Viento cambiante
Estamos en un momento extraño en el que hasta el viento se mueve con frecuencia y a destiempo. Vira su dirección y, siguiendo no sé si el cambio climático o el político, se refugia en sí mismo.
Cierzo, bochorno, faboño o bardenero, son los que en esta tierra nos alientan. Siguiendo los cuatro puntos cardinales, pero siempre girando al este, siguiendo el camino del Ebro, ese Dios de los Íberos que determina el curso del agua, es decir, de la vida, porque es nuestro propio sol naciente que, como en Japón o en Egipto, reina e impera.
Así, directamente del noreste, llega ese cierzo levanta boinas, que sin duda nos pule el carácter y nos hace chillar. Sus ruidos limitan el habla, zumban los abrigos. Junto al bochorno del sureste, cálido y festivo, son los dos aires que más nos gobiernan, hasta llegar al punto de que mandan en las huertas y las cosechas.
Desde el oeste, comandado por el Moncayo, llega el faboño -o moncaíno-, que siempre hace virar de forma húmeda y borrascosa la realidad, y que siempre trae agua a esta tierra, regando en su peninsular girar nuestros campos, tras Castilla.