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  • Diario Digital | sábado, 17 de abril de 2021
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Tiempos de crisis

Tiempos de crisis

Tiempos inseguros, donde las personas intentamos adaptarnos a un futuro incierto, y anhelamos seguridad. Están en tela de juicio tanto la 'economía de mercado' como el propio consenso de los últimos 30 años, donde la cultura ha estado en manos de la izquierda y la economía era coto reservado de la derecha. Necesitamos un análisis más fresco, para explicar cómo ha sido posible que muchos gestores se hayan llevado el dinero a manos llenas, y cuando las vacas se han tornado flacas, pidan ayudas públicas. Eludieron todo tipo de controles: organismos de regulación, agencias de raiting, políticas económicas y monetarias de los gobiernos, junto a la pasividad ciudadana, de todos los que estábamos disfrutando del “festín” del crédito barato. Todos somos algo responsables de lo ocurrido.

El resultado, es el habernos convertido en una nación bipolar: con un Estado muy burocrático e intervencionista por una parte, y por la otra, una ciudadanía cada vez más aislada, fragmentada, y privada de poder real. Los gobiernos han inyectado mucho dinero en las entidades financieras, y han apoyado a algunas grandes empresas. Para los más desfavorecidos se han limitado a mantener las prestaciones sociales Ahora hablan de poner nuevos impuestos sobre los bancos, o de aplicar la tasa Tobin, sobre los movimientos de capital ¡veremos al final, quién paga todo eso! Cada vez se concentra más el poder económico en pocas manos. Los estados se preocupan principalmente de las grandes corporaciones, y no tanto de los trabajadores o de las pymes ¡los grandes perjudicados! con más de 1.110.000 parados más y la desaparición de 67.300 pymes, tan sólo en 2009 ¡cuántas ilusiones de la gente se las está llevando esta crisis! Tardaremos años, en encontrar un buen puesto de trabajo, en retomar un pulso optimista y emprendedor para volver a montar un pequeño negocio, o encontrar un nicho, para un nuevo servicio.

Las grandes corporaciones no tienen escrito en su ADN ninguna garantía para ser más eficaces, para trabajar mejor que las pymes. Nos venden esa idea, comprada por los políticos, que no siempre responde a la realidad, ya que las personas nos movemos mejor y aportamos más, en círculos más reducidos. Eso sí, cuentan con importantes apoyos, para mantener el status quo: las grandes empresas, agradecidas por su parte en el pastel presupuestario; los sindicatos cercanos al poder, que viven magníficamente por ello; y los grandes medios de comunicación, que necesitan del estado para su subsistencia. Todos ellos enmascaran la realidad.

Hemos predicado y apoyado la moralidad en el mercado pero, hay que reconocer, que en la práctica el liberalismo económico ha sido a menudo, la tapadera de un capitalismo monopolista, atroz, muy perjudicial. Buscar alternativas para que funcione mejor el control antimonopolios, es necesario, pero verdaderamente difícil. Lo urgente es que las entidades financieras provisionen los préstamos inmobiliarios impagados, se fusionen las cajas, y las administraciones ajusten sus presupuestos a la baja, para reducir el déficit y disminuir la deuda.

Desde la aceptación de la realidad y de los planes de ajuste, recobraremos la confianza en el país, y volverá la financiación a particulares y pymes. Todo ello, aplicando las leyes antimonopolios, y no confiando en que sean un ¡bálsamo de fierabrás!, no hay fórmulas mágicas, la recuperación será lenta.

Los políticos dicen trabajar por la prosperidad de todos. La crisis ha producido un gran desastre, tanto por la destrucción de empleos, como de capital y activos, así como por la situación de miles de nuestros jóvenes, hipotecados durante años y años, a precios muy altos, con pisos que hoy tienen mucho menos valor. Los políticos para ayudar a invertir esta tendencia deberían promover otros valores, porque a no ser que usted pertenezca al círculo de las personas importantes, usted socialmente será de los inseguros, fracasados y no se le supondrá apenas mérito o valor. Se debería abandonar la ideología de los “ganadores” y abrazar en su lugar una política que honre a cada uno, también a la gente normal por su mérito y su valor. Todos somos necesarios para salir de la crisis.



La alianza no confesada entre la izquierda liberal y la derecha liberal ha destruido ingresos e identidades de las partes más débiles de la sociedad. Habría que pensar en cómo acabar con este estado de cosas, para salir realmente fortalecidos de la crisis, que siempre dependerá más de lo que hagamos cada uno de nosotros y no tanto de lo que esperemos, que hagan los demás por nosotros.