentimientos afines a su ideología son “sagrados”, y así, si alguien se siente trans u homosexual exigen que sus sentimientos (que van ligados también, como los de los transespecies, los anoréxicos, los pederastas ..., a pensamientos, valoraciones y actos que podrían estar equivocados) sean respetadísimos (y merezcan además en el primer caso cirugía y medicinas de “cambio de sexo” gratis). Y si alguien los ofende, será delito de odio. En cambio, los sentimientos de los cristianos no les merecen ningún respeto, y si alguien los ofende será libertad de expresión. Consideran a los cristianos parias sin derechos. No puede extrañarnos. El comunismo los ha perseguido y los persigue: en la URSS, en Corea del Norte, en China, en Cuba, en Nicaragua ..., Y aquí, ya en los años treinta el Frente Popular asesinaba a curas, monjas y gentes que iban a misa, y quemaba iglesias. Hoy, el Frente Popular socialista-comunista gobernante no se atreve a tanto, pero lleva su cristofobia lo más lejos que puede. Su desigual trato a unos y otros sentimientos indica que siguen siendo antidemócratas. Y claro, les gusta la Venezuela de Maduro, la apoyan y tratan de implantar aquí algo parecido.
Una cuestión que puede parecer menor pero que no lo es: el artículo 525 que penaliza las ofensas, e igualmente los que quieren despenalizarlas, hablan de “los sentimientos religiosos”. Es una expresión inadecuada que falsea la realidad, pues se refiere a los sentimientos como si existieran solos, separados, como si las ofensas que van a despenalizar afectasen sólo a los sentimientos. No es así. Mis sentimientos, mis pensamientos (creencias), mis valores o valoraciones y mis actos son inseparables entre sí y de mí, de mi “yo”, de mi persona. Y lo mismo los tuyos y los de todos. Así que “ofender los sentimientos” de los cristianos es ofender sus creencias, sus valores, sus actos y sus personas. Y también ofender los sentimientos, el mensaje, los actos y la persona de Cristo.
Las ofensas anticristianas son propias de quienes no respetan a los que no sienten, no piensan, no valoran y no actúan como ellos. Pero quien no respeta mínimamente a los otros es un peligro para la convivencia (“fascista” podría decírsele en el argot hoy en uso, y “antidemócrata” con mayor propiedad) y no merece ser respetado.
Si despenalizan las injurias a la Corona, pasará a ser considerado libertad de expresión decapitar o quemar un muñeco que represente al Rey; o pedir a gritos “Borbones a los tiburones”, “la mejor medicina, la guillotina” etc. De nuevo, ningún respeto por parte de los energúmenos. Además, como el Rey es símbolo de España y de los españoles, al odiar e injuriar al Rey, odian e injurian a España y a los españoles y repiten su antidemocrática desigualdad: pretenden que su odio sea considerado libertad de expresión.
Y si también imponen la tercera despenalización, estará permitido homenajear a los Txapotes, burlarse de los Ulayar, los Caballero, los Atarés, los Casanova …, poner nombres de etarras a las calles, declararles hijos predilectos, pagarles una pensión mensual por sus “méritos” etc. En Alemania, tras la derrota bélica del nazismo, los vencedores pusieron en marcha un proceso de desnazificación que intentó la derrota política y social del nazismo. En España, tras la derrota policial de ETA, no ha habido proceso alguno de desetarrización y, con la miope inacción de unos (PP) y la complicidad indecente de otros (PSOE, PNV, ultraizquierda) se ha consolidado la victoria política y social de ETA. Si despenalizan esas conductas, será ya su apoteosis. El sanchismo avanza en esa dirección.