Cegueras

Atenea “sumió en el desconcierto los ojos” de Ayax cuando intentaba matar a Agamenón, Menelao, Ulises … al final de la guerra de Troya, en venganza por no haberle concedido como premio por su valor las armas del difunto Aquiles. “Cegado” por la diosa, creyó ver que los bueyes de un rebaño eran sus compañeros jefes aqueos, y se cubrió de oprobio matando a muchos y llevándose a su tienda prisionero a un buey creyendo que era su odiado Ulises (le habían concedido el trofeo ansiado y merecido por Ayax en una votación parece que con trampas, cual Comité Federal psoesanchista). Al recuperar la cordura y ver lo que había hecho, no pudo soportar la vergüenza y se suicidó. Y al pobre Edipo, los dioses “no le permitieron ver” que se casaba con su madre y tuvo final trágico: al descubrirse la verdad, su madre-esposa se suicidó y él abandonó el trono de Tebas, se sacó los ojos (¿culpar a los dioses exhibiendo su ceguera?) y fue errando penitente por el mundo. Los dioses griegos cegaban a quienes querían perder.

Nosotros padecemos también cegueras que nos están perdiendo, pero no se deben a los dioses sino al revés, en última instancia a la ausencia de Dios, al ateísmo, y en penúltimas instancias al egoísmo, al inmediatismo, a la estupidez, a la corrupción moral. 

Una de ellas tiene relación con el despilfarro. A lo largo de cincuenta años, los partidos gobernantes han ido engordando al monstruo Leviatán y haciéndolo enorme y carísimo: un Estado, 17 seudoEstados y 2 ciudades-Estado, legión de políticos y funcionarios; puertas giratorias que conducen a sueldos opíparos; amantes, parientes, amigos, sobrinos y sobrinas en cargos superfluos de libre designación; tinglados innecesarios; ayudas “sociales” a muchos que no quieren trabajar; subvenciones a chiringuitos prescindibles dentro y fuera de España, récord de ministros y asesores del sátrapa ... Y enorme corrupción económica y política, fruto de la corrupción de las conciencias.

Los causantes del despilfarro no tienen interés en que sepamos su cuantía (nos prefieren ciegos) ni en reducir y adelgazar al monstruo. Un partido relativamente nuevo (VOX) lo ha cifrado en unos 240.000 millones de euros anuales. No será un cálculo a la baja, pero ... Mucho podrían mejorar la sanidad, las infraestructuras, todo, si “lo público” que tanto dice amar la izquierda no fuera el paraíso del despilfarro.

En vez del “santo temor al déficit”, nuestros políticos, especialmente la izquierda, tienen perverso amor al despilfarro, porque “el dinero público no es de nadie” y “lo público es muy preferible a lo privado” (llevado al extremo, comunismo). Y aunque nos fríen a impuestos, lo que nos quitan no alcanza para pagar lo gastado y han ido endeudando a España. Algunas cifras interesantes publicadas: cuando el farsante del también falso Peugeot llegó a La Moncloa (julio 2018), los sindicatos recibían 8,8 millones de euros de subvención anual. Siete años después, multiplicados por cuatro, 32 millones. Y en 2018, la deuda pública era de 1,200 billones de euros, pero en febrero pasado fue de 1,723 billones, el 101.12% del PIB. La ha aumentado en 523.000 millones, un 43,6%. Gracias a su irresponsable gestión, usted y yo debemos, por ser españoles, 11.000 € más.

Además de tener que pagar en el futuro lo que adeudamos, pagamos ya en concepto de intereses entre 40.000 y 42.000 millones de euros al año (“tirados a la basura”). Cifras todas monstruosas. Pero no hay señal de que quiten el sueño ni a los políticos ni a nosotros mismos. “La tendrán que pagar nuestros nietos”, se dice con la ceguera del avestruz nacida del egoísmo, del inmediatismo, de la insolidaridad, y merecedora de condena por parte de “nuestros nietos” o de cualquiera un poco sensato.

Otra ceguera tiene relación con las pensiones. Las cuotas pagadas por los trabajadores a la Seguridad Social deberían financiarlas, pero no cubren los 14.000 millones mensuales necesarios y el Estado se endeuda para pagarlas (también aquí el farsante ha “timado”, en este caso a la UE, 8.500 millones de euros desviándolos para pensiones y otros gastos “sociales”). La deuda prevista para este año por este concepto es de unos 70.000 millones y crece y crecerá al crecer el número de jubilados.

Otra situación insostenible, pero los partidos “de gobierno” temen perder votos y no se atreven a hacer cambios ni a congelar, y menos a bajar, las pensiones para disminuir la deuda. Y los pensionistas nos negamos a lo uno y a lo otro. Por ambos lados, otra vez el inmediatismo, el egoísmo y el desinterés por el bien común como causas de la ceguera.

En este caso además hay una concausa física: nuestra pirámide poblacional pequeña en la base (debería ser grande) y grande en la cara de arriba (debería ser pequeña). Otra situación insostenible condenada a venirse abajo.

Si nacieran cien mil españoles más al año nuestra situación poblacional mejoraría, pero la izquierda y la derecha acomodaticia consideran bueno y progresista impedir que nazcan, matándolos abortando. El sátrapa ha propuesto más “progreso”: meter el aborto en la Constitución como un derecho, y se dice que con eso gana votos. Es muy probable que así sea, dadas la ceguera y corrupción moral de las conciencias.

Un nuevo disparate nace de aquí y de otra ceguera: importamos, para más “inri” ilegalmente, gran cantidad de inmigrantes en muchos casos con una cultura incompatible con la nuestra en aspectos fundamentales, que no se integran y tienden a formar guetos con leyes propias distintas de la la ley común; que se reproducen más que los nacionales, que delinquen en porcentajes más altos, que profesan una religión que llama a la “guerra santa” contra el infiel (nosotros) y tiene adeptos dispuestos a actuar respondiendo a esa llamada; y que aspiran a imponerse como ya lo hicieron a partir del año 711 y a recuperar lo que perdieron en 1492. Difícil un despropósito mayor, pero la ceguera “progresista” lo apoya y promueve.

Acabemos con otra que sostiene a las anteriores y se da en amplios sectores de la población incapaces de ver más allá de lo inmediato y de lo que les enseña Telesánchez. Ciegos para el cúmulo de gestiones desastrosas, de mentiras, fechorías, trampas, delitos o traiciones perpetrados por el sátrapa o por sus cómplices. Incapaces tanto de darle su merecido electoral como de exigir un cambio de rumbo drástico. Hay bastante verdad en eso de que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. 

En la Troya contra la que luchó Ayax, la princesa Casandra tenía el don de ver anticipadamente los males que amenazaban a los suyos, pero estaba condenada a que nadie tuviera en cuenta sus vaticinios. Lo predijo todo, el rapto de Helena, los siete años de guerra, la muerte de Héctor a manos de Aquiles, el engaño del Caballo, la ruina de Troya, el destino cruel de su familia, su ser esclava de Agamenón, su propia muerte. Todo ocurrió así.

Entre nosotros, hay Casandras que nos advierten de la gravedad de la situación, del peligro que suponen el sátrapa (y la cirbonera), su banda y sus cómplices. Demasiados les hacen tanto caso como a la troyana, y nuestro futuro como nación, por otras vías, se va pareciendo al de Troya. Hasta tenemos dentro ya -se ha visto- nuestro Caballo de Troya que se va llenando y llenando de ocupantes.