Abunda la crueldad en la historia: homosexuales perseguidos, impotentes objeto de burla, algo parecido con los ciegos (muchos malvivieron errantes), y con los enanos, los jorobados, los gordos .... Somos crueles con facilidad. Debemos respeto a las personas, pero el respeto no puede impedirnos razonar o decir la verdad ni obligarnos a aceptar falsedades.
Sería una falsedad, por ejemplo, decir que la ceguera es tan válida o más que la visión, o que es motivo de orgullo. O no reconocer que el ojo existe para una función esencial de cara a la supervivencia, que la ceguera es una carencia de esa función, algo por tanto negativo, malo; o que si todos fuéramos ciegos la especie desaparecería. Y sería otra falsedad acusar de ceguerafobia por decir todo esto. Pero la ideología dominante impone y repite todo esta sarta de falsedades contrarias a la realidad biológica en el terreno de la sexualidad, y censura el ejercicio de la razón.
Así es, porque se da cierto paralelismo entre el ojo y el sexo. Ambos existen para cumplir una función biológica esencial; el sexo, para la reproducción de las especies. No poder cumplir esa función es una carencia, algo negativo o malo como la ceguera, y puede deberse a causas físicas (impotencia ...) o psicofísicas (homo o transexualidad); y como en la ceguera, si la impotencia o la homo o la trans hubieran sido generales, la especie habría desaparecido al no reproducirse, lo que indica que las relaciones homosexuales conllevan un uso de la sexualidad no acorde sino contrario a la naturaleza. Y si es un sinsentido prohibir revertir la impotencia y la ceguera, lo mismo habría que decir de revertir la homo o la trans. Y si es otro sinsentido estar orgulloso de ser ciego o impotente, algo parecido ha de ser el orgullo gay. Y si era una falsedad acusar de ceguerofobia a quien dijera lo del párrafo anterior, también lo es acusar de homofobia a quien diga todo esto.
Por otra parte, en los casos de ceguera o de impotencia suele estar claro quién la sufre (su causa es física), pero puede estarlo menos en la homo o en la transexualidad. En éstas, la causa puede ser psíquica, y en tal caso las cosas son menos claras. Un ejemplo: la inclinación hacia la homo o la transexualidad puede darse en edades tempranas en las que las tendencias están poco definidas, pero en una mayoría de casos suele decantarse espontáneamente hacia la heterosexualidad. ¿Qué indica eso? Que había una causa psíquica que ha desaparecido. Por eso es tan grave animar a los niños a cuestionar su sexualidad, a vestir faldas y tacones, a explorar la homo, la bi, la pan o la transexualidad. Se crean así en los críos causas psíquicas que les empujan en esa dirección. Se les hace daño. Lo hacen ciertos programas televisivos, e incluso “educativos” en los colegios.
O pensemos en la anorexia. Hay allí una mente que siente que su cuerpo es gordo y lo rechaza. En la transexualidad ocurre algo parecido: una mente se siente de otro sexo, de otro cuerpo y rechaza el suyo. En la anorexia se intenta cambiar ese sentir (lo psíquico), y lograr que la mente acepte al cuerpo, pero eso mismo se prohíbe en los homo y trans. Un sinsentido. Y otro: hay una ley reconociendo el derecho de los trans a cambiar su cuerpo, incluso siendo muy menores, pero no hay otra reconociendo el derecho de los anoréxicos a no comer hasta que se sientan a gusto con su cuerpo. ¿Que es porque la persona anoréxica se está matando? Pero si hay una ley de eutanasia, el anoréxico ha de tener derecho a matarse. Vivimos sometidos al sinsentido y a la falsedad. Pero quizás la falsedad más grave es la que sostiene que matar un ser humano en el seno materno es interrumpir el embarazo y es un derecho. El aborto no interrumpe la formación del niño. Acaba con él. En las dictaduras, se impide decir la verdad, se impone la mentira.