Derechos inhumanos y elecciones europeas
Ciertas épocas, lugares y gentes se han creído con derecho a segregar a los negros, a gasear a los judíos, a colgar a los homosexuales de una grúa, a torturar en una checa y asesinar a alguien por ir a misa etc. No eran derechos humanos sino inhumanos porque sólo algo bueno puede ser un derecho. Podemos decir que su conciencia moral estaba (está) enferma y que eran (son) un retroceso moral.
Nos escandalizaríamos si el Parlamento europeo aprobase una resolución instando a los Estados a convertir alguno de estos “derechos inhumanos” en un derecho fundamental. Pues igualmente debimos escandalizarnos tras la aprobación el pasado abril de una resolución pidiendo a los Estados que el aborto pase a ser un derecho fundamental en la Unión Europea. Sería un derecho inhumano. En la votación, hubo 336 votos a favor de esa propuesta inhumana, 163 en contra y 39 abstenciones. El Frente Popular (PSOE, PNV (antes partido supercatólico), ERC, JUNTS, I.U. y Podemos) votó a favor (aberrante progresismo), el PP, en contra (salvo 3 que se ausentaron) y todo VOX en contra.
Podemos decir también que la conciencia moral europea está hoy mayoritariamente enferma y que esa resolución del Parlamento europeo supone un retroceso moral. Sus causas son en primer lugar el ateísmo, para el que no hay norma moral alguna por encima de nuestra seudodivina voluntad egoísta y para la que el feto es carne sin alma humana. Y en segundo lugar, un egoísmo y un hedonismo extremos:
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Yo -creemos- tengo derecho absoluto a la vida pero el feto no. Mi vida es máximamente valiosa, pero la del ser humano aún no nacido no tiene valor (egocentrismo inhumano).
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A las mascotas les reconocemos derechos a la vida y al buen trato, pero no a los fetos humanos. Otros deshumanizaron a los judíos, a los gitanos etc. Nosotros deshumanizamos a los fetos humanos y los consideramos no seres humanos en formación, sino tumores que hay que extirpar para recuperar una falsa “salud sexual y reproductiva” (deshumanización inhumana).
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Ponemos nuestro derecho al placer por encima del derecho a la vida de esos seres humanos (hedonismo inhumano).
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Nos creemos con derecho incondicionado al placer y a no asumir las consecuencias que se siguen de él, matando al feto resultante (infantilismo egocéntrico, irresponsable).
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Impedimos que se ofrezca a las parejas candidatas a abortar la posibilidad de oír el latido del corazón del feto o de ver una ecografía del mismo (derecho antihumano a no saber y al autoengaño).
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Así como nuestra voluntad seudoomnipotente se cree con derecho a negar la biología y a elegir el sexo que le apetece, se cree también con derecho a negar el vínculo biológico entre placer y reproducción matando (seudoomnipotencia antinatural).
Todo esto está mal y todos podemos hacer el mal, pero hay algo aún peor, más perverso, la inversión de valores, la conversión del mal en bien, del aborto en un derecho, en algo bueno por tanto. Al hacerlo, rechazamos cualquier posible sentimiento o conciencia de culpa y pretendemos que hemos de estar satisfechos y orgullosos de haber ejercido ese “derecho” a matar. Perversión de la conciencia moral.
Tenemos la posibilidad y la obligación moral, en las próximas elecciones europeas del día 9, de conseguir un Parlamento Europeo no aberrante, no inhumano.
Una Europa basada en falsedades antropológicas, biológicas y morales se parece al sueño de Nabucodonosor que el profeta Daniel adivinó e interpretó. Merece su mismo destino. Más si, como es nuestro caso, aceptamos ponernos en manos de un farsante que subordina todo, hasta la política internacional, a sus exclusivos intereses personales.