Monotonía de esclavos
El primer ministro italiano, Mario Monti, se quedó ancho el otro día al aconsejar a los jóvenes que "se tienen que acostumbrar a la idea de no tener un puesto de trabajo fijo para toda la vida".
La afirmación resultó, al menos, desalentadora, pero que la rematara con aquello de que "además, ¡Qué monotonía! Es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafíos", que afirmó sin despeinarse, se convirtió en algo ofensivo al venir, además, de la bocaza del que será senador vitalicio.
Ésta y otras lindezas son el día a día de mucha población que se encuentra sumergida en la monotonía de buscar trabajo, sin obtener respuesta alguna. Y denota, una vez más, y ya van muchas, lo alejada que está la política de la realidad.
Si no fuera porque es un tecnócrata puesto a dedo por la clase política para hacer el trabajo sucio, Monti recuerda lo peor de esa casta, sumida en la in-movilidad laboral, que está convirtiendo en trabajadores fijos, inmutables y eternos, a ineptos que en el mercado y en la empresa privada durarían un telediario -a lo sumo-.
Si la Cosa Nostra en que se ha convertido la Banca demanda trabajo fijo para dar hipotecas, ¿porqué no se requiere un mínimo "nivel fijo" -intelectual y de saber andar por casa- para poder llegar al punto de "gobernarnos" a que aspiran nuestros políticos?
Frente al aburrimiento que producen quienes desde la peana quieren salvar al mundo, la gente de a
pie no podemos sino alejarnos de la esclavitud que supone su incompetencia... ¿Habrá que hacer algo?