Pasados unos días del comunicado de ETA en el que anunciaba el “cese definitivo de su actividad armada” queremos manifestar nuestra alegría contenida porque acaba algo que nunca debió iniciarse. ETA ha dado un importante paso pero no debe ser el último que dé: le queda un camino todavía largo por recorrer para que la alegría de todos los que hemos padecido su brutalidad, sea completa.
Este cese definitivo de su actividad armada, no es fruto de la generosidad de la organización terrorista, ni de su altura de miras. Es consecuencia del profundo rechazo que sus crímenes han provocado en la sociedad y que ya resultaban inaguantables incluso para aquellos que hasta hace poco les jaleaban y animaban a seguir matando.
Es fruto de la paciente y continua acción de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que, incluso con el sacrificio de muchos de sus miembros, han ido desmantelando las sucesivas estructuras organizativas de la banda. También es un éxito de las victimas que ETA ha generado y de sus familias, porque han sabido mantener con su dignidad personal por encima del miedo y del odio revanchista, el recuerdo de todos los que murieron o sufrieron en su cuerpo y alma el zarpazo asesino. Las víctimas nos han dado a todos una lección permanente de valentía, de generosidad y de dignidad; con su presencia nos recuerdan que la verdad y la justicia no pueden desvanecerse nunca. En el anuncio de ETA también han influido todos aquellos que han sabido resistir la ofensiva terrorista sin rendirse: concejales, empresarios, políticos, profesores, jueces, policías, militares, periodistas…Gente valiente que dieron la cara cuando eso suponía el peligro de un tiro en la nuca o una bomba en el coche. Personas que han vivido hasta ayer mismo amenazadas de muerte y que con su vida eran una denuncia permanente de la brutalidad de los terroristas. La actividad de los partidos democráticos, de algunos sindicatos, de organizaciones pacifistas como Gesto por la Paz, de algunos intelectuales, periodistas, jueces… que con sus reflexiones, su actividad profesional, han sabido darnos razones y cauces para hacer frente a ETA, también debe señalarse como causantes del anuncio del fin de la actividad armada de ETA. Cómo no recordar a Savater o al juez Garzón. Y a los sucesivos gobiernos de España que no han cedido a la presión y chantaje del terror; al presidente Rodríguez Zapatero que con su valiente decisión de llevar al Congreso de Diputados la posibilidad de iniciar contactos con los terroristas, dejó a ETA sin más argumentos que sus bombas asesinas de Barajas. Con ellas los terroristas quemaron la escasa credibilidad que aún conservaban entre sectores sociales independentistas y se vieron abocados primero a declarar un alto el fuego y finalmente a reconocer que daban por finalizada su actividad armada.
Pero a ETA le resultaba muy duro dar ese paso de abandono de la actividad armada, se resistía a hacer público lo que ya era una realidad por su incapacidad para atentar y por el rechazo que su actividad originaba. Para vencer esas resistencias tuvieron que montarles una tan pomposa como vacía Conferencia Internacional de Paz. La Resolución que hicieron pública las personalidades asistentes a la Conferencia, era la excusa que ETA necesita para hacer público lo que ya tenía decidido; pero necesitaban el paripé de que se lo pidiesen.
Y si la izquierda abertzale, Bildu, Otegui y compañía se muestran ahora tan contentos con el anuncio, es porque también para ellos es positivo verse libre del yugo con el que los ha mantenido unidos a sus crímenes ETA. Yugo que como mansos bueyes han soportado con callada resignación y que a tantos ha convertido en cómplices directos de la sangre derramada y al resto, en cobardes miembros de un rebaño que sólo sabía aplaudir y jalear los crímenes de los terroristas.
Cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, Víctimas, amenazados, extorsionados, aquellos que levantaron su voz contra la barbarie, aquellos que salieron a la calle para decir basta ya, la sociedad civil que se rebeló contra el crimen … todos esos somos los que hemos obligado a ETA a dar este primer paso y si permanecemos unidos, movilizados y alerta, en el futuro conseguiremos que den nuevos pasos que supongan el reconocimiento de la inutilidad de su violencia, la injusticia de sus asesinatos; que les obligue a entregar las armas y disolverse, a reconocer el daño causado, a pedir perdón, a reconocer que se equivocaron y a buscar los caminos de la compensación y la reconciliación.
Y cuando den todos esos pasos la sociedad en su conjunto sabrá ser generosa. Mientras llega ese momento, alegría contenida, unidad y prudencia.