Apoyo a las víctimas
Una de las últimas infamias del infame ha sido su reciente acuerdo con Bildu para solicitar que ETA deje de figurar entre las organizaciones terroristas en la Unión Europea. Como tantas otras acciones políticas suyas, ésta tampoco nace de razones sino de motivos, no hay para ella justificación racional alguna, sino un motivo, el de siempre, seguir en el poder al precio que sea. En este caso, al precio de obedecer y complacer una vez más al instrumento político de ETA.
Con la nueva infamia, ETA ha dejado de ser para él una organización terrorista. Al no ser ya terroristas y ser él íntimo de Bildu, cabe esperar una excarcelación total de los presos etarras mediante terceros o cuartos grados. Y además, directrices discretas para que se deje en paz a los etarras, no se les detenga ni se les juzgue. Los cientos de asesinatos todavía sin esclarecer -sin que se haya hecho justicia- serán así de hecho olvidados, como si no hubieran existido. Será la desmemoria histórica, nueva cláusula añadida a las sectarias leyes socialistas de Memoria. Será también la amnistía de facto para ETA sin necesidad de otra ley de amnistía que sería más polémica que la primera y le pasaría quizás importante factura electoral.
Hemos visto lo que le importan muertes recientes en las que tiene responsabilidad, como las de la dana (“si quieren ayuda que la pidan”) o las de Adamuz (el galgo de Paiporta huyó también del funeral). Mucho menos le han de importar los muertos a manos de ETA si el partido proetarra le ayuda a mantenerse en el poder.
El lema de las asociaciones de víctimas de ETA es “Memoria, Dignidad, Justicia”. Sánchez se cisca en ese lema. Con él no hay memoria sino carpetazo y olvido; no hay dignidad sino indigna alianza con los proetarras. Y no hay justicia sino impunidad o amnistía de facto para sus delitos.
Un amigo sostiene que esta infamia de sacar a los etarras del terrorismo es tan grave que debería ser la gota que colmase el vaso, y producir un descalabro electoral definitivo del infame y su partido. Algo así venía a decir de forma más pedante la famosa ley que Marx formuló y que a veces se ha cumplido en las sociedades en la historia: que la acumulación (“cambio cuantitativo”) de ciertos fenómenos provoca en cierto momento el hundimiento de lo existente y el surgimiento de algo nuevo (“cambio cualitativo”). En el caso de Sánchez, sus años en La Moncloa han sido una acumulación continuada de falsedades, infamias, desastres, corrupciones o irresponsabilidades. Parece que han producido algún cambio cuantitativo, algún descenso en sus expectativas electorales, pero no todavía un cambio cualitativo, no un hundimiento catastrófico suyo y de su partido. ¿Se producirá? Sería un error adoptar ante esa posibilidad la actitud de expectación pasiva que podríamos tener ante la posibilidad de una nevada, de un eclipse de sol, de una lluvia de estrellas, de algo que no dependiera de nosotros. El hundimiento del infame y de su partido depende de la oposición y de nosotros; más de quien más poder tiene de influir sobre la sociedad.
Los de a pie podemos poco, pero algo podemos y debemos. Por ejemplo, acudir el domingo 8 de febrero a las concentraciones en recuerdo y homenaje a las víctimas de ETA que se celebrarán a las 12 horas en Pamplona, Tudela, Sangüesa, Estella y Leiza. Como expresión también de rechazo a la última infamia.