Con ocasión del comienzo del curso político y universitario, más de un comentarista que se considerará seguramente a sí mismo como de centro, de los habituales en un periódico navarro también “de centro” (desde la transición, la derecha acomplejada o con más intereses que principios dice ser “de centro”) ha criticado la crispación política. Por otro lado, la Rectora Magnífica de la UN, que aparecía en el citado periódico ”de centro” caminando y conversando amigablemente con doña Chivite, expresaba deseos buenistas de que se supere “la polarización” (el Opus dispuesto a limar diferencias con el poder. Nada nuevo. El principio de supervivencia). No es que las palabras de la Rectora sean cruciales en la vida foral o nacional, pero nos referimos a ellas por ser sintomáticas y de alguien relevante.
En abstracto, unos y otra tienen razón porque son preferibles la cordialidad y la colaboración a la crispación, al enfrentamiento, a la polarización. Y la tendrían en concreto si ambas obedecieran a causas subjetivas y no objetivas, tanto si las partes crispadas y polarizadas fueran responsables por igual, como si una de ellas fuera la única causante, por ejemplo en una operación de agitprop (en la que es especialista la izquierda). Pero nada de esto ocurre aquí. Por decirlo resumidamente, si un gobierno lleva a su país en dirección hacia Venezuela, la crispación y la polarización contra él no sólo no son criticables, sino que son legítimas y hasta moralmente obligatorias. Es lo que ocurre en nuestro caso.
A la Rectora habría que recordarle por ejemplo que Pedro Sánchez se jactó de levantar un muro para impedir que la derecha llegue al poder. Es decir, de polarizar a la sociedad con un propósito antidemocrático. O también que el PSOE ha resucitado el guerracivilismo, o sea del enfrenamiento y la polarización. La Magnífica sin duda lo sabe pero calló que el generador primero y principal de crispación y polarización es Sánchez, que al crispar y polarizar sigue la senda iniciada por Zapatero, y confesada también por él cuando dijo (creyendo que no se grababan sus palabras) “nos conviene que haya tensión”.
Mejor y más valiente y verdadero que criticar en abstracto la polarización habría sido por parte de la Magnífica invitar a doña Chivite a derribar los muros que ella y los suyos levantan, y a sepultar el guerracivilismo que ella y los suyos promueven. Criticar en este caso la polarización ocultando sus causas implica simpleza, o cobardía, poca veracidad e incluso complicidad por omisión con los polarizadores.
Los comentaristas políticos “de centro” que criticaron la crispación también parecían creer que obedecía a causas subjetivas, como cuando en una discusión, dos partes se van calentando sin motivo objetivo y elevan innecesariamente el tono y el enfrentamiento. Se olvidaron de que no estamos en un país normal, de que, como vamos a seguir viendo, el causante primero y principal de la crispación es Pedro Sánchez.
Porque todo español de bien tuvo que indignarse -crisparse- con razón y situarse en el polo opuesto, en las antípodas, de Sánchez (polarizarse en su contra) ya desde el principio cuando, para poder presidir el gobierno, decidió ser un traidor a España y gobernar con los que quieren destruirla. Y su crispación y polarización tuvieron que crecer y crecer cada vez que veía primero al ahora preso por corrupto (presunto) Cerdán, y luego al caradoliente Illa arrastrarse en Waterloo ante el golpista fugitivo de la justicia, y a Sánchez reptando aquí ante los independentistas y concediéndoles privilegios tras privilegios.
Si el español es además veraz y decente, ha tenido que indignarse, crisparse y polarizarse también en las muchísimas veces en que Sánchez ha mentido con desvergüenza insultante. Y además, al ver la corrupción y el abuso de poder (presuntos, aún no hay sentencia) de la mujer del crispador y polarizador, de su hermano, del trío de sus cutres pretorianos, de otras figuras de su partido, y probablemente de él mismo. Y al ver que, con mierda hasta el cuello, no dimiten ni él ni su Fiscal General, que va al banquillo de los acusados como un delincuente (presunto aún) más. El progresista hispano no dimite jamás. A este paso, si no consiguen acabar del todo con la independencia judicial, podemos ver al Fiscal General DEL GOBIERNO dirigiendo la fiscalía desde una celda de Nanclares de Oca, y al Consejo de ministros reunido en la biblioteca de Soto del Real.
Quien además de español veraz y decente sea demócrata, ha tenido que indignarse, crisparse y polarizarse igualmente en múltiples ocasiones. Por ejemplo, cuando Sánchez presumió de que el Fiscal General del Estado era un criado a su servicio, o cuando nombró a Pumpido presidente del Constitucional y controló con él al Tribunal, o cuando dio los indultos a los golpistas catalanes, o cuando aprobó la ley de amnistía para los mismos, o cuando ataca y trata de neutralizar a los jueces y a la UCO para impedir que la justicia se aplique a los suyos y a él mismo. O cuando ve a las televisiones públicas y a las vendidas manipulando en defensa del Puto Amo. O …
Si esas justificadísimas crispación y polarización quedan encerradas en el interior de las conciencias de los españoles dignos, veraces, decentes y demócratas, de sus representantes políticos y de sus asociaciones cívicas, todos ellos estarían dando la falsa imagen de que todo es normal y aceptable, de que nada de lo disparatado e inaceptable que hemos mencionado existe. Estarían mintiendo y colaborando por omisión con una forma de hacer política indecente. Muy al contrario, tienen el deber de exteriorizarlas de forma civilizada pero contundente y eficaz, rechazando todo acuerdo y colaboración con un gobierno antiespañol, antidemócrata y corrupto (presuntamente aún), y convocando al pueblo periódicamente a rechazar en la calle y de otras posible maneras esa forma de gobernar repugnante.