Buenos propósitos para 2026
Si la peña se animase a hacer buenos propósitos al empezar el año, quizás tendrían que ver con ir al gimnasio, con andar los dichosos 10.000 pasos, con bajar de peso o quitarse arrugas, con el trabajo, el dinero, los viajes, los “findes”, las diversiones, las nuevas “relaciones”, con los amigos y las cervezas, con comprarse un perro etc. Si este tipo de propósitos fuera predominante, haría sospechar un predominio de vidas superficiales, egocéntricas, hedonistas, pobres en valores superiores, con la dimensión transcendente atrofiada, instaladas en el ateísmo. Muchas no desentonarían en “Un Mundo feliz”. Y la sospecha se convierte en certeza al ver la aceptación muy mayoritaria de los más de cien mil abortos anuales (en España) presentados además como un derecho, o el desastroso porcentaje de natalidad ante el que no se reacciona (el más bajo de Europa), o el continuado aumento de la apostasía, del ateísmo. En definitiva, una sociedad decadente con rumbo equivocado y cuesta abajo y sin frenos.
A propósito de esta decadencia, es conocido y acertado el diagnóstico que la considera el resultado de haber abandonado la filosofía griega, el derecho romano y el cristianismo, los tres grandes referentes que guiaron durante siglos a los creadores de la cultura europea. En el caso de España, es indiscutible. Desde hace mucho, el rumbo lo vienen marcando creadores de opinión ateos y anticristianos, y gobernantes, además de eso, en muchos casos sin escrúpulos, mentirosos, ladrones, traidores a la nación, guerracivilistas, aborteros, corruptores de la infancia, puteros o acosadores sexuales disfrazados de feministas. Estamos instalados en un círculo vicioso que se retroalimenta: gobernantes ideológica, política y moralmente corruptos corrompen al pueblo, que vuelve a elegir gobernantes ideológica, política y moralmente corruptos etc. etc.
¿Es posible pasar de la degeneración a la regeneración? Siendo ese diagnóstico acertado, nuestro buen propósito debería consistir en recuperar los tres referentes citados. Pero antes o al mismo tiempo, también en librarnos de los que nos llevan al abismo y sustituirlos por políticos veraces, honestos, austeros, capaces, respetuosos para con la ley, decididos a restaurar la independencia de la Fiscalía, del CGPJ y del Constitucional, a eliminar las leyes de Memoria y las subvenciones a chiringuitos superfluos, a combatir las mafias de la inmigración ilegal, a ahorrar y a disminuir la deuda pública, a defender la vida y la familia natural, a fomentar la natalidad, a centrarse en el bien común y en la igualdad entre los españoles; a elevar el nivel cultural y mejorar el sistema educativo, a respetar el derecho de los padres a que se eduque a sus hijos de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas, a cerrar televisión española etc.
¿Hay partidos o líderes capaces de semejante hazaña hercúlea? ¿En la izquierda quizás? Respuesta innecesaria. ¿Y en la derecha? Poco o nada hizo el PP las últimas veces que gobernó. Además, ¿se le ve a Feijoo comprometido con todo esto y dispuesto a soportar las campañas de agitación que la izquierda montará si se lleva a cabo una política de ese tipo? También respuesta obvia. ¿Y aquí UPN? Tuvo esas virtudes, pero todo cambia y no siempre para bien, y hace no mucho vimos a la Presidenta de UPN Ibarrola posando contentica delante de un bandera LGTBI, y declarando que, si tuviera que gobernar, intentaría pactar con el PSN y con Geroa Bai, y no con VOX. Según eso, votar a UPN sería votar para que apenas cambie nada. En cuanto a VOX, da la impresión de que el aborrecimiento feroz y la difamación continua hacia él de la izquierda (y de la derecha acomodaticia tipo Ibarrola o Rajoy) y de su enorme aparato de propaganda vienen de ahí, de ver que defiende algunas de esas medidas y valores que ellos aborrecen. Si ejercitásemos la "memoria histórica", podríamos recordar que ese odio a VOX se parece al del Frente Popular a los católicos en los años treinta. Viene ser un nieto o biznieto de aquél. Con tal panorama, motivos para el optimismo no sobran.
Se ha visto que el diagnóstico aconseja recuperar la filosofía griega. Pero hacerlo no sería garantía segura de mejora porque un Sánchez o una Chivite se quedarían en los sofistas, en Gorgias y otros, que menospreciaban la verdad y presumían de hacer primero un discurso defendiendo una tesis y a continuación otro defendiendo lo contrario. Por ejemplo, primero “no a la amnistía a los golpistas” y “no a los pactos con Bildu” y después “sí a la amnistía” y “sí a los pactos”. Y parecido los siniestros Otegui y Araiz, que se quedarían en Calicles y Trasímaco, partidarios de la ley de los más fuertes, de la fuerza, de imponerse por ejemplo mediante el tiro en la nuca, la goma 2 y la bomba lapa, con sus consiguientes 856 débiles indefensos asesinados, sus 2.600 heridos y mutilados, sus 90 secuestrados, sus 200.000 débiles exiliados y el resto acojonados. Y en pocos años, infamia mediante del PSOE y del PSN, a presumir de progresistas y a gobernar.
También según el diagnóstico, los buenos propósito deberían incluir la recuperación del cristianismo, medicina que sin duda acabaría con la enfermedad ideológica, moral y política y con la decadencia que padecemos. La situación actual recuerda algo a la de los primeros siglos en cuanto que los cristianos eran allí también minoría y vivían en sociedades a o anticristianas. Sin embargo las cristianizaron, y no a golpe de cimitarra como el islam, sino sufriendo martirio como el Maestro. Pero aquel mundo no era apóstata como el nuestro, y es muy difícil volver a decir “sí” a lo que ya se ha dicho “no”. Además, aquellos primeros cristianos eran muy firmes en sus creencias, ideológicamente combativos, y estaban dispuestos a sufrir martirio por ser fieles a la verdad. Hoy, todavía los hay de ese tipo en algunos países como Nigeria y otros, y aquí los hubo en tiempos de la república y de la guerra civil, que también sufrieron martirio. ¿Pero ahora? La escasez de vocaciones al sacerdocio da la medida de la escasa firmeza de las creencias. Y otro tanto la penosa mundanización de ciertos sectores de la Iglesia, jerarquía incluida.
Por otra parte, si pensamos en los mencionados al principio que se encontrarían felices en “Un Mundo Feliz”, está claro que su reino es este mundo. ¿Es probable que vuelvan a aceptar que hay otra vida, que necesitan un salvador y que es Cristo, que deben dar un vuelco de 180 grados a sus vidas etc.? Apostatar de la apostasía, reaceptar lo ya rechazado es muy infrecuente. ¿Y los que presumen de progresistas? Hay incompatibilidad total entre su pretendida superioridad orgullosa y autosatisfecha y el ser cristiano. Su reino también es este mundo. ¿Aceptarán que un judío de hace dos mil años es superior a ellos incomparablemente, hijo de Dios, igual al Padre, su salvador, el Camino, la Verdad etc.? ¿Que los santos son también muy superiores y más de fiar que ellos? ¿Se arrodillarán suplicando “Señor, perdona mis pecados”? Demasiado milagroso. Si ocurriera, desde ese instante dejarían de ser progres.
En fin, que un buen propósito también sería empezar el año con optimismo y ganas, pero en este asunto...