Adiós, pacto del “quesito”
Hubo hace algún tiempo un problema en Navarra: con un 25% más o menos de voto abertzale (cuarta parte del “quesito” electoral), resultaba difícil para UPN-PP o para un PSN socialdemócrata y navarrista alcanzar mayoría absoluta o suficiente para gobernar. Se pensó una solución: el partido o coalición con menos votos dejaría gobernar al otro y colaboraría con él. Se lograría así además un fin superior común, una Navarra integrada en España, con protagonismo político propio, no mera parte subordinada a un todo (Euskadi) gobernado además por enemigos de España.
Pronto, sin embargo, el PSN fue sintiéndose poco feliz con esa solución: con menos votos y parlamentarios que UPN-PP, no tocaba poder. Hizo algún intento de romper el pacto y gobernar como fuera, que quedó abortado desde Madrid por un PSOE entonces socialdemócrata y constitucionalista. El intento último y más ambicioso de mantener vivo el pacto fue un gobierno de coalición UPN-PSN que fracasó en Junio de 2012. El resultado: divorcio conflictivo y pacto del “quesito” muerto.
Al final de la siguiente legislatura (con gobierno de Geroa Bai, Bildu y partidos de extrema izquierda), UPN añoraba el pasado y, según dijo Cerdán recientemente en la Comisión de Investigación, volvió a ofrecer al PSN un gobierno de coalición. Sin embargo, el PSN ya había abandonado la socialdemocracia y el navarrismo, y optó por gobernar pactando con abertzales, proterroristas y extrema izquierda. Lo mismo que el PSOE a nivel nacional. A la mierda los principios. Cerebro de esta operación fue Cerdán, socialista ejemplar y ejemplo indiscutible de superioridad progresista, de honestidad, veracidad, firmes principios, prioridad del interés general sobre el particular etc. Virtudes que, naturalmente, están presentes en las dos principales obras del artista: el gobierno de Sánchez y el de Chivite.
Tras esa pirueta política del PSN, UPN y PP quedaron en una situación difícil: ganar las elecciones y no poder gobernar. ¿Hasta cuándo? ¿Qué hacer? Añorar el pasado no conduce a nada. Con un PSN ni navarrista ni constitucionalista, su objetivo no puede ser otro que el de alcanzar una mayoría que lleve a gobernar sin el apoyo del PSN. Claro que es difícil cambiar las tendencias electorales, pero en otras autonomías (Valencia, Madrid, Andalucía, Extremadura) y a nivel nacional se ha hecho. Podría ocurrir en Navarra si hubiera un líderazgo potente, capaz de hacer propuestas creíbles y atractivas que ilusionasen y animasen al electorado a darle su confianza.
UPN acaba de elegir a su candidata a presidente del Gobierno, y la elegida declaró hace pocos meses que si gobernase no pactaría con VOX y lo intentaría con Geroa y con el PSN. Declaración propia de quien no asume el objetivo ambicioso del vuelco electoral y sigue añorando el pasado y autoengañándose con respecto a la realidad del PSN.
Si UPN gobernase de ese modo ideológicamente vacío y acomodaticio (estilo Rajoy), estaría obligado a complacer a esos dos partidos. Tendría que asumir las leyes ideológicas de género, las de Memoria, la política abortista, SKOLAE ..., no podría hacer una política provida, ni reinstaurar el derecho a que los hijos sean educados respetando los principios morales y religiosos paternos, ni combatir la catástrofe educativa, ni revertir la infamia de los Asirones llamando “fascistas” a los muertos a los que se homenajeó con Los Caídos instalando ahí un memorial antifascista etc. Sería venderse por un plato de lentejas. Traicionaría los principios que tuvo, y que tienen muchos de sus votantes.
Otro asunto relacionado. Los expertos dicen que una situación hipotética de dos partidos compitiendo por un sector ideológico resulta conveniente porque no se pierden votos, pero otra con tres competidores resulta perjudicial pues lleva a perder en este caso parlamentarios. Lo sabe la izquierda, y se presentan a las elecciones forales el PSN y otra candidatura que es un conglomerado de partidos. Lo saben los abertzales, y también se presentan dos. UPN y PP deberían saberlo y presentarse en coalición.
La izquierda guerracivilista que levanta muros y gobierna con comunistas y proterroristas ha inventado el relato de un espantajo “fascista” (VOX) para asustar a ingenuos e impedir un gobierno de derechas. El cuento dice que pactar con proterroristas es un avance democrático en la pluralidad, mientras que pactar con VOX sería un retroceso liberticida inaceptable para todo demócrata. Y lo escenifica siempre que puede. Así Cerdán, modelo de político honesto y veraz, en su comparecencia en la Comisión de Investigación, respondió a todos sus interrogadores menos al representante de VOX. Escenificó así la medida higiénica para no contaminarse de "fascismo”, evitar todo contacto, hasta el simplemente verbal. Otra cosa fue su tierno diálogo pleno de afecto mutuo con el proetarra Araiz. Soportar ser tratado como un apestado, y encima por una cuadrilla de farsantes, ha de ser duro y tiene mucho mérito.
Una sugerencia gratis: la doble oferta electoral de la derecha sin fantasmas ni espantajos para las próximas elecciones forales: coalición UPN-PP por un lado y VOX por otro.